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La Calle
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| Año V. / | |||||
Las divinas demenciasComenzando por los católicos romanos, ortodoxos y las muchas ramas del protestantismo, ellos piensan, creen firme y ciegamente, por lo menos es lo que demuestran, que existe un dios que hizo el mundo en 6 días terrestres y descansó el séptimo, pues se hallaba cansado... Eso sin olvidar la inmensidad del Universo. Pues resulta que no es la primera ni será la última que digamos que todo es mentira, una patraña monumental que solamente a los hombres se le ha podido ocurrir e imponer a otros hombres. Pero así mismo, y que conste, no es un voto de confianza, vamos a suponer, solamente suponer que hubiese una pizca de credulidad en ese ser creador y no evolutivo. En ese fantástico mundo que el dios inventado por judíos y cristianos es tenido por un mundo de perfección porque ese supremo ser lo hizo perfecto y por consiguiente, de un ser perfecto no puede venir ninguna imperfección. Veamos pues, como es ese mundo perfecto en el cual ese dios, y como es sabido, fue inventado por tribus bárbaras y nómadas siglos atrás, colocó ahí sus ridículas criaturas. En ese mundo considerado de cualidades perfectas, las criaturas vivas deben comerse otras criaturas vivas (o matarlas antes) para conseguir sobrevivir. Es una mortandad (o asesinato) global. El ser vivo necesita que otro ser vivo muera para que él pueda continuar viviendo. A eso se le llama perfección divina. Todos los alimentos ingeridos por las criaturas perfectas se transforman en podredumbres, en excrementos, sean éstos un manjar o un simple pedazo de pan. Por lo tanto, dentro del perfecto organismo humano o animal divinamente proyectados, viajan constantemente kilómetros y kilómetros de materias sucias, heces y orinas desde el nacimiento hasta la muerte. Son tan venenosamente perfectas esos excrementos podridos y contaminantes que no deben ser tocados, pueden llegar a matarte. Viene a colación él recordarles a los cristianos católico, a pesar de que no quieren ni saber del asunto, cuando ellos toman la denominada santa comunión, donde se encuentra Jesús en cuerpo y alma, la hostia se convierte al entrar por la boca y hacer el recorrido intestinal en excremento... El dios bíblico creyó que todo eso era bueno y así continúa hasta hoy. En medio de tanta perfección, diariamente millones de personas mueren de una muerte perfecta. Son criaturas que mueren de leucemia, viejos que ven el propio cuerpo consumirse lentamente por enfermedades fatales o la propia vejez. Mujeres que mueren de parto, individuos con infartos, victimas de derrames celébrales, etc., etc. En esa obra suprema y divina, el dios del cristianismo también creó las grandes sequías, inundaciones, terremotos, maremotos, avalanchas, erupciones volcánicas, rayos, tifones, tormentas y todo tipo de catástrofes que matan miles de sus hijos todos los años. A ese dios parece divertirse lanzando sobre sus criaturas epidemias fatales, nuevos virus, bacterias súper resistentes, enfermedades incurables, en fin, desastres que nunca jamás podrían haber sido creados por un dios. Para los que en él creen todo eso es como un divino regalo y debe ser visto con alegría, pues resulta que tanto el universo como todo aquello que en él ocurre, es la demostración de la pura perfección de que fue creado por un infalible dios. Parece que todo ese teatro del horror viene a colación cuando “nuestros” primeros ancestrales se corrompieron al comer una determinada fruta prohibida. Gracias a esa gesta loca y absurda, el resto de la humanidad, que aún no había ni nacido, fue condenada sin juzgamiento al sufrimiento eterno. Condenación anticipada sin la menor oportunidad de escapatoria. ¿Cómo es posible condenar y juzgar a alguien mientras aún estás en el vientre de su madre? Un inocente pagando por un pecador. Eso es lo máximo de la perfección de ese dios que es solo perdón. Un juicio previo, antes mismo de haberse cometido el delito. Solamente un dios infinitamente perfecto es capaz de tanto gesto de amor... Entonces, después de ese desastre, ya que ahora no era más perfecto el ser humano, éste se conformó y encaró las duras realidades asumiendo un nuevo papel, el de victima. Se convirtió en el único producto a pedir disculpas al fabricante por un error de fabricación. Desde entonces los seres humanos están condenados a pasar la vida entera mendingando las disculpas e implorando misericordias inútiles a ese dios tan “bueno”, no en vanas tentativas de escapar de los castigos que les fueron impuestos antes de haber llegado a éste mundo tan extrañamente perfecto. Ese pequeño error en la fabricación por dios, en ves de él haberlo corregido a tiempo, resulta que lo dejó enloquecido de cólera. A partir de ahí, en una constante explotación de odio contra los pobres seres que él creó, destiló su santificada ira a hacer con que los sufrimientos tomasen cuenta del planeta. Punir, punir y punir, sin excepción Esa era la orden y que aún persiste. Hombres, mujeres, niños recién nacidos, fetos, embriones, animales, plantas... Los seres humanos sumisos y sin salidas, al tener que aceptar la punición divina por los crímenes hediondos cometidos por un supuesto antepasado que comió lo que no debía, ellos se humillan ante su buen dios declarándose ser los más miserables de todos los seres, mereciendo nada mas que menos la punición eterna inventada por ese mismo amadísimo padre. ¿Pero, tan grande es ese pecado hasta el punto de condenar al pecador eternamente? Solo la mente de un dios perfecto puede concebir tremenda monstruosidad. Como si todo eso no fuese bastante, ese dios insensato exige que seamos justos, buenos y lleno de amor, en retribución a los sufrimientos que él nos inflige. Mal sabe él, (aunque para los ateos no exista), en su infinita egocentricidad, que está pidiendo lo imposible. No podemos comandar nuestros cerebros para que amemos quienes nos odia y desea el mal constantemente. A todo eso, el buen dios judío-cristiano, no solo ordena que amemos nuestros enemigos, sino que aún odiemos nuestros familiares para así alcanzar el grado de pureza necesario y llegar cerca de él en los etéreos paraísos celestiales. Exige ese dios tan creativo que perdonemos a quienes intentan matarnos y hacen mal a nuestros seres queridos, nos humillen o calumnien. Aún manda que si recibimos una hostia en un carrillo, pongamos el otro... Los humanos, principalmente los libres pensadores o ateos, acostumbramos a llamar a ese acto de masoquismo. Ese dios nada más prefiere el triunfo del mal, la victoria de los violentos, la aceptación de la cobardía, la negación del auto defensa. Haciendo todo eso el ser humano estará en el verdadero camino de la perfección. (¿?). Sin embargo, como no todos los seres consiguen ser tan estúpidos, aunque existen excepciones, hasta el punto de dejarse pegar y aún ser un modelito bueno, todo indica que la mayoría de los seres humanos, inclusive los judíos-cristianos, irán a parar a los infiernos que ese mismo dios creó para así poder punirlos. Sucede que ninguno de esos pobres desgraciados por mucho que lo intente la vida toda, jamás conseguirán perdonar a aquellos a los que odian; ejemplos: las guerras, violencias, terrorismos de estados, corrupciones políticas en prejuicios de los pueblos, etc., etc. Pero si el perdonar es tan fácil, siendo dios amor y perdón, como acostumbran decir en los púlpitos televisivos sus representantes, ¿por qué él no empieza dando buenos ejemplos y perdona a toda la humanidad dando la recompensa del cielo a inocentes o culpables? Todas esas historias ridículas y absurdas de la perfección divina están en los reiterativos libros de la Biblia y Evangelios, esos librillos son los más mentirosos y contradictorios que jamás se han escrito. Por cierto, aquí ocurre como con el denominado dogma de la trinidad, ahí son 3 en 1, en éste 2 en 1 y no pueden vivir separados, mismo que si lo analizamos un poco no tiene nada que ver el “viejo” con el “nuevo”, solamente lo que dicen que el supuesto Jesús era judío, de ahí el decir: judío-cristiano. Tanto el catolicismo como el protestantismo sacan y repiten los reiterativos versículos como si fuesen papagayos. Entre tanto tiran a las latas de basura la realidad de la vida creyendo que irán al cielo después de ser odiados, pegados, humillados, maltratados, por sus enemigos a quienes finge amar. Todo eso es el resultado de la perfección divina. Es una gran estupidez todo ese tinglado, por lo que deberían responder, si sus creyentes hiciesen preguntas, aunque nosotros no creemos en nada las hacemos por ellos. ¿Cómo un dios perfecto que dicen es e insisten constantemente, que es solo amor, puede llegar a fabricar criaturas que a pesar de llamarles de hijos, el único propósito que se está viendo desde hace 5 mil años es el de joderlos, martirizarlos, injuriarlos, etc., para finalmente hacerles morir y que los gusanos se coman el cuerpo, mandando el alma a los infiernos? Eso solamente es concebible por una mente absurda o desequilibrada, como ocurren con los fanáticos de cualesquiera otras religión, dictadores, militares, que vienen registrándose a lo largo de la historia, junto a ese infalible dios... LQS Zerimar Ilosit. Junio de 2006. |