MP3

 

La Calle
Los especiales de LQSomos
Campaña: Apoyo a los juicios contra los genocidas en Argentina
La Gavilla Verde
Creative Commons License
Envía esta página
Escribe el e-mail:

Año V. /

La religión, un problema mental

Los que tienen una determinada religión, o por lo menos la creencia en un determinado Dios o divinidad, ¿padecen ellos algún problema o trastorno mental? Existen dos motivos posibles.

•  Las creencias son impuestas en la infancia, como un lavado de cerebro anticipado.

•  Esta es aceptada más tarde de forma aparentemente voluntaria, en general en un momento de dificultades, y nunca dentro de una decisión racional.

Cuando la religión es impuesta a un niñ@ - y nos estamos refiriendo mayormente a las tres confesiones que de una manera u otra son las que nos dan más, digamos, “la lata…” - antes que sus pensamientos críticos se tengan desenvolvimos, quedan éstas encarceladas en el cerebro y posteriormente son muy difíciles de ser cuestionadas, o mejor decir, borradas. Aquí la persona las acepta como una realidad de la vida, guste o no.

Muchos cumplen los preceptos y rituales sin nunca cuestionar conscientemente lo que hacen. Es una obligación, y punto final. Si la persona no hace lo que debe los respectivos sacerdotes les dirán: “Dios le castigará con su divina cólera”, o algo a lo que estamos acostumbrados a escuchar y hasta que nos lo han dicho más de una ves en nuestra niñez. No hay ningún placer envuelto, ningún entusiasmo, “Dios” no es una presencia, ni un sentimiento, es una forma recibida imaginariamente. Si la información “divina” resulta ser falsa – cosa que para nosotros siempre lo es – la fe se marcha, ya no hace falta.

Otras personas, por lo contrario, se apoyan en sus creencias como en una muleta, de la misma manera que para otras lo es la bebida o las drogas. Buscan en ellas refugios y consuelos delante de sus problemas. Llegan, en algunos casos, a “sentir” la presencia de ese Dios, “escuchan” su voz, disfrutan del éxtasis místico. Hablan en “lenguas”, se agitan en el suelo, supuestamente poseídos por la divinidad, pero si no está dentro de los cánones de la determinada religión, dicen que la posesión es “diabólica”.

Pablo, en sus epístolas admite que la religión puede parecer locura, pero se defiende diciendo que Dios hace de locos a los sabios de éste mundo y que la verdadera sabiduría es la de los locos en Dios. ¡Consideramos a este personaje como un gran imbécil! De la misma manera que las tribus primitivas veían en los locos la marca de Dios y los respetaban. Entretanto:

•  Personas con trastornos obsesivos y compulsivos, buscan tratamientos.

•  Personas que nunca consiguieron llegar a la hora en punto a sus compromisos, procuran tratamientos.

Ellas no se ofenden al ser llamadas de enfermos. En verdad, se sienten aliviadas al percibir que no es un problema de carácter y que puede haber una cura. No es por casualidad que existen tantas “Alguna Casa Anónima” por el mundo.

Cuando se trata de religión, entretanto, comportamientos ridículos y anormales son visto como señales de santidad y aceptado por la sociedad. Personas que dicen hablar con Dios, o con los muertos, son consideradas especiales y hasta superiores. Personas que se encierran en conventos con votos de silencio, pobreza y castidad (que ninguno muere de hambre y sí practican la homosexualidad), y pasan el resto de sus vidas insolados, rezando para las paredes y “santos milagrosos” construidos mayormente de yeso, son considerados virtuosos. Algunas aún son más “santos” que otros, hacen ayunos penitencia, se auto flagelan…

Hagamos una simple pregunta: “Si tú crees por la fe, sin necesidad de pruebas, ¿cómo sabes que las otras religiones están equivocadas si ellas también no necesitan de pruebas? ¿Cuál es el criterio para escoger una religión entre tantas?, (eso sino te la han “puesto” ya desde la cuna). Por supuesto, no encontrarás ninguna respuesta coherente. Y si insistimos en la pregunta, la persona se enojará contigo. Una reacción emocional en lugar de argumentos.

Lo que sería considerado un ataque epiléptico, es visto como la posesión de un dios si esto ocurre en un templo. Decir cosas incoherentes son señales de problemas mentales – a menos que ocurran en el contexto de la religión, como son los casos de “hablar con dios”, (el rezar), o las intervenciones de los médium.

Cuando la religión está envuelta en esos menesteres espirituales es considerado un insulto muy grave insinuar que esas personas están locas. Que puedan tener algún problema mental. Que una parte de sus mentes estén fuera del alcance y control.

¿Por qué? ¿Cuáles son las diferencias? Si muchas personas dicen que han tenido contacto con lo sobrenatural, ahí se justifican unas investigaciones, las mismas que hasta hoy no han demostrado nada en concreto.

La ciencia ya ha estudiado lo que ocurre en el cerebro del budista durante “la iluminación” y de las monjas en “los éxtasis místicos”, (pensamos ¿como esposas de Cristo…?), se han localizado las partes que envuelven el fenómeno. Posteriormente se estimularon esas mismas partes en voluntarios, induciéndoles en ellos unos sentimientos de religiosidad. Lo mismo ya fue hecho con la sensación de estar fuera del cuento. Dios puede ser enchufado y desenchufado por medio de un simple botón en el laboratorio.

La religiosidad puede ser apenas una característica de nuestro cerebro. Puede haber representado una ventaja evolutiva en el pasado, al unir las comunidades en torno de una creencia común, al darles una causa por que luchar y sacrificarse. Entretanto, así como otras características de nuestros antepasados salvajes que abandonados en nombre de la civilización, talvez sea la hora de excluir nuestros respectos, supersticiosos por la religión y considerar seriamente la pregunta: ¿Será que la religión apenas es un producto de nuestro cerebro? ¿El mismo que en excesos no pasa de una mala enfermedad?

LQS. Zerimar Ilosit. Noviembre de 2006