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Año V. /
Recordando a Santiago Ramón y Cajal

El pasado año, Aragón celebró el año Cajal, con motivo de cumplirse el centenario de la concesión del Premio Nobel de Fisiología y Medicina al científico y escritor Santiago Ramón y Cajal, nacido en Petilla de Aragón en 1854 y muerto en Madrid en 1934.

En estos tiempos de recrudecimiento de las supersticiones monoteistas (cristianismo, judaísmo e islam) puede resultar curioso recordar algunas frases de este hombre de ciencias y letras. Entre su numerosa y fructífera obra figuran textos científicos, libros de ensayos sociológicos, libros de memorias y, menos conocidos, relatos literarios que bien podrían clasificarse en los aledaños de la por entonces naciente ciencia-ficción que, en el caso de nuestra autor, tenían una clara intención didáctica, al objeto de combatir falsas creencias y, justamente, supersticiones de diverso tipo.

Recordemos también que, en su firma manuscritas jamás utilizó el "y"; era simplemente Santiago Ramón Cajal. No gustó nunca de pruritos aristocráticos, pese a que, veinte años después de su muerte, el franquismo quiso "recuperarlo" concediendo a sus descendientes un título de nobleza que él sin duda hubiera rechazado.
Pero vamos a recordar algunas de sus frases, recogidas de ese ramillete de obras literarias a que nos acabamos de referir.

La idea del alma - dejó escrito - es un parásito tenaz que nos hace desgraciados.

Lejos de mi la tentación criminal de arrancar al hombre los itos padosos y alentadoras leyendas en los cuales encuentra beleño para el dolor, fortaleza y constancia para el trabajo, resignación y valor ante la muerte. (Texto de la novela "La casa maldita").

Raspad un poco en la corteza del creyente y aparecerá el salvaje.

Pese a nuestra excelsa naturaleza espiritual, el discurrir da de dolor.

Ramón y Cajal, Euskadi y Cataluña

Volvemos sobre Ramón y Cajal, histólogo eminente y excelente escritor. Entre sus múltiples libros, hemos repasado recientemente el titulado El mundo visto a los ochenta años, escrito en los años de la II República. Como patriota nacionalista español, bien que de talante abierto, liberal y profundamente reformista, Ramón y Cajal no pasaba por otros nacionalismos, como el vasco o el catalán, a los que critica acremente en el capítulo XII de este libro.

A los sectores populares enmarcados en tales corrientes les llama "masas fanáticas", se rasga las vestiduras por "los ultrajes reiterados a la sagrada bandera española" y por las, según él, "manifestaciones... francamente separatistas" que se dan en Cataluña. Habla de la "ingratitud incomprensible de los vascos, niños mimados de Castilla".

"No me explico - escribe - este desafecto a España de Cataluña y Vasconia", aunque no se muestre contrario a "la concesión de privilegios regionales, pero a condición de que no rocen lo más mínimo el sagrado principio de la unidad nacional".

Como ven, quizás demasiadas cosas "sagradas" para tratarse de un científico. Pero no vamos a ir por ahí.

Vamos a sus razonadas, humanísimas e inteligentes conclusiones.

"A pesar de todo lo dicho - continua - esperamos que en las regiones favorecidas por los Estatutos prevalezca el buen sentido, sin llegar a situaciones de violencia y a desmembraciones fatales para todos".

Y concluye (¿sorprendentemente?, no para quien conozca su obra y su talante):

"Pongámonos en lo peor. ¿Qué debemos hacer si, desengañado nuestro optimismo, dos o más regiones estatutarias se declaran plenamente independientes?... en los tiempos aciagos en que vivimos, dos guerras civiles equivaldrían la bancarrota irremediable de España y a la consiguiente intervención extranjera... Fuerza es convenir que la fuerza, aplicada a las pugnas intestinas de un país no resuelve nada. Enconaría las antipatías y cerraría el paso a soluciones de cordial convivencia... Yo, si me asistiera el talento político y fuera diputado a Cortes, propondría pura y simplemente la separación de las regiones rebeldes (el subrayado es de Ramón y Cajal), separación amistosa y hasta acompañada de algunas compensaciones fiscales".

Evidentemente, a Ramón y Cajal, patriota español con visión no le hicieron ni puto caso la mayoría de sus com-patriotas españoles, y así estamos todavía hoy.

No hay mejor manera de prolongar un problema que darle soluciones falsas, ya se opte por la brutalidad militar (levantamiento fascista del 18 de julio de 1936) o por el fraude político (transición monárquica).

LQSomos. Kevin Vázquez. Octubre de 2007
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