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Año V. /
La Seguridad Social y las clases trabajadoras

La Seguridad Social ha sido una de las p rincipales conquistas del movimiento obrero en el último siglo. Garantiza subsidios a los asalariados y asalariadas cuando se ven en la necesidad de dejar de trabajar momentáneamente (incapacidad temporal, maternidad, paro), y pensiones a los trabajadores y trabajadoras y a sus familias en caso de muerte prematura, invalidez o jubilación.

Desde hace unos años, la Seguridad Social también incluye las pensiones asistenciales para las personas que no han cotizado lo suficiente; pero que acreditan una situación de extrema necesidad.

Este gran mecanismo protector financia su vertiente contributiva gracias a un sistema sólido de cotizaciones sociales. Los recursos recaudados se reparten de una manera solidaria con el fin de garantizar unos ingresos económicos básicos a las personas aseguradas.

Todo esto, lo ha convertido en el principal programa de lucha en contra de la pobreza en nuestro país.

Los adversarios de la Seguridad Social

A pesar de este papel tan importante, durante las últimas décadas, voces interesadas han presentado la Seguridad Social como si estuviera abocada a la quiebra y como una pésima inversión para garantizar una situación estable en el futuro. Nos incitan a pensar en otros procedimientos supuestamente más eficientes y nos aconsejan, a diestro y siniestro, suscribir planes privados de pensiones.

De esta manera se pretende perpetrar una auténtica estafa con el fin de poner en manos privadas los recursos que ahora gestiona la Seguridad Social, y permitir que las entidades financieras y las aseguradoras los puedan utilizar para especular.

Ahora bien, la campaña privatizadora ha chocado con una barrera: La Seguridad Social ha garantizado, día a día, las pensiones y a la vez ha incrementado las reservas financieras. Esto ha echado por tierra todas las predicciones catastrofistas con las que se esperaba atemorizar el personal.

Junto al discurso catastrofista, los partidarios de la privatización han situado el mensaje de la insolidaridad y la codicia. El argumento es que las aportaciones individuales invertidas en valores privados proporcionan unas tasas de rendimiento muy altas, y, por lo tanto, seria la mejor forma de dar seguridad a nuestra jubilación. A través de informaciones sesgadas, se quiere hacer creer que las inversiones financieras siempre funcionan bien, y que con aportaciones a una aseguradora privada todo el mundo se puede hacer rico.

Pero mientras la Seguridad Social se ha afianzado, los fondos privados de pensiones han mostrado un alto nivel de inestabilidad. El caso más paradigmático es el de los fondos de pensiones chilenos que, en los últimos días, ha superado unas pérdidas de diez millones de dólares.

Ya que hablamos de Chile, valdría la pena recordar que el gobierno actual se ha visto obligado a poner en marcha un sistema público de pensiones mínimas, para socorrer a miles y miles de chilenos, a los cuales previsiblemente, el sistema de capitalización impuesto por Pinochet dejará sin pensión de jubilación o con una de minúscula.

El futuro de la Seguridad Social

A pesar de disponer de una situación mucho mejor que la de los fondos privados de pensiones, no todo son florituras para la Seguridad Social. Algunas de las amenazas esgrimidas por sus enemigos tienen un trasfondo cierto. Pero contamos con suficiente tiempo para “reparar“ las situaciones problemáticas y evitar así las futuras dificultades.

De hecho, una parte de estas “reparaciones” ya han sido impulsadas con la separación de las fuentes de financiación (los impuestos para financiar las prestaciones asistenciales y las cotizaciones para financiar las prestaciones contributivas) y con la dotación del fondo de reserva. Ahora bien, los enemigos de la Seguridad Social, no se avienen a estas realidades. Siguen empeñados en atemorizar a la gente.

Es difícil dirimir cuál será su estrategia futura. Pero, es probable que inicialmente opten por abandonar la pretensión de asaltar de lleno a la Seguridad Social y se dediquen a perseguir objetivos más realistas. Por una parte, se intentará traficar con el fondo de reserva aprovechando la posibilidad, ahora abierta, de utilizarlo en inversiones especulativas. Por la otra, se procurará ir expandiendo los fondos privados de pensiones mientras se insiste en que disminuyan algunas prestaciones públicas, como por ejemplo la pensión de jubilación, endureciendo los actuales mecanismos de acceso.

Para entender el verdadero contexto de todo esto, es conveniente tener presente que no nos encontramos únicamente ante un problema de tipo económico. El problema tiene un fuerte contenido político y es una cuestión de justicia social. Demostrar la viabilidad financiera de la Seguridad Social y su eficiencia es necesario para desmontar los camelos de los partidarios de la privatización. Ahora bien, ¿por qué razón la Seguridad Social debe pasar la prueba de la integridad financiera, garantizando el pago de las prestaciones a través de sus propios ingresos, mientras que el presupuesto militar, la educación pública o las infraestructuras no lo deben hacer?

Más allá de su viabilidad financiera que hoy por hoy es indiscutible, la evolución de la Seguridad Social se decidirá por la confrontación de intereses. O dicho de una manera más clara y precisa: se decidirá en la lucha de clases.

LQSomos. Antoni Puig Solé. Febrero de 2008
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