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Año V. /

La mentira, las mentiras, las medias verdades son la gran moda ahora y siempre

La mentira no es algo nuevo ni es propiedad del hombre, pues la mujer también sabe muy bien desarrollar todo tipo de técnicas para enmascarar, ocultar sus intenciones reales.

En los juegos de amor, en los juegos de seducción que se producen a través de la red, a través de los chat y de algunos blogs, todos (hombres y mujeres) nos vamos formando dibujos o ideales de personas que no existen. Nos encanta crearnos todo tipo de mitos, de hombres y mujeres perfectos, a sabiendas que son meros espejismos, simples engaños.

La dura y cruel realidad, la vulgar cotidianidad nos empuja a imaginarnos, a construirnos un mundo donde hay hombres lejanos y mujeres con amplia sonrisa, dispuestas a entrar en los juegos de la pasión desenfrenada, utilizando un lenguaje lleno de provocación, rozando la obscenidad. El pecado siempre resulta atractivo para todos, incluso para aquellos que van de puritanos y rectos.

La sombra, la enorme y muchas veces dolorosa oscuridad que permite internet, ha logrado que millones de personas puedan inventarse y vivir otras realidades, sin tener que recibir castigos o ser perseguidos por las Inquisiciones de turno. Pero ese tipo de divertimentos y devaneos puede resultar pernicioso cuando sí hay mujeres y hombres que anhelan encontrar una pareja, una amistad, un amor de verdad y recalan en ciertos espacios donde la frivolidad y la mentira compulsiva son las únicas reglas dominantes.

Todos siempre nos creemos y nos pensamos mejor de lo que realmente somos. Todos pensamos, y así lo expresamos en muchas y diversas formas, que somos muy importantes para nosotros y para el resto del mundo que conforma nuestro entorno laboral, familiar, vecinal... Por eso, en los supuestos diálogos que se mantienen en los chats, se puede detectar la gran ansiedad y prisa que casi todos tienen (hombres y mujeres) por obtener una pieza, por cazar velozmente... por pasar un rato con cualquiera que se preste a un encuentro fugaz y desesperado. No importan las distancias geográficas ni las edades.

Los chats son hoy el gran Carnaval, el espacio ideal para los encuentros furtivos, donde no hay pecado ni castigo. Todo el mundo puede encontrar lo que realmente desea, pues siempre va a obtener alguna respuesta de un ser mucho más desesperado y angustiado que uno mismo, capaz de camuflarse y adornarse con todo tipo de lujosos oropeles y caros ropajes, tan falsos como un decorado teatral de vanguardia.

Todo estos tipos y modalidades de contacto anónimo, demuestran y evidencia la enorme e implacable soledad, el profundo y sordo aislamiento que hay alrededor nuestro, que impera en todo nuestro civilizado y altamente tecnológico mundo actual. Ya no somos capaces de intentar entablar una conversación relajada y profunda con una persona, mientras tomamos un café o compartimos una cena, procurando detectar y averiguar si existen puntos en común, afinidades, química... Ahora, vamos casi todos, desbocados y directos en busca de un ser que nos ofrezca todo lo mejor (incluso todo lo peor) en una historia breve, pero intensa, donde dos cuerpos puedan encontrarse, revolcarse en cualquier cama de un hotel cualquiera, en medio de la nada...

Algo raro y muy turbador nos pasa a todos cuando los juegos de seducción, el cortejo y la capacidad para poder establecer planes de convivencia comunes ya no son la tónica dominante ni el punto de partida, para así lograr unas saludables y dichosas relaciones de amor o de amistad sincera, estable, respetuosa, equilibrada...

El amor y la amistad se han convertido en elementos muy gaseosos, que no pueden contenerse en ningún recipiente ni mantenerse unidos por mucho tiempo.

Todo pasa demasiado rápido, y así los amores son simples intercambios de fluidos, encuentros directos que se realizan de una manera ritual y precipitada cada cierto tiempo para cumplir con el reloj biológico interno que todos tenemos. El amor como requisito imprescindible para lograr encuentros y escarceos eróticos se ha vuelto algo pasado de moda, algo viejo y triste, algo innecesario, algo que sirve únicamente para recordar como un elemento romántico, improductivo y que ocupa mucho tiempo.

Sí. Amar bien supone un gran y destacado esfuerzo, pues tienes que ser sincero y compartir un proyecto común, planteando y desarrollando todas las divertidas técnicas de la seducción, el cortejo... Y ahora, la mayor parte de los jóvenes y adultos no tienen ni tiempo ni ganas de entrar al trapo y trabajar una relación amorosa, una relación amistosa, una relación entre seres iguales y desconocidos.

Y somos siempre seres desconocidos aunque llevemos años tratándonos, amándonos, abrazándonos, pues hay muchos aspectos y esquinas que van surgiendo con el transcurrir de los años...


Amar es un deporte de riesgo, muy moderno y que no es hoy una moda ni una costumbre aceptada por casi nadie. Ahora, se lleva el encuentro furtivo para provocar las descargas biológicas habituales.

Amar es una actividad muy peligrosa y a la vez saludable si realmente nos la tomamos en serio, aplicando muchos y variados toques de humor y alegría. Y aunque dice la canción italiana  "que de amor ya no se muere", algunos todavía nos creemos que es magnífico poder dar tu corazón entero a la persona que puede mirar y ver el azul del cielo con las manos abiertas... Uno no muere de amor, pero si resucita y se hace hombre y mujer nueva, distinta, igual que ese mundo que nos mira sonriente, que nos abraza con toda la ternura del mar...

Al amar de forma entera y libre a otro ser que no conoce las prisas ni los miedo, que no tiene esquinas en su voz y sabe regalar sus risas a todos, nos hacemos salvajemente fuertes, alegremente invisibles y tan hermosamente grandes e iguales, como todos los cielos azules del Universo.


LQSomos. Antonio Marín Segovia. Julio 2007
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