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Año IV /

Poe en el Líbano (*)

Dice Poe: "Cambiante es la desgracia; multiforme la miseria en la tierra.
Como el arco Iris, domina el vasto horizonte con colores tan variados y al
mismo tiempo tan distintos pero íntimamente confundidos, como los de aquel".

Que melancolía tan honda, tan profundamente arraigada en el alma. Nunca
crecerá con estos colores en espíritu alguno. Su narración Berenice, es un
feroz parábola. Para Egaeus solo son reales las sombras, las obsesiones, los
fantasmas. Lo que denominamos real, las formas del tiempo y el espacio,
dadas por los sentidos, son solo objeto de meditación y extrañamiento.

Cuando Berenice que lo ama, se transforma en fantasma, para Egaeus se
transfiere al campo de lo "real". Pero de Berenice solo destellan sus
marfilineos dientes: la obsesión psicótica de Egaeus pulveriza lo "real",
hasta rebajarlo al destello de aquellos - dientes. Así, cuando en un acceso
de furor demoníaco, - en trance hipnótico - viola tumba y cadáver, llevara
junto a sí los dientes de su amada prima Berenice.

La naturaleza está llena de Dioses decía Heraklito, soplando sobre las
llamas que alumbraban su caverna. Pasad, invitaba a los viajeros, "que aquí
también viven los dioses". En los laboratorios de alta ingeniería genética,
en los bancos de datos, en las formas de comunicación planetaria que adoptan las formas de comunicación computarizadas, no hay símbolos ni grafías que recuerden a dioses.

Como en la parábola de Poe, hemos triunfado sobre los sentidos y convertido a la naturaleza, en los dientes de Berenice. Desciframos antiguos códigos, desenterramos los misterios de sepultadas culturas, realizamos milagros en la gramática comparada, en las ciencias del signo, pero por ningún lado encontramos algo que nos revele que la tierra sea hoy más que ayer, benévola residencia para aquel que lleno de méritos desafía la cólera de los dioses.

Entre el habitar y el construir, el abismo se ensancha. Por doquier sin
embargo el saqueo. Egaeus, símbolo del espíritus y de la razón, a soplado y
violentado todos los sepulcros, dejando a su paso solo ardientes cenizas,
como testimonio de ímpetu demoníaco del espíritu que todo lo inflama.

A las correspondientes diferencias en lucha, se opone hoy al terror de la
homogeneidad y lo indiferenciado, el de la diseminación y lo fragmentario.
Un nuevo orden lucha por aparecer en la tierra, una nueva forma de dominio que previó Poe en sus alucinaciones poéticas. La poesía contra la
realización - la desaparición del hombre -, virtualizado en la historia como
espíritu que se sabe a si mismo. La técnica es el mutante del espíritu
vuelto contra sí mismo.

Por todas partes Egaeus ha colonizado, sometido los dientes de la hermosa
Berenice, -símbolo del misterio de la naturaleza - de las demoníacas, sin
respetar lo difer-ente, credos, religiones ni razas. A las crueldades
propias de ciertos tribalismos, a agregado la crueldad y voluptuosidad de la
culpa.

Es ésta la hora de Egaeus, es éste su triunfo, la triste hora en que levanta
vuelo - huyendo de sí misma - la fabulosa ave de Minerva. Detrás de las
satánicas argucias del espíritu jurisprudencial, arde el infierno de un
desierto que crece: el obstructor nihilismo al cual aún no hemos entrado, y
del que por lo tanto podremos quizá salir. Este invisible peligro, abona el
de la destrucción total, en pro de las garantías de paz entre naciones,
pueblos y estados, que solo deben producir más, para alcanzar el blanco
desierto del equilibrio prometido. Salir del laberinto de la historia
suprimiendo la historia.

Sofistica del demonio que pide a la teología demuestre la inexistencia del
mal, para mejor promover entre los hombres la esperanza de una escatología cumplida. Fin no significa cesación. Solo imposibilidad de ir más allá.
Significa planificación de acuerdo al stock de fuerzas de que dispone el
espíritu para hacerse con los últimos depósito de energía de que dispone el
planeta - totalitarismo supremo de la razón -, de un estado que se dispone a
entrar en una penúltima etapa de estabilidad, en la cual ningún extravío,
ningún adviento, ningún acaecimiento propicio hablará al hombre en forma de parábola poética.

Egaeus a dejado de lado su noctambúlica actitud melancólica. Desde
sofisticados visores, atento a los últimos síntomas de la locura religiosa
de la técnica, no ha podido extirpar de la tierra, el fantástico reservorio
de los mitos que accedían a la razón y jaquean un nuevo Estado Universal,
apuntalado por el inmenso panóptico de la informática. A pesar de ello, y a
plena luz del día, se dispone a lanzar su última ofensiva para desenterrar
de olvidadas catacumbas, los marfilineos, perfectos, increíbles dientes de
Berenice.

Oscar Portela, para Loquesomos.org
Agosto de 2006



(*) Escrito durante la Guerra del Golfo Pérsico  también llamada "tormenta del desierto": eliptica descripción de la esencia de una voluntad con sueña con apoderarce - múltiples motivos – con la hegemonía del planeta.

Sobre el autor:
Oscar Portela, nacido en la provincia de Corrientes ( República Argentina)
el 5/13/50, es considerado hoy por las más importantes voces de la
literatura de su país, como una de las más potentes voces de la poesía y el
pensamiento latinoamericano.
Doce títulos de su obra poética editadas (Senderos en el Bosque, Los Nuevos Asilos, Memorial de Corrientes, La Memoria de Láquesis, Claroscuro, etc), y obras ensayísticas en las que se ocupa preferentemente del pensamiento filosófico contemporáneo, (Nietzsche sonámbulo del día), le han valido la consideración de importantes pensadores de su país.

Ha publicado en España, México, Venezuela, Paraguay, y casi todos los medios de prensa de la Argentina y dictado conferencias en España, Paraguay y provincias Argentinas. Asimismo es especialista en critica e historia del cine y es autor de letras de obras musicales en su mayoría inéditas.