MP3

 

La Calle
Los especiales de LQSomos
Campaña: Apoyo a los juicios contra los genocidas en Argentina
La Gavilla Verde
Creative Commons License
Envía esta página
Escribe el e-mail:

Año V. /

Nada debe acongojarme

"Ahí estaba Luís, tendido e inerme, con la cabeza hecha añicos y los sesos esparcidos por la sala, mientras en lo que quedaba de rostro, aún podía leerse asombro y perplejidad. Mientras, Isabelita, de pie e inmóvil, en medio del cuarto, seguía empuñando en su mano el trofeo que había ganado Luís el año pasado en el campeonato de mus. Salpicada de lunares rojos y viscosos, la mirada extraviada y la expresión indescifrable, aún conservaba los moratones y señales de la última paliza.

¿Cuál había sido el desencadenante del último aluvión de palos? Unos calzoncillos aún sin lavar, pero igual podía haber sido un cenicero desplazado tres centímetros de su lugar habitual, un gesto de cansancio advertido por Luís en su esposa o cualquier otro quítame allá esa paja… Total, era su mujer, era suya, y en ese "es mía" se incluía poder apalearla e incluso matarla, si lo creía conveniente. Nada ni nadie, y menos Isabel, podían poner en duda sus propiedades, sus libertades, su virilidad y su hombría. El no era un calzonazos, eso le tenía que quedar claro a todo el mundo dentro y fuera de su casa. Y, si esa mujer suya no lo aprendía por las buenas, lo tendría que aprender por las malas, cómo lo aprendió su madre, su hermana, su tía y su abuela; cómo lo habían enseñado desde siempre todo los hombres de su familia, bueno, menos el mindungui de Miguel, que eso ni era un hombre ni nada, eso era una marioneta en manos de la marimacho de Lourdes, que bien se veía que llevaba ella los pantalones y lo tenía acojonao… Eso no era un hombre, era un pelele; pero a él no le iba a pasar lo mismo, ¡vaya que no! Que para eso los tenía bien puestos. Para eso era un hombre ilustrado, que había terminado agrícolas y se había leído a los clásicos; para eso tenía bien sabido que a la mujer, cordoncillo corto y bien atado, que si no se convertían en la perdición de los hombres y en unas malas pécoras… Pero Isabel, era una palurda casi analfabeta y no sabía de razones. Ya ni los palos le hacían mella, no aprendía la condenada y quería ser más que él, manejarle, imponérsele, dictarle sus caprichos… ¡Hasta ahí podía llegar! Y encima, quería el divorcio, había osado, incluso, denunciarle, a él; había puesto en entredicho su buen juicio, sus métodos, sus derechos de hombre… ¡Rotundamente no!. Él, Luís, la enseñaría a doblegarse, a ser femenina, a ser una mujer cómo mandan los cánones.

Isabel tenía los ojos secos adornados de cercos morados. Se había casado enamorada de Luís, lo admiraba profundamente, se había hecho a sí mismo, tenía una carrera, era culto, aunque aún conservaba ese aire pueblerino y bruto del macho ibérico, pero era todo un hombre, con decisión y seguridad. Se casaron, se compraron ese pisito que estaban pagando y ella le ayudaba a pagarlo limpiando casas. ¿Qué otra cosa podía hacer si no había estudiado? Al principio, Luis, era delicado, hasta le regaló flores y un vestido por su aniversario, era un poco raro con el orden y esas cosas y no toleraba que la casa no estuviera de punta en blanco. "La casa es cosa tuya" -Le había dicho con claridad. Le había tirado el plato a la cara la primera vez que se pasó un poco con la sal y le había arrastrado por toda la casa aquella vez que aquella mancha del pantalón se empeñó en no salir… Perdía un poco los nervios, pero claro, ella era una doña nadie y el un hombre de carrera… ¿Cómo se le podía comparar siquiera? Diez horas de trabajo duro fuera de casa, y las tareas del hogar, no le dejaban mucho tiempo para nada, iba todo el día agotada. Y luego la cama, cinco minutos de disfrute para él y dolor para ella; nunca se había imaginado que el sexo fuera eso nada más. Al principio, al menos, había caricias… Pero luego, con el tiempo, la cosa era rápida porque los dos estaban muy cansados. Y ella aceptaba en silencio ¿qué otra cosa podía hacer? Así llegó la primera paliza ¡casi la mata!. ¡Qué vergüenza ir a trabajar con todas esas señales! "Tienes que denunciarle, tienes tus derechos" le había dicho su jefa; pero la jefa no conocía a Luís… No, ella quería y respetaba a su esposo, y él también la quería, se lo decía cada vez que ella le hacía perder los nervios y la golpeaba; no era culpa de él, era de ella, y ella lo sabía. No, no lo denunció. No lo hizo nunca, ni siquiera cuando tuvieron que ingresarla con la clavícula rota y conmoción cerebral… Fueron los médicos lo que cursaron la denuncia y los que la convencieron... Tal vez tuvieran razón y ella no fuera tan culpable cómo pensaba. Hasta hubo un juicio. Un año de cárcel y una prohibición de acercarse a ella a menos de doscientos metros. A los seis meses estaba fuera y vuelta a empezar. "Todo lo que tienes, incluso tú misma, me pertenece" le había dicho Luís, mientras la golpeaba una y otra vez… Y sin saber cómo, mientras le llovían golpes y patadas, su mano tropezó con aquel trofeo que había ganado él en el campeonato de mus. Él y Merche, porque ella no sabía jugar al mus... ¡Merche sí que valía!, pero ella... Ella era una mierda que no valía para nada, ni siquiera para hacer feliz a su marido, que así se lo había dicho una y mil veces Luís. Tampoco sabía cómo había sucedido, cómo era que su mano y el trofeo se habían estrellado una y otra vez en la cabeza de él… Allí seguía, con el trofeo en la mano, inmóvil, ajena a todo, ausente… Sonó el timbre, luego golpes en la puerta y voces: "¡Policía, policía, abran!". La puerta cayó con estruendo, la esposaron y la subieron al coche… "¡Me lo merezco, pobre Luís! ¡Nada debe acongojarme!" -pensó Isabel en el trayecto hacia ninguna parte, toda vez que había matado a su esposo y deshecho su vida." Fin del relato.

Este relato que me acabo de sacar de la pluma y de alguna neurona, no es más que una caricatura de la realidad; no tiene nada que ver con la realidad. Es ficción. La realidad ya la sabemos todos: "La culpa de la violencia doméstica -tanto si matamos, cómo si nos matan- es nuestra y sólo nuestra, que quede bien claro: es de las mujeres; porque somos un atajo de malas pécoras que provocamos a los débiles varones…¡Pobrecitos ellos!... Y si no léanse el preclaro artículo aparecido en una hoja parroquial de casi todas las iglesias de Valencia, escrito y firmado por el sacerdote y catedrático de teología jubilado Gonzalo Gironés, quien dice que: "el varón, generalmente, no pierde los estribos por dominio, sino por debilidad, no aguanta más y reacciona descargando su fuerza que aplasta a la provocadora"… Si clican en el nombre del "ilustre" teólogo, podrán seguir "formándose" y leer que, al fin y a la postre, todo se reduce a un problema educacional… Tal vez por eso, el Opus Dei va a construir en Palma de Mallorca, en unos terrenos regalados por el ayuntamiento o el gobierno balear, que no sé exactamente quien (bueno, regalados del todo no, que los han pagado a 25 euros m2 cuando su precio es de más de 300 euros), dos colegios, uno al lado de otro, el uno sólo de varones niños y el otro para niñas mujeres; cómo antes con los métodos de la vieja usanza; porque esos métodos, los de antes, parece que educaban muy bien en la igualdad de género y en el respeto mutuo los unos por las otras y viceversa. Y sino, que se lo pregunten a Pío Moa, que por lo visto sabe mucho de los efectos nocivos de la escuela mixta y de las bondades de la antigua usanza. Si no se quedan convencidos, pueden también consultar con el grupo "Legionarios de cristo" (del que al parecer forman parte Ana Botella y Ángel Acebes, entre otros) de cuyas enseñanzas pueden desprenderse que lo mejor de lo mejor es volver a las tesis escolásticas y tomísticas en esto de la educación: niñas y niños separaditos que si no, las mujeres que somos más malas que arrancadas, les provocamos, y nos matan así, cómo sin querer. ¡Pobrecitos!

LQS Hannah. Febrero de 2006
http://serrizomatico.blogia.com