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Año V. /

La inexistencia de Dios

En todo pueblo existe una antorcha: El Maestro, y un extintor: El párroco. Necesitamos mas antorchas como los Maestros libre pensadores y menos curas retrógrados. Resulta que no existe herejía ni filosofía tan detestables para todas las confesiones religiosas que el pensamiento Humano. Esto nos lleva a decir que no creemos en Dios (dioses), porque no acostumbramos a creer en los cuentos de hadas…

Cuando estudiamos física, química, biología, matemáticas, historia, geografía y varias otras disciplinas que necesitamos para poder así enfrentarnos a la vida, llega el momento en el que cuestionamos sobre la tan llevada y traída existencia en un ser denominado Dios, y el papel que las religiones representan. Ahí podemos deducir que da miedo, hasta horror probar su existencia así como su inexistencia, debido a las reacciones. Por supuesto, no es tanto el caso nuestro, por tener ya una edad considerada, como el que está levantando tantas polémicas el querer volver a tiempos pretéritos obligando a l@s niñ@s aprender el catecismo en las salas de aulas, cuando éste, voluntariamente, debería ser impartido en las iglesias, como ocurre con otras sectas.

Se abre un gran sofisma y razonamientos falaces sobre ese determinado Dios. Por supuesto, nos referimos al judío-cristiano que aún posee omnisciencia, omnipotencia y omnipresencia, con lo cual, si eso fuese así, tendríamos pánico ir al lavabo hacer las necesidades biológicas, porque Dios nos está viendo y no digamos al hacer el amor… Todo esto porque los entonces denominados Hermanos de la Doctrina Cristiana, nos decían que a donde fuésemos ¡Dios está constantemente detrás de nosotros! Cabe resaltar que aquellos que tuvimos la desgracia de ser adoctrinados en esa congregación religiosa y escolar, así como otras similares estaban dentro de las enseñanzas del nacional catolicismo en aquella época; hoy están queriendo volver a las andanzas…

La existencia de Dios no hay maneras de poder ser comprobada, puede que apenas se presente una evidencia y nada más, pero eso está dentro del concepto: fe. Por otro lado, en cada evidencia ateísta hay una negación lógica dentro de esa fe que los llevan a un conjunto de dogmas y doctrinas irracionales. Por lo tanto y como se viene insistiendo los teístas no quieren o no les interesan la facultad de discurrir. Entretanto ellos, a empezar por los religiosos, creen ciegamente que la fe hace milagros (o el mover montañas…, sí, pero de millones de €uros). A nuestro modesto criterio, la fe afirma la existencia de la nada y aún sin pruebas contundentes, como son los denominados: Dios, Jesús, las Vírgenes, santos, milagros, etc. En concreto, la religión, obviamente la que nos impusieron, “trabajan” con argumentos falaces.

Sin embargo, para la mayoría de la humanidad esas evidencias presentadas por la religión, las mismas que pueden ser falseadas una y mil veces, son las PRUEBAS DE LA EXISTENCIA DE UN SER SUPERIOR, por eso el debate fundado y apoyado en razones y pruebas documentales, es imposible el avanzar en esos pontos que los creyentes temen.

Hay elementos que simplemente dicen que las cosas buenas que realizamos en nuestro cotidiano existir, son de inspiración divina, como por ejemplo, auxiliar al prójimo, hacer justicia, etc. Por lo tanto, un Dios estaría por detrás de tales actos, instigando a los individuos a hacer tales acciones. Nuevamente, los racionalistas diremos que no hay pruebas contundentes, al tiempo que los creyentes insisten en el efecto espiritual de esos actos. Pero ¿y, la otra cara de las mismas 30 monedas? Las malas acciones, que terminan siendo mayoritariamente superiores a las buenas, ¿quiénes las hace? Quien está detrás de esos individuos malhechores? ¿Satanás? Llegamos al convencimiento de que él es más poderoso que el denominado Dios; a la vista está, empezando por los propios dirigentes del mundo, que todos, o casi todos ellos se declaran creyente de un determinado Dios, tantos los actuales como los que hoy son ya pretéritos.

Nuevamente nosotros los libres pensadores y ateos, diremos que no hay pruebas convincentes, al tiempo que los creyentes insisten en la sacralizad de esos actos. Allá ellos, pero si no hicieran tanto daño, no estaríamos escribiendo este artículo ni ningún otro.

Ciertamente habría que concordar en lo que dicen de la biología, no probada, cuando afirman que la fe está en nuestros genes, es decir, el ser humano tiene predisposición natural para creer en fuerzas sobrenaturales, pero se olvida de la parte principal, el investigar las causas reales de esos u otros fenómenos “divinos”.

Como gran parte de la populación mundial, infelizmente, se siente satisfecha con las creencias en dioses y divinidades, las religiones y sus dirigentes también con las respuestas y los confort que proporcionan todas ellas, por lo que no tienen necesidad de investigar sobre esas “realidades divinas” que encierran cada una de ellas. Por supuesto, sí en aquellos puntos que necesitan los blindajes en los que pongan sus creencias en jaque…, que por otro lado son cada ve más frecuentes.

Por otro lado hay personas que debido a estudios y reflexiones, o como es la facultad del discurrir, sobre el “fenómeno” milagros, dioses, etc., muchas veces abandonan la religión que les inculcaron “sus mayores”. Dicen algunos que el cerebro del séptico es diferente del creyente, pero de eso no hay certeza desde el punto científico con el cual se miden estos fenómenos, aunque de cualquier forma no deja de ser interesante…

El hombre insiste en creer en dioses porque es egoísta y sabe que la muerte representa su propio fin. Se agarra a cualquier cosa que le haga creer que existe otra vida después de la muerte, pero la prueba cabal es que solamente mal consigue ver su propio ombligo.

Es una forma de pensar para llevar ventajas en todo, inclusive en el campo espiritual donde cada uno delira a su entero y conveniente placer. Cuando se sita que el auxiliar al prójimo es actuar con justicia, van al encuentro de aquellos que necesitan ayuda y ahí cultivar sus virtudes en éste mundo salvaje y capitalista por excelencia.

No existen instituciones algunas que presten gratuitamente las virtudes como fuentes de cualidades diversas. Eso sí, apenas instituciones interesadas en las muchas ventajas inconfesables. Si el hacer donaciones, auxiliar al prójimo, actuar con corrección, desear la felicidad de las personas y ejercitar siempre nuestras virtudes, entonces si eso es “Dios”, es pues un principio de crueldades, ya que esos adjetivos terminan siendo una quimera ante la realidad de la vida.

La realidad es, y ha sido siempre, que el matar, hacer las guerras constantemente y cada ves más fraticidas, asesinar en nombre de unos determinados dioses, robar, violar y un todo de lo salido de la mítica Caja de Pandora, es lo que se ha visto y continuamos viendo en todas las religiones, a empezar por la dominante católica, aunque ahora, delante de las propagandas televisivas y de sus más allegados y asiduos fieles, les dice que nunca han roto un plato…

LQS. Zerimar Ilosit. Octubre de 2006