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Año V. /

La invisible fortuna

Hace tiempo fotografié un molino de viento en la carretera de Tarifa, puse la velocidad de obturación demasiado lenta y cuando revelé la foto, las aspas habían desaparecido. Si giras la rueda de una bicicleta lo suficientemente rápido los radios también desaparecerán.

Hace meses que estoy tan embebida en mis propios asuntos que parecen haber desaparecido a mi alrededor los problemas del mundo y son tantos que se han vuelto invisibles como aspas de molino: Corea, un polvorín nuclear, Iraq y sus ya invisibles muertos, la dictadura de Putin llegando a límites insospechados y en el mismo país niños de la calle muertos en alcantarillas inmundas por esnifar pegamento, niños en la calle también en Colombia, y quien sabe dónde más, la pena de muerte sigue existiendo en el país más rico y desarrollado del mundo y Guantánamo. África agoniza y qué invisible pasó el día mundial contra la pobreza, nada que ver con el día sin coches, mucho más debate con la delgadez de la pasarela Cibeles, la pobreza no genera audiencia, los datos ya no conmueven ¿y de verdad los ricos han de hacerse más ricos para que los pobres sean menos pobres? Un argumento peregrino para lavar las conciencias de tantos y tantas como las otrora damas de las mesas petitorias, embutidas en abrigos de pieles y collares de perlas. Los ricos se harán más ricos y habrá más ricos y los pobres se harán más pobres y habrá más pobres.

España, uno de los países más solidarios, cierto, nos volcamos cuando hay catástrofes naturales y nos ponen imágenes de cadáveres hinchados y niños llorando con la cara llena de moscas, pero muchos de esos solidarios rechazan convivir con un ecuatoriano, un marroquí, un rumano, un argelino, un peruano, seres inferiores, delincuentes, vagos, sucios, ladrones, terroristas… indignos de vivir en mi bloque de pisos de cuarenta millones. Pasaron de moda las pateras y ahora son cayucos los que llegan por cientos, y aún nos preguntamos porqué tanto interés en venir, a muchos los devuelven a sus países, otros tantos mueren y el resto malvive hasta que sobrevive ¿tanto cuesta inferir que es mejor la muerte en el intento, la mala vida, la deportación que seguir en sus países viendo morir a sus hijos de hambre y a sus vecinos asesinados por dictadores o guerrilleros? Y se sigue escuchando eso de que nos quitan el pan y el trabajo y no se adaptan a nuestras costumbres, qué pobreza.

Y mucho menos lejano, aquí mismo, las fiscalías de menores desaforadas acortando trámites si hay un niño con hematomas pero no mueven un dedo si sufren la dejadez de sus padres, si jamás les lavan la ropa ni les quitan los piojos ni les dan un desayuno antes de ir al colegio cuando los llevan al colegio ¿cómo definir el maltrato? ¿Qué podemos considerar maltrato? Esta pregunta que aquí parece retórica se la hice a un señor muy instruido, comprometido y desayunado que vino al Colegio donde trabajo para darnos a conocer un protocolo de actuación ante el maltrato infantil, no supo contestarme salió, como se suele decir, por los cerros de Úbeda. Yo tengo mis piernas llenas de hematomas, mala circulación, pero lo que realmente me duele es otra cosa ¿porqué las brillantes mentes que deciden no han decidido pensar en todo lo invisible que duele?

La vida es lo que tiene hay que tener suerte con el país en el que naces, con la familia a la que perteneces y con los centros comerciales por metro cuadrado que hay en la ciudad donde vives, eso es lo que únicamente nos diferencia a unos de otros, la buena o la mala suerte.

LQS. Aixaferra. Octubre de 2006