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Año V. /

Pedófilos recompensados

Como dice el refrán: “No hay nada nuevo bajo el sol”, venimos recibiendo noticias explosivas de todo el mundo cristiano y principalmente católico romano, con una cadena de denuncias contra los sacerdotes papistas. Éstos son acusados de mantener relaciones sexuales forzadas con muchachos, por lo que todo indica que la hipocresía de ese mundo vetusto ha salido da las cuevas a la luz con lo que ahora no podrán tapar el sol con la meno.

Como se indica al comienzo, esto no es nada nuevo, lo que sí haya empeorado desde que el Vaticano impuso a sus sacerdotes el celibato hace algunos siglos, pero se les olvida, cuando les conviene, que estamos en otros tiempos. Ahora los medios de información han venido publicando diversas opiniones sobre la cuestión, por supuesto, muchas de ellas tentando quitarles importancias a la grave aberración. Dentro del libre albedrío creemos oportuno también demostrar nuestras consideraciones al respecto.

Empezaremos diciendo que estuvimos estudiando en un colegio dirigido, como se decía entonces, “por curas”, hoy se dice mayormente “por religiosos”. Al llegar a cierta edad, a pesar de que constantemente éramos amenazados, vetados por ser todo “pecado”, hasta que nos dimos cuenta de que eso no existe como tal. Así pues, en aquellos ambientes de misas, confesiones, comuniones, rosarios…, sabíamos lo que estaba ocurriendo. Observábamos que ningunos de ellos estaban interesados en mujeres. Todo lo contrario, veíamos que algunos de sus “reverendísimos” daban tratamientos “especiales a chavales guapotes o afeminados. Los llevaban para “clases de refuerzos”, lejos de nuestras vistas y hasta en sus propios aposentos. Casi todos sabíamos lo que estaba ocurriendo, pero nadie podía tocar en ese asunto considerado tabú hasta por los adultos; aún más en aquel tiempo dominado por el nacional catolicismo.

Décadas posteriores, con la libertad por lo menos en el papel y ya peinando canas, hablando con individuos que conocieron de cerca esas “catacumbas” de la organización cristiana, confirmaron aún más nuestras sospechas. Dentro de aquellos colegios enclaustrados, conventos, seminarios católicos conviven conjuntamente tres grupos distintos de hombres. El primero y minoritariamente está formados por aquellos que entregan sus vidas a su supuesto Dios, el fanatismo religioso no les dejan pensar en el sexo y nada más que en la fe. El segundo, que no es pequeño, les gustan las mujeres y no se paran en provocarlas para satisfacer sus instintos. Recodemos de pasada lo que podrían contarnos los confesionarios, aún los chistes verdes que son una realidad. El resto, que pudiera ser más de la mitad, son gays que no tienen ningún reparo en dar riendas sueltas a sus propias sensualidades, por lo que no ha de extrañar que ya hayan salido del armario…

El homosexualismo es una acción consciente de un adulto que sabe lo que hace. No es ninguna enfermedad, como la iglesia y otras entidades retrógradas nos quieren hacer ver. Nadie debe ser discriminado por eso. Pero eso sí; ¡cuidado! La cosa cambia radicalmente cuando surgen denuncias de que algunos de esos homosexuales o pedófilos, con o sin sotanas, están atacando impunemente a los chavales, aún encubiertos por sus superiores, con la omisión de la sociedad que los silencian hipócritamente, principalmente aquella que comúnmente se le conoce como “los carcas”.

Dejar a la iglesia católica, que de la manera que lo expresan no se sabe bien qué es eso; pero sí al peso de la curia, la iniciativa de tomar cuenta de esos criminales, es apostar por la absolución de los mismos, o lo que es igual, por medio del Espíritu Santo… Sabido es que los líderes clericales jamás castigan ejemplarmente a los suyos, como así debería ser por ley, a los pedófilos criminales que están en esas instituciones, pero no; lo peor es que aún nos dicen aquello de “el discípulo que más amaba…” , frase ésta que parece hoy estar más clara.

Los hechos comprueban nuestras opiniones. Después de cientos de denuncias, las cuales el papa anterior y actual demuestra nada más que: “tiene una gran preocupación, pidiendo oraciones, total apoyo, perdón para ‘esos pecadores'”, y demás chorradas. Lo que ocurre es que ya no puede engañar como en el pasado. Aquí la tolerancia cero obviamente está descartada.

Resulta que quienes dan apoyo a criminales están en contra de la ley, y de los rigores de ella nadie debe esconderse, ni mismo el actual o futuros representantes que se sientes en el trono de Pedro. Ellos conocen, pero que muy bien las cualidades y defectos de aquellos que forman parte del rebaño clerical.

Si esos indeseables elementos pueden ser tratados como enfermos (que ese será uno de los muchos caballos de batallas), y son merecedores del perdón, entonces debemos abrir las puertas de las cáceles y perdonar también a todos los violadores que allí estuvieren. La sotana, que tanto nos dijeron que “el hábito no hace al monje”, sabemos ahora con mayor seguridad su significado, aunque son pocos los que ya las llevan, aprovechan para pasar desapercibidos, no deben de servirles de protección a esos criminales.

Con ese proceder, eso nos conducen a que pedófilos culpables y confesos en vez de ser llevados a la justicia común, juzgados y condenados, son premiados con las transferencias a otra parroquias u obispados, donde seguramente continuaran violando muchachos dando continuidad a sus carreras criminales dentro de la arcaica e inexpugnable institución de “amor al prójimos…” ¡Pero de qué manera! Y todo eso con el perdón y debidas bendiciones de los superiores jerarcas y de maneras súper comprensivas, haciéndose de cuentas que nada grave e importante está ocurriendo.

Ocurre que quienes tienen el salten por el mango…, la justicia, si la hubiera, no debería tener ninguna contemplación con esos monstruos y sus cómplices. Los culpables deberían recibir como pena la castración química y los jefes consentidores prisión perpetua. Recordemos por un instante que sin motivos, pues el ser brujos, herejes, judíos, mudéjares, etc., no quiere decir nada, ellos llevaron a miles de inocentes a las mazmorras y patíbulos de las hogueras, ¿por qué no se llevan ahora a los pedófilos clericales a las “hogueras” de la justicia común también? De esa manera los muchachos podrán finalmente dormir en paz, lejos de esos malhechores y ministros que dicen ser representantes del Altísimo.

Como punto final, decirles a todos los padres de éstos u otros chavales que no se fíen de manera ninguna de sus “pastores”, que no manden a sus hijos solos a las iglesias a aprender catecismos y oraciones, ya saben lo que puede ocurrir… Pero mejor todavía, ¡que no vallan, por muy católicos que seáis…, esperad a que sean mayores de edad…

LQS – Zerimar Ilosit – Diciembre de 2006