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La Calle
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| Año V. / | |||||
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La construcción de un Estado ateísta “Era ser una ves un matrimonio ateo que tenían una hija de 6 años. Un día, durante una pelea el marido mató a su mujer y después se suicidó con un tiro en la cabeza, todo delante de la pobre e inocente niña…”. No importa los pormenores del resto de la historia; como esa y similares las estamos viendo con asiduidad en los medios audiovisuales, pero no nos dicen que sean de tal o cual creencia. Sin embargo, nosotros los ateos conocemos la moral. El más que menos fuimos criados dentro de esos preconceptos. Pero recordemos que en el nacional catolicismo también había muchos crímenes pasionales y los peores, los del propio régimen, aunque no solían decirnos que los protagonistas fuesen católicos, ya lo sabíamos. Por lo tanto, la mayor parte de nosotros y si tenemos una cierta edad, no nacimos ateos ni tuvimos progenitores libre pensadores, y mismo que los tuviese, no podían manifestarlo en aquellos “gloriosos años del franquismo”. Todo lo contrario de la infeliz escueta historia más arriba. Hemos nacido en una de las mayores naciones cristianas del mundo, la católica romana y la mayor prueba es que aún la estamos manteniendo al regalarle millones de €uros que todos los años los imbeciles y sucesivos gobiernos les dan por ser ella la más “bonita e inquisidora de entre todas”. Todo eso en contra de la mayor voluntad popular, pero dejémoslo ahí por ser esa otra historia, sin olvidar de que fuimos bautizados, hicimos la primera comunión y muchísimas más, asistimos a infinidades de misas, rosarios y aún sabemos un algo del credo y padre nuestro de carrerillas, etc., es que lo malo no se olvida… La moral cristiana es impiedosa con los ateos y todos aquellos que no la dejen mangonear a sus anchas como está acostumbrada durante esos 2 mil años. Nuestra imagen no goza de estatus sociales e inevitablemente somos considerados extraños, pecaminosos y hasta bichos raros. Esa es nuestra herencia al no podernos llevar ya a la hoguera. Obviamente al sublevarnos, legiones de ateos se juntan para proclamar nuestras aversiones al proceder cristiano, su iglesia y dogmas. ¿Y eso es la guerra? ¡NO! Los ateos nunca la han hecho ni la harán. Sin embargo, SÍ ha sido el sistema clerical el que nos ha perseguido hasta las últimas consecuencias, y a otros muchos pensadores mismos que estos fuesen de otras religiones cristianas. La creencia en el más allá está enraizada en todas las sociedades. No podemos odiar aquellos que creen en alguna otra cosa, no es nuestro estilo, tendríamos que odiar a nuestros padres, hermanos, familiares, conocidos… Entonces algunos nos preguntaran: ¿Pero, como vamos a combatir eses arcaicos y poderosos preconceptos con nuestras filosofías? ¡No lo haremos! Todo lo contrario, vamos a encarar el problema de frente y mostrarle a ellos que nuestras filosofías está ante todo, basada en la humildad, la Paz y concordancias. Es difícil ser ateo. Encaramos a la muerta con los ojos aterrorizados, como todo el mundo. Pero a pesar de todo sabemos que ella es inevitable, es pues que nosotros la encaramos como una cosa normal sabiendo que es el fin de todo. No esperamos nada más allá de la tumba. No estamos yendo al encuentro de un determinado Dios o la eternidad celestial. Cuando nos apasionamos, no esperamos vivir en una pasión al lado de nuestras esposas o maridos. Fue célebre la frase de Ann Druyan, viuda de Carl Sagan, uno de los ateos mas respetados de nuestra generación, pues no fue perseguido como Galileo, al ya no existir la horrorosa inquisición, que todo hay que decirlo. Ella dijo al despedirse de su marido en el lecho de muerte: ”Ningún apelo a Dios, ninguna esperanza sobre una vida después de la muerte, ninguna pretensión que él y yo, que fuimos inseparables por 20 años, nos estamos diciendo adiós para siempre”. Algunos dirán que son palabras terribles, pero sabemos que son verdaderas, sin hipocresías como las que las religiones dicen al pie de la tumba. La consciencia ateísta, cuando surge, nos eleva a una percepción única. Pasamos a presentir la vida como el reloj de arena, que corre inexorablemente por la abertura. No importa cuan correcta haya sido tu vida, al final, la muerte reinará absolutamente. ¡Pesimistas! Gritaran muchos ante estas verdades. Pero ya estamos acostumbrados. Somos ateos, humanos, percibimos nuestras limitaciones. Estamos hechos de carne y huesos. ¿Hay alguna duda sobre eso? La ciencia ya ha descifrado el código genético, no tenemos más dudas ni secretos. No hay señales del alma, no estamos hechos a imagen y semejanza del Dios judío cristiano, ni de ningún otro, estamos totalmente vacíos a ese respecto. Apropósito, retírenle a los cristianos la promesa de la “vida eterna”. Entonces, ¿qué les quedan, qué les adelantan seguir los pasos del evangelio del supuesto Jesucristo? Las religiones están impregnadas de ofertas tentadoras: “Yo soy bueno, el señor me dará la vida eterna. Soy humilde, por eso viviré en el paraíso celestial”. Si las promesas de la vida eterna fuesen arrancadas del hombre creyente este se volvería sedicioso contra su propio Dios. Esos “teístas” vivirían en un universo burlesco y trágico, donde ellos se volverían iguales a la historia con la que abrimos este artículo. Por otro lado no hay nada nuevo bajo el Sol. ¿Quiénes hicieron y aún hacen las guerras. ¿Quiénes traen las desgracias a las sociedades? Las religiones y sus compinches en los eternos empeños en perpetuarse insecular seculorum. Aún así es difícil afirmar que el creer en Dios está asociado a la ignorancia. Sabido es que existen bastantes personas inteligentes en todas las religiones. La cuestión es mas profunda que eso. Ellos están ligados al instinto de sobre vivencias que los seres humanos tienen. Nuestros ancestrales homínidos, y no la fábula de Adán y Eva, fueron cazados por animales mayores. Por lo tanto, la muerte siempre era cruel, violenta y sanguinaria, no olvidemos que así continúa. Desenvolvieron un miedo natural hacia ella. Tuvimos miedo de todo. De la oscuridad cuando el Sol moría en el horizonte y cuando las montañas rugían, soltando humos y lavas. Por lo que llegamos a divinizar aquellos fenómenos, no podíamos comprender, pues éramos poco más que monos antropoides intentando aprender, comprender, explicar, explorar sus potenciales. Llorábamos cuando teníamos que abandonar un miembro enfermo en las emigraciones de los inviernos, o entonces cuando nuestros ancianos eran expulsados de las aldeas, por no servir ya para el trabajo. No había entierros ni tampoco piedad. De ahí surgieron las religiones que no quieren entender que todo aquello acabó hace milenios. Establecimos moradas para los dioses en los llanos, altos de las montañas y hasta en los fondos de los océanos. Subimos a esas cumbres montañosas y cruzamos loa mares en toscos cayucos de junco. Empujamos a los dioses hacia otras esferas. Hoy día nuestros aviones cruzan los espacios terrestres, los cohetes y satélite el cosmos y nunca ninguno han atropellado a “ángeles”, ni tampoco hemos encontramos un par de cuernos en el jardín, de aquel otro dios llamado Lucifer. Pero sí insistir en que han sido hallados muchos esqueletos de las especies de antropoides y dinosaurios, homínido y animales que no aparecen en los libros sagrados de ninguna secta. Es pues que hemos empujado para los “cielos” o el “infierno” a esos dioses que nunca jamás fueron asequibles. Hoy son vistos la mayor parte en iglesias, según las confesiones, visitados por un número selecto de escogidos que tienen la suerte de verlos pero nunca la oportunidad de registrarlos, tocarlos físicamente esos supuestos hechos. Con el surgimiento de las tecnologías, las religiones se valieron de esas fuentes de luz y sombras, por lo que recibiendo los adeptos explicaciones espirituales complicadas y teorías esotéricas profundas y claras como son las alcantarillas. Nosotros no necesitamos de “esas verdades divinas”. La humanidad ha creado sus pesadillas, pero también ha realizado sueños sociales y materiales por lo que son estupendos. Los científicos del siglos XX y lo que llevamos de este, han hecho por la Humanidad (con mayúscula), más que todos esos dioses en todas sus imaginarias existencias. Estamos empujando las “presencias” de esos dioses cada ve más al profundo pozo, de donde no deberían haber salido jamás. Cada ve las gentes rezan menos para curar una determinada enfermedad. El papel de dios está a la vista que ha disminuido sus antiguos protagonismos. Hemos aprendido, algunos aún no, a creer en nuestros problemas, incompetencias o ignorancias, pero no en los trucos de los dioses y demonios que vigilan nuestros “pecados”, “almas”, etc. Esa es la verdadera herencia de humildad. Sabemos nuestro papel dentro de la historia del desenvolvimiento humano; la conciencia del fin de todo. La semejanza entre el Hombre y el Mono que está en un 98% dentro de la orden genética. No hay divinidad en nuestro nacimiento, no hay milagros en lo cotidiano, nuca lo ha habido. La revelación de la humildad llega al ateo cuando éste encara, por primera vez la inigualable sensación de encontrarse libre de culpas de las que nos hayan puesto una determinada religión, empezando por aquella fábula del pecado original. No necesitamos de las religiones para aprender humildad. Queremos encarar nuestras limitaciones conforme vallan surgiendo naturalmente. Quedamos asombrados por nuestras ignorancias e impotencias frente a todo el conocimiento natural y evolutivo. Puede, talvez las religiones aún sean un mal necesario, pero obviamente no estamos para esos argumentos, pues resultan nocivos y ellas se aprovechan de la situación para perpetuarse, lo estamos viendo constantemente, lo vienen haciendo durante milenios. El día en que dejemos de ser juzgados por los creyentes, talvez podamos exponer nuestros ideales con toda claridad. En ese día, la Humanidad podrá florecer entre todos los Hombres, fundamentada en principios Humanos y no en fantasías envolviendo a dioses, ángeles, demonios, vírgenes, etc., entonces, quien sabe, todos podrán considerarse Hermanos. Hasta entonces no podremos dejar de vigilar a los representantes de los dioses, pues en el momento que bajemos la guardia, sacan sus antiguos instrumentos inquisitoriales, lo están deseando aunque no lo dicen claramente, en el momento que crean estén perdiendo protagonismos, tanto en relación hacia nosotros, como contra los gobiernos que no les secundan., los desempolvaran. Para finalizar. ¿Por qué la iglesia católica está tan revuelta? Tanto que puede empeorar la situación mundial más de lo que ya está, principalmente con las últimas declaraciones consideradas unas paparruchadas, pero ella está acostumbrada, lo malo es que aún se cree que está en la edad media… Los ateos no admitimos que nos digan que fuimos creados y si evolucionados. LQS – Zerimar Ilosit – Octubre de 2006 |