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La Calle
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| Año V. / | |||||
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Jinetes de Agua, Fuego, Viento y Juego El paraíso natural me acoge entre montañas verdes, olores a tierra mojada, hierba seca y aires de mar. El contento se mete en el cuerpo y de camino al valle salen canciones de pertenencia al lugar. La sidra se escancia, las comidas se hacen familiares y el parloteo incesante bajo toldos protectores de la lluvia y el sol. Los castilletes de las jaulas despejan pasados de extracciones groseras del mineral, que nos alimentó en décadas. Las chimeneas que quedan, entre humo blanco y ocre, siguen manchando las nubes en un acto de rebeldía, fundida en hornos que nos metaliza a todos. El oro negro que se presentaba en piedras, atizando cocinas e hirviendo la sumisión de los que quedaban bajo tierra, se ha diluido en oleoductos que surcan mares y previsiones en un horizonte incierto. La palabra genera discusiones que atañen a lo local y a la utilización de lo políticamente correcto para atacar al contrario desde el lado opuesto. Nada es lo que parece, ni siquiera las buenas intenciones de sacar al pueblo del hastío prolongado en el que duerme. Los temas se tocan y ante la dificultad beligerante del recorrido iniciado, se opta por el abrazo familiar. El mar, siempre agitado, levanta olas de banderas rojas y, en su bajada, hace pasos libres para sortear rocas y hacer playas más largas y desnudas. El peligro se esfuma en terreno conocido. Las reglas nos las han repetido desde niños y los pasos han quedado delimitados en señales que indican donde no ahogarse. Una película estrena El día de mañana en un cambio climático apocalíptico, donde iremos a parar una cumbre de pobres invadidos por furias temporales. Un libro abierto indica que La tercera guerra mundial ha comenzado imparable, en un juego de efectos dominó por un enfrentamiento entre Occidente y el Islam. El juego de naipes sigue encima de la mesa con el As del más fuerte. De vuelta, paso por El Negron, túnel mágico, donde la cara y cruz del clima se plasma en los sentidos de ida y vuelta. El sol me da en la cara, sigue el verano, y atrás, nostálgica, dejo las querencias. El sofoco se marea en abanicos, pensando que soy parte del reparto en el monopoly de los jinetes. Turón Valle |