|
La Calle
|
| Año V. / | |||||
|
La destrucción global Cualquier poder social es el mismo Estado o lo representa. Es sabido que el Estado a lo largo de la historia de la Humanidad, se ha demostrado despótico y cruel, aún más, aprensivo e injusto. Por diversas razones y decretadas por él mismo, esos conceptos son mantenidos como necesarios. Esa misma Humanidad, como en todo su recorrido a lo largo de su andadura, ha trabajado en el sentido de mejorar y caminar junto a él. El querer hacerlo más humano y democrático ha venido siendo una lucha constante con avances y retrocesos. La forma democrática es para algunos una conquista de siglos, olvidándose que si hubiese sido realmente así, éste artículo, ni ningunos semejantes, no se habría escrito nunca. Algunos confirman que sus comienzos fueron en la antigua Grecia y posteriormente pasado a otros pueblos y perfeccionado hasta llegar al sistema electoral y participativo del pueblo. Eso dicen los políticos que manejan el cotarro... en la mayoría de los países desenvueltos y la imposición en aquellos otros más pobres, para que así continúen, pues en realidad es eso, participar y ser engaña-dos. Y así todo muy formal. La democracia es una especie de Estado deseado en la transformación de un pueblo convertido en ciudadanos. Sin embargo, el capitalismo internacional, que esa democracia representa, y como es sabido es acético, informal, dictatorial, despótico, abusivo en todos los aspectos, llegó a su apogeo implantando métodos en la globalización con su parafernalia de máquinas y tecnologías sofoca y derrumba todos los pilares construidos y conquistados siglos tras siglos con sacrificios y derra-mamientos de sangres por parte de los hombres y mujeres, padeciendo reglas impuestas sin piedades, ciegas, crueles, criminosas de los mercados, donde todo es cambiable por dineros, poderes, etc. Ella, la globalización es despreciativa por lo que acabará con el estado de la de-mocracia, de los países y de las propias naciones, como si los políticos no fuesen los propios frutos de esa sociedad que los eligieron, y ellos concientes o inconscientes están vivos y repletos de injusticias, esas mismas que vemos todos los días en los cacareados parlamentos. La naturaleza del hombre no debe ser la naturaleza salvaje
de la propia crea-ción, sino no habría humanidad en él,
o por lo menos en ese ideal. Los capitalismos globalizadores aún
continúan tirando sus proyectiles y no sabemos hasta cuando será
así. ¡Él es corrupto y corruptor a un tiempo en
todas las políticas y en todos los secto-res prácticos
de la cotidiana vida! ¿Por qué los lemas de: LIBERTAD,
JUSTICIA Y FRA-TERNIDAD como el de PROLETARIOS DE TODO EL MUNDO, fueron
sepultados? ¿Qué podemos esperar de una civilización como ésta? Las costumbres cambian todos los días, el amor, sexo, el casamiento, la casa, familia, escuela, la medicina, enfermedades, medicamentos, la vida y muerte, en fin, la historia del denominado homo sapiens, sapiens. De tanto mudar el ser humano se rasga en los vientos de las vanidades y burra-das; o entonces se ahoga en los vicios de fanatismos religiosos arcaicos, el los famo-sos de actualidad o de cuantas drogas encuentra a su paso, sin olvidar a las pobres masas de hombres y mujeres en incalculadas maniobras para poderlas dominar eter-namente. También los actos del subconsciente en las más viles aventuras de robos, saqueos, asesinatos, guerras perpetúas, solo por el vil metal. Hoy todo tiene urgencia, nada tiene moral ni ética. Es obvio, la destrucción total estará próxima a llegar a su fin, dicho dentro de la actualidad vigente y no de los con-ceptos apocalípticos de las religiones a que nos tiene acostumbrados desde hace si-glos. Todo es para ser consumido, todo es para morir, la naturaleza se transforma en naturaleza muerta: mercaderías y más mercaderías. De ellas salen mil veces más ba-suras en su fabricación que las necesidades que puedan llegar a cubrir. El mundo del internacionalismo comercial, capitalista, globalizado es el único glotón, destruidor terrible y hacedor de desiertos, destruidor de ríos y mares, florestas, faunas y floras, de capas de ozonos, petróleos, en concreto, todo aquello que no es renovable. La Naturaleza gastó millones de años para que ahora éstos asesinos y usurpadores los puedan consumir derrochándolos despiadadamente en pocos minutos. ¿Qué le está quedando en realidad ya a la Tierra, a ese Planeta del Agua en los albores de una gran sed por las inminentes sequías que viene padeciendo? LQS Zerimar Ilosit. Febrero de 2006 |