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Año V. /

Respuestas a los creyentes

Es interesante tener unos debates coloquiales y amenos con los creyentes, principalmente católicos, pues son los que, querámoslo o no, nos han tenido sometidos durante siglos a sus albedríos aunque ya no lo estemos, aún continúan sometiendo a más de medio mundo. Pero resulta que son siempre ellos los que más nos llama la atención para cosas que aún así no nos habíamos planteado. Obviamente, al tener conocimientos de los hechos es que vamos tapando esos “agujeros” dogmáticos e misteriosos aunque no lo quieran reconocer con nuestras razonables argumentaciones.

Por supuesto, sabemos de ante mano que no les convenceremos de nada, aunque mirándolo objetivamente, tampoco son nuestras intenciones el cambiarles sus pensamientos ni los de nadie, menos aún en cuestiones religiosas o políticas. Como se ha dicho al comienzo, conviene que haya unos intercambios de pareceres, mismo que al final ocurra lo de siempre, que quedemos con las cabezas frías y los pies calientes…

Conociendo el percal, ocurre que cuando la religión entró en sus cerebros, sea a la temprana edad, empezando por el bautismo, o ya adulta, ellos se cierran para cualquier argumento que pueda analizar sus creencias en lo contrario, o en lo racional. Ellos, al encontrarse en el mundo actual no desenchufaron totalmente sus cerebros, pues son aún capaces de discutir sobre fútbol, política, aceptando las opiniones contrarias de los otros, etc... Debaten problemas de geometría, matemáticas y llegan al entendimiento que sus ideas iniciales no son correctas. Pero si el asunto es sobre religión, nada les hará cambiar de postura. Ellos están en lo cierto, los otros totalmente equivocados. Obviamente, con eso no queremos afirmar que nosotros tengamos todas las verdades o razonamientos, sean estos los que fueren, en nuestras manos. El errar es de humanos y el rectificar de sabio.

Las posibilidades de que los creyentes puedan estar equivocados les parecen absurdas. Ellos pueden reaccionar diciéndonos que si se ponen a debatir algún tema es porque creen rotundamente que nos van a convencer fácilmente. Sus “verdades” son tan “evidentes” que no hay posibilidades algunas en que puedan ser rechazadas o debatidas.

Venimos discutiendo con los creyentes ya hace algunos años, pues anteriormente no era posible por cuestiones obvias y más aún en un feudo que infelizmente perdura. Ahora llegaremos a la conclusión de que hay una “situación” común en todos los casos. Veamos en lo que consisten.

Ellos se muestran sorprendidos, hasta obstinado con el factor de que nosotros no creamos en Dios y que es muy probable que Jesús nunca haya existido. Nos preguntan los motivos que nos llevaron a “repudiar” al denominado Salvador. Ellos confirmaran rotundamente, mismo que no nos conozcan, que somos unas personas amargadas y tristes, con muchas indignaciones y repulsas en nuestros corazones.

Por supuesto, les presentamos nuestros argumentos. Explicamos que no es posible repudiar una cosa concreta en la cual no creemos, y que en ningún momento estamos amargados ni enojados por esa falta del dogma de fe, en el caso concreto católico.

A todo eso, en ves de contéstanos con ideas claras y objetivas bajo el concepto humano de la razón, empiezan dando citaciones bíblicas y evangélicas, las mismas que ni ellos saben explicar correctamente, aún a sabiendas que nosotros no creemos nada de lo está escrito en esos libros, menos aún al decir que están escritos e inspirados por el Dios de Israel. De todas las maneras el resultado sería el mismo si nos citaran el Corán, los Vedas, la Torá, o sea, ninguno nos son válidos. Por otro lado, si conseguimos mostrarle algunas páginas, (por no decir todas), de los citados y engaños amanuenses, llegan a corregirnos, pero aún argumentando de que todo lo allí narrado es la auténtica verdad, por el solo hecho de que “constan en la biblia y evangelios”. La realidad de los hechos es que tendrían que probar otras muchas cosas también.

Seguiremos insistiendo y citando otros pasajes en lo que dicen todo lo contrario a lo que viene diciendo ellos. Acostumbran a replicar que eso que hemos citado son cosas excepcionales o particulares; que solamente se les explican a unas determinadas personas, caso fuesen válidas en aquellas épocas.

Es demostrable que la biblia y evangelios están llenos de tonterías, asnerías y contradicciones bajo el concepto del raciocinio. Ellos confirman que nosotros todo lo entendemos erróneamente, otro…, y así de ésta manera continúan con las retahílas que terminan sin saber si están defendiendo la biblia o evangelios de los líos que se montan. Pero el quid de la cuestión es que no van a conseguir explicar por qué sus interpretaciones, y no las nuestras, son las que están ciertas o equivocadas.

Aunque con dudas, por motivos de razonamientos, puede ser que algún día consigamos convencerles, mejor dicho, llevarlos por el camino de la realidad de la vida, de que hay cosas estúpidas e inaceptables en esos denominados libros sagrados. Pero insistirán en que es obvio considerar tales “contextos” en los cuales Dios quiso transmitir que nosotros no tenemos dignidad ni fe para entender sus hechos, por lo que debemos acatarlos tal cual él los promulgó sin discusión.

Insistirán en hablar de curas inexplicables, intentaran, sin éxito, convencernos de que Dios crió el Universo en 6 días, descansando el séptimo, porque se hallaba muy cansado. Continuarán reiteradamente diciendo que la evolución es una mentira más de los ateos. A todo eso nos demostrarán un montón de textos “sagrados” pero muy ridículos tentando probar sus afirmaciones, aunque ellos quedarán muy enojados cuando empecemos a rebatirles punto por punto de las inmensas incoherencias que contienen.

Los creyentes, algunos, talvez hasta pueden que admitan que las religiones solo han causado problemas sin olvidar las guerras religiosas y políticas con sus infinidades de crímenes y ganancias de dineros, pero ahí alegaran que ellos solamente siguen las palabras de Jesús, no las religiones e intrigas creadas por los propios hombres.

Llegado el momento en que las cosas se complican para su lado, ellos comenzaran a responder como si no hubiesen escuchado nada de lo que estamos hablando, es decir, se hacen los tontos, los desentendidos. Por lo que en algunos casos llegaran hasta la distorsión de los hechos o palabras. Concretamente son sus cerebros (lavados) los que se recusan a examinar conceptos que contradicen los dogmas que entraron en ellos, por lo que nuestros razonamientos les parecerán tan absurdos, tan blasfemos que ni siquiera llegan a pensar en ellos, cuanto menos en argumentarlos.

Si seguimos debatiendo, mas tarde o temprano también saldrán con la letanía de que: “Saben la verdad porque Jesús les habló personalmente”. Pueden que nos respondan a algunas de nuestras interrogaciones pero alegando que no tienen más tiempos, etc. O entonces apenas dirán que nosotros iremos al infierno o estamos poseídos por Satanás. Y de esa u otras maneras, sin mayores explicaciones saliéndose por la tajante, no responderán absolutamente nada.

Lo que los creyentes deben entender es que no estamos insistiendo ni persiguiendo a que abandonen sus creencias. Sabemos que la desconversión tiene que venir de muy adentro. Son unos procesos muy lento y que solo lo consiguen unos pocos, sin que la persona en ningún momento tenga planeado el ser libre pensador. Nuestro objetivo es que ellos acepten que su punto de vista (fe) no es obvio para los demás. Reconocer que los ateos no “sienten esa espiritualidad” y que su Dios no “habla” con nosotros, es por lo tanto de razón el que no lleguemos a creer en nada que venga de una determinada religión.

Sin embargo, decir que nosotros los libres pensadores y ateos somos unos monstruos, depravadores, revoltosos y todas esas letanías que nos quieren colgar cuando no hemos hecho nunca una guerra, las cruzadas ni inventado el Santo Oficio. Somos personas normales, tenemos sueños, esperanzas, objetos a alcanzar en la vida, desengaños, estudiar, tener empleo bien remunerados, el casarse, tener hijos, nietos... Somos humanos, nada más, pero que pensamos con otros conceptos y éstos acorde con la Inmutable Naturaleza.

Pero es aquí algunas de las manifestaciones de los creyentes, que solamente piensan con el dogma de la fe, si eso se puede considerar pensar, pues es habitual recibir contestaciones o críticas como la que sigue, dentro de la libertad que nosotros proponemos.

Dice así:

Estos mensajes ateístas no nos afectan, ni física, ni psicológicamente, ni personal, ni comunitarias, pues cuando la persona es VERDADERAMENTE CRISTIANA, por lo que tiene una vivencia personal con Cristo, no hay conceptos que nos hagan rendirnos a esas actitudes ideológicas.

No aceptamos las ideologías ateístas porque personalmente conocemos a Cristo Rey, que se encuentra vivo en nuestros medios. Él dijo en sus evangelios: “Pedir y recibiréis; buscar y encontrareis; llamar y se os abrirá las puestas…”

Para vosotros, los ateos, que no habéis tenido las experiencias con nuestro Señor Jesucristo, y con su Santísima Madre la Virgen María, el adheriros a las falsedades ateístas es porque no conocéis las Verdades Reveladas, no han tenido un contacto personal con él.

Podemos confirmar que el más que menos hemos tenido esa magnífica experiencia personal de la vida en Cristo. No frecuentamos las iglesias por los curas, obispos, cardenales, papas, pero sí porque un día recibimos a la propia persona de Jesucristo con el bautismo del Espíritu Santo. Eso es lo que nos dice los evangelios, el que todos seremos bautizados con agua, pero también bautizados en el Espíritu Santo.

No debemos vivir solamente la vida material que el mundo nos ofrece y que el mismo DIOS CREÓ, debemos sí vivir ésta vida material con él. Con toda seguridad el mundo será para nosotros, los bautizados, bastante diferente.

Para que seamos elegidos por Dios tenemos que tener comunión con él. Si no abrimos nuestros corazones para él, jamás tendremos oportunidad de conocer a Dios.

Os hacemos aquí y ahora un desafío, tened el coraje y hagáis un propósito: Poneros delante de una imagen, de un crucifijo y hablarles abiertamente desde dentro de vuestros corazones y decir: “Cristo, si eres verdaderamente el redentor de los hombres y de éste mundo, nosotros que no te conocemos pedimos que te presentes ahora en nuestras vidas y nos mande una señal de tu existencia y grandeza. Quedaremos convencidos si recibimos esta nuestra súplicas”.

Tenemos la absoluta seguridad de que jamás quedareis sin respuestas.

Creemos que estos mensajes enviados por creyentes vía e-mail, ya que los gloriosos tiempos de estampitas han sido casi olvidados, son impertinentes en nuestras cajas de correos. Pero son uno de los nuevos modelos de predicar “el evangelio” y no como en tiempos no muy pretéritos que lo hacían por medio del Santo Oficio. Aunque si lo miramos más detenidamente, ellos, los creyentes no saben, no les interesan saber lo que fue y aún lo es, pues la fe se lo impiden, su santo cristianismo... ¿Mejor así? ¡Qué pena!

LQS. Zerimar Ilosit. Enero de 2007