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Año V. /

Jesucristo ¿existió?

León X, fue el papa que declaró la inexistencia de Jesús diciendo: “Qué buenos beneficios nos tiene dado esa fábula que trajo a Cristo”. Pablo III, otro papa que confirmó la inexistencia del supuesto fundador del cristianismo, aún añadiendo que los otros, refiriéndose al clero en general, lo sabían como él, pero se lo callaban, y cuentan muchos eminentes eclesiásticos también se han manifestados al respecto, pero en sus reuniones y conclaves, por lo que no han llegado a las masas. Aunque de todas las maneras esas masas de creyentes al estar ciegos por el dogma de la fe, no se dan cuenta de lo embrutecidos que llegan a estar.

No ha de extrañar que los dogmas continúen. De la manera que conocemos el CREDO éste define una profesión de fe, entendiéndose de la manera que lo dice el concilio Vaticano I, en su sesión 3ª (24-4-1870), capítulo 3 (De fide), eso es como “virtud sobrenatural por medio de la cual, gracias a la ayuda de Dios y a su inspiración divina, creemos que todo lo que Él ha revelado es verdadero y lo creemos no porque la verdad intrínseca de las cosas aparezcan así a nuestra razón, sino por la autoridad del mismo Dios que lo revela, el cual ni puede engañar ni puede engañarnos”.

Esto nos lleva al verdadero drama del cristianismo, pues resulta que después de 2000 años, los cristianos protestantes, católicos romanos, ortodoxos, anglicanos, etc., aún buscan fehacientes las pruebas de la existencia de Jesucristo. Sin embargo, no la han encontrado ni encontraran la de ese supuesto personaje, el de los evangelios, pues no ha existido. Veamos un algo más de lo que se viene investigando.

El discutirse la creencia sobre la existencia histórica de Jesucristo, debemos definir previamente de qué “Jesucristo” se está hablando. Obviamente, estos análisis no son los primeros ni serán los últimos, aún queda mucha tinta por correr. Así mismo nos dirán sus asiduos creyentes que si nosotros los ateos y libres pensadores no creemos en ésta ni en ninguna religión, ¿para qué coño nos tomamos tantas molestias de investigar, (hasta decir que son los perseguidos…, tendrán cara…). La respuesta es bien sencilla y concreta, por lo que no tiene nada de misterio.

No debemos, moral e históricamente dejar que las religiones continúen embruteciendo, engañando, etc., a la población humana, y mientras sea posible, de la misma manera que el clero dice que Jesús existió y que está presente en todas partes, nosotros estaremos proclamando que todo es una descomunal mentira, si él existe, que lo prueben, haber si tienen… dignidad…, sin echar mano de alguna inquisición que puedan tener aún guardad, ya que de una u otra manera se está viendo que por ese lado ellos son las amenazas. Después de esta pequeña y necesaria introducción vallamos al mohillo de la cuestión.

Rotundamente, es patente que jamás ha existido el Jesucristo milagrero; ese que dicen fue concebido por un@ palom@ llamad@ Espíritu Santo; haber resucitado de entre los muertos; multiplicado panes y peces; transformado agua en vino y protagonista de otros acontecimientos sobrenaturales, no probados, que contradicen todos nuestros conocimientos, científicos o empíricos sobre el mundo material.

Posiblemente algunos católicos puedan pensar así y acepten que esas alegaciones son falsas, pero no lo llegaran a decir por miedo, intereses particulares o políticos, con lo cual dejarían de ser católicos romanos, eso aún no es posible en qué clase de personas.

Sin embargo, todos los seguidores de las varias sectas cristianas se recusan a aceptar que no haya existido históricamente un hombre real llamado Jesucristo, hijo de Dios, etc., que tuviese fundado una nueva religión usurpándola del judaísmo y que los autores de los supuestos evangelios canónigos y apócrifos fuesen inspirados por ese mism@ palom@. Ese mito, el mito de Jesucristo histórico es el que debe ser refutado.

La cuestión, pues jamás se ha considerado un problema, puede que para los creyentes, no para los ateos, nunca debe ser comparado con las pruebas existentes de otros fundadores de religiones, como por ejemplo Mahoma, Lucero, etc. Del primero consta en su biografía relatos históricos, él condujo ejércitos, fundó el islam, se casó con una viuda y dejó descendencia. El segundo por un gran número de hechos como que fundó otra religión, el protestantismo llevando la reforma al catolicismo, que por cierto trajo las guerras de religión en Europa. Aún mencionaremos los faraones Ransés I y II, Julio Cesar y por supuesto, los dinosaurios…, todos dejaron sus huellas en la historia universal como que existieron físicamente.

Sin embargo, sobre el denominado personaje de Jesucristo la verdad es que los historiadores y cronistas del siglo I de n. e. no hacen referencia alguna. De los muchos que hubo entre romanos y judíos que escribieron sobre acontecimientos políticos, sociales y religiosos de la Palestina en aquella época no registran NADA, sobre el supuesto Mesías que los evangelios quieren sustentar en relación con el fundador de la secta cristiana.

Los evangelios son por tanto, como mucho, relatos teológicos y no históricos sobre la evolución de esa nueva religión a partir de la rama judaica. Hay razones para pensar que esa nueva secta y posterior religión oficial de Roma, tanto que la persiguió, y también eje principal de sucesivos imperios hasta la fecha, coincidiría originariamente con la secta esenia. Debemos de insistir que en los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas fueron mencionados por primera vez allá por el 190 de n. e. y el de Juan posteriormente. Por lo tanto, presumiblemente fechas muy posteriores a los supuestos acontecimientos que pretenden hacer creer la hoy poderosa religión.

No obstante existen algunas referencias en las cuales los cristianos se agarran como a un clavo ardiendo, en defensa del Jesucristo histórico. Es el relacionado con Flavio Josefo, un fariseo que nació en el año 37 de n. e., por lo tanto no fue testigo ocular del hipotético Jesús y su crucifixión allá por el año 30. La referencia dice así: “ Por aquellas fechas vivía un hombre llamado Jesús, si es que se puede llamar un hombre… Él era el Mesías, en tanto que Pilatos lo condenó a ser crucificado… Resucitó al tercer día…, y los seguidores cristianos, así llamados a partir de entonces, no han desaparecido hasta hoy”.

En realidad, este pasaje solamente puede considerarse un ínter polarización cristiana. Josefo era judío y no se hubiera referido a un “Mesías”, al menos que se hubiese convertido al cristianismo cosa que por lo que sabemos no ocurrió así. Clemente de Alejandría, uno de los primeros polemistas cristianos, nunca usó ese pasaje en sus propagandas, por lo tanto, la referencia al testimonio de Josefo fue hecha por el cristiano Eusebio, en el 324 de n. e. La conclusión es que ese pasaje es totalmente falso, sin duda hacha por propagandistas cristianos.

Otro dato, muy citado también es que hacen de los escritos Tácitos en sus “Anales”, allá por el año 120: “Nerón punió una clase de hombres odiados por sus vicios a quienes llamaban cristianos, su fundador un tal Cristo, que sufrió pena capital durante el reinado de Tiberio, por sentencia del procurador Poncio Pilatos”.

Esto igualmente es un ínter polarización muy posterior ya que ningún propagandista cristiano anterior había hecho referencia, ni tampoco la mítica persecución de Nerón a los cristianos, ni aquellos que conocían los escritos de Tácito.

Finalmente, en el siglo I de n. e. Pablo de tarso, posiblemente al hombre mas importante en la invención del cristianismo, las pocas epístolas que se le atribuyen, jamás se refirió a Jesús como histórico. Ni siquiera se refirió a algunos de los mitos más importantes dentro del cristianismo, como el nacimiento a partir de una virgen, o los milagros que le conciernen como “divinidad”. Por tanto, todas estas y otras muchas leyendas deben ser posteriores al siglo I.

Debemos aún acrecentar que la mayoría de esos aspectos relevantes de la seudo biografía de Jesucristo, lejos de ser originales, eran comunes en aquellos tiempos, como hoy día también las hay, al igual que otros mitos religiosos en la cuenca Mediterránea. A comenzar por el caso del nacimiento a partir de una virgen, (elemento recogido en el culto a Mitra). Así pues, el nacimiento y adoración al supuesto personaje de Jesucristo es un mito más, éste inventado por una naciente religión hace unos dos mil años.

Conclusiones. El cristianismo y otras lindezas semejantes, necesitan de la ignorancia de los pueblos para continuar existiendo.

Digámosle al clero: “Sea maldito ese Dios al que hemos estado rogando durante el frío del invierno y con los tormentos del hambre; de las guerras y calamidades llevadas a cabo por sus guerreros cristianos; en vano hemos esperado tanto tiempo en los cuales nos han tenido escarnecidos, engañados, pateados, asesinados, maltratados…”.

Es obvio, si 50 millones de personas creen en lo absurdo, nunca dejará de ser un absurdo. Necesitamos a la Humanidad más que a las religiones.

LQS – Zerimar Ilosit – Septiembre de 2006. Brasil.