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La Calle
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| Año V. / | |||||
| Las manos sucias “Es hora de aullar, porque si nos dejamos llevar por los poderes que nos gobiernan, y no hacemos nada por contrarrestarlos, se puede decir que nos merecemos lo que tenemos”. José Saramago Cuando me lo regalaron uno de mis amigos dijo: “Es como todos, podría haberlo hecho antes, ahora solo sirve para sacar dinero”. El libro era un tocho de setecientos dos páginas “negando evidencias”. El autor, el periodista que todos soñamos ser un día desenredando malversaciones y expulsando a presidentes corruptos: Bob Woodward. Lo aparque por Manu Leguineche “En el Nombre de Dios” escrito en el año 1992, después de la relampagueante primera guerra del Golfo y de radiante actualidad. No sé porque entre los dos libros, desde abril a septiembre, la memoria enlazo con “Las manos sucias” de Sartre, una obra de teatro vista a finales de los setenta en Madrid con un genial José Luis Pellicena, debatiéndose solo en el escena, lleno de culpas. Rebuscando en Internet aparecía una Carmen Maura y un tal Pedro Almodóvar como actores de la misma obra. La memoria selectiva solo hacía gala de la soledad de la culpa. El 11 de septiembre del año que nos ocupa logre terminar “Negar la Evidencia”. Leguineche me había dejado en el día de hoy 15 años atrás. La Casa Blanca escondía el color plano del hombre que duerme bien lleno de terrores. A Bush le gustaba contar muertos y no hacer preguntas, siempre estaba ganando guerras… -“En realidad no es intelectualmente curioso …” Pasillos llenos de políticos y militares guardando secretas mentiras llenas de si mismos… -” Pudo haber amenazado con renunciar o haber insistiendo en que se les permitiera a los inspectores de la ONU continuar. Cuando Bush le pregunto a Powell en enero de 2003 si le secundaba en la guerra, Powell estaba en el punto más álgido de su influencia. ¿Se imagina lo que habría pasado si él hubiera dicho: “tengo que pensarlo”? ¿Puede imaginarse el poder de esa persona para cambiar las cosas? Él lo tenía.” La guerra preventiva como negocio privativo de grandes zorros de influencias, aquellos que enlazan la vida de los otros con las armas de destrucción masiva y sus propias empresas de ejércitos que aprietan los gatillos. El alto sentido de la burbuja de la seguridad que nos succiona y nos manda a la inmensidad en el nombre de Dios y de las jerarquías. La mercancía de cambio que tiene el sonido oculto y el color energético, para desenvolverse en las bolsas del beneficio de los elegidos. Los que miran al cielo y levitan en santidad lanzando rayos de omnipresencia cuando fijan la mirada en los poderes terrenales de las diferencias. Los que nos hacen pobres de solemnidad y muertos honoríficos de patrias de mentiras. Lo que nos espera por ese “dejar hacer” a los que diseñan el mundo del futuro en cinemascope y siguen cabalgando sobre los masacrados. Lo que nos aguarda en la soledad de los errores del silencio, mientras olvidemos que se siguen lavando las manos sucias de restos humanos. LQSomos. Turón Valle. Septiembre de 2007 |