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La Calle
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| Año V. / | |||||
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¿Que es religión? ¡Eso mismo! ¿Qué hostias (con perdón) es la dichosa religión? Para cualquier ateísta y libre pensador es un conjunto de absurdos y complicados “dogmas”; es decir: puntos fundamentales e indiscutibles, actitudes arrogantes de afirmación sin pruebas contundentes. Obviamente, no nos quita el sueño, aunque tengamos que estar siempre en guardia debido a los prejuicios que trae a la humanidad. Para poner un ejemplo, los que vivimos en occidente sabemos lo que es el cristianismo y en particular el catolicismo y a eso vamos. De la misma manera que ellos, los jerarcas de todas la cristiandad llevan siglos insistiendo que fuera de la religión, por supuesto la que representan, no hay salvación, una ves más y todas las que sean necesarias, hagamos un pequeño análisis de lo que es en concreto esa poderosa organización mundial. No vamos a entrar en los pormenores de los dioses y su cohorte celestial, eso queda para otra oportunidad, pero sí en el concepto Humano como sapiens que somos. La religión (las religiones), es un reflejo anormal, fantástico y muy particularmente rondando, en la mayor parte de los casos, el fanatismo en las cabezas de los hombres, en la fuerza de la naturaleza y sociales que los dominan. Según los grandes pensadores desde los griegos hasta llegar a la actualidad, ella es una variedad de opresión espiritual que ocurre en todos los pueblos, sobre esas masas populares abrumadas por un trabajo perpetuo en beneficio de otros; por la miseria y por el estado de aislamiento en que se encuentran. Los rasgos esenciales de toda religión son la fe y las fuerzas sobrenaturales a las cuales se les atribuyen la dirección del mundo y lo oculto de esas mismas fuerzas. La religión y la filosofía idealista tienen ejemplos comunes y los mismos orígenes específicos: ambas separan de la naturaleza los conceptos y las ideas; ambas personifican y espiritualizan las fuerzas de la naturaleza. El idealismo filosófico es una forma y un medio de defensa de la religión. Lejos de serena eternas, las creencias religiosas a sin como el culto a las instituciones (iglesia y estado) que las aseguran, nacen y subsisten en condiciones históricas determinadas. Durante un periodo muy prolongado, posiblemente milenios, los hombres no tuvieron religión. La aparición de las creencias religiosas en la sociedad primitiva se hizo posiblemente dentro del desenvolvimiento del pensamiento y de la lengua articulada. La religión representaba la impotencia del hombre primitivo antes los fenómenos de la naturaleza, temibles e incomprensibles por él. Esta incapacidad colocaba en la cabeza del hombre primitivo ideas sobre la existencia, en el mundo circundante, de seres particulares, sobrenaturales, capaces de ayudar a los hombres o de castigarlos con calamidades. Después de haber personificado los objetos de la naturaleza y de haberlos dotado de una fuerza sobrenatural, el hombre salvaje tentó actuar sobre ellos por medio de la magia, encantamientos y ritos. En todas las religiones modernas hay elementos de magia. En la sociedad de clases, las creencias religiosas tienen un su esencia, orígenes de clase. La incapacidad de los hombres ante los procesos espontáneo del progreso de la sociedad donde reina la expansión, inventa inexorablemente la creencia en los milagros, en una vida mejor para el más allá. La opresión social de las masas, el enfrentamiento al capitalismo, que cada ves causa más sufrimientos horrible, crueles y perpetuos tales como las guerras, enfermedades provocadas por bacterias de laboratorios, contaminaciones ambientales desastrosas que son cada ves más frecuencias e insistentes; añadiremos las naturales que ya nos lo están pareciendo, como son los terremotos, volcanes, etc., cada ve más prodigiosos. Es ahí donde él tiene que buscar las raíces más profundas de la religión. Frente a ese panorama de calamidades y tormentos naturales y provocados por un régimen de explotación, los hombres buscaron y continúan buscando la salvación en fábulas absurdas y en supuesto dioses, paraísos, reinos celestiales, que el clero y sus sectas difunden. Siendo uno de los elementos de la superestructura, la religión desempeña un papel activo en la consolidación de las bases económicas correspondientes del régimen fundamentado en la explotación del hombre por el hombre. Las religiones siempre han desempeñado y continúan, un papel reaccionario: ellas consagran la incapacidad de los hombres frente a la naturaleza y sirve de instrumento para oprimir a los trabajadores. Ella predicar la sumisión y la resignación, la renuncia a la lucha por la transformación del mundo, etc., en nombre de una supuesta recompensa después de la muerte: “en el otro mundo”, las religiones contribuyen al reforzamiento de la dominación por parte de la burguesía. Conocemos la frase que ha revolucionado el mundo de los obreros: “la religión es el opio de los pueblos”. La religión trata de convencer a los hombres de que lo que pasa en la naturaleza y en la sociedad es la voluntad de los dioses, desdeñando las leyes objetivas que rigen los fenómenos, negando la posibilidad de reconocer al mundo. La religión impide a los hombres penetrar en las leyes inmutables de la naturaleza y sociedad y utilizarlas en sus propios intereses. La religión ha sido y continúa siendo enemiga número uno del progreso y bien estar social. El avance científico destruye las causas materiales y espirituales que mantiene las creencias religiosas. Al abrirles los ojos de la mente a los hombres, desaparecen las condiciones que sustentan a la religión. Sin embargo, no puedes eliminar de una ve los prejuicios religiosos en las conciencias cuyas evoluciones se retraen con respecto a las condiciones materiales de la vida. Es pues que por eso los prejuicios religiosos permiten dominar, expandirse, triunfar, como vestigios del pasado en las conciencias de los individuos atrasados, o aún peor, en aquellos que tienen un grado de cultura medio o grande, que es mucho peor. Los intelectuales, los libres pensadores y ateos, deben, de una manera u otra continuar la labor de hacer ver a las masas de ciudadanos, principalmente en las cacareadas campañas electorales, de detectar si los candidatos pertenecen directa o indirectamente a una determinada congregación religiosa, no votarles, aún más, denunciarles por engañifas y agresiones pues resulta que en muchas constituciones denominadas democráticas dicen que el estado es aconfesional y una ves en el poder son las propias instituciones religiosas las que llevan las riendas del país. Que el hombre sea creyente o no, eso es asunto e incumbencia de cada cual. Sin embargo, el estado tiene una determinada vanguardia, vigilancia e intereses hacia los ciudadanos por lo que no debe tener un neutro respecto por las religiones que imperan en el país, pues ellas representan una forma de expresión espiritual y material que si las dejan terminan por dominarlo todo. Las experiencias hablan por si solas y se están viendo todos los días en los medios audiovisuales. Es pues lógico que el estado, dentro de los respetos hacia las religiones deben in manciparse de las supersticiones y adquirir una concepción científica y progresiva de mundo y de sus ciudadanos. Pensamos que una de las maneras en quitarles protagonismos, poderes y grandes ganancias en acumular riquezas a esa lacra, que no ha sido inventada ahora y si hace muchos siglos y viene azotando a la humanidad con sus ignorancias, es tenerla vigilada e inculcarles a los pueblos la educación adecuada para no caer el ese opio. LQSomos. Zerimar Ilosit. Junio de 2007 |