|
La Calle
|
| Año V. / | |||||
| Seguimos con el hambre en el mundo Siguiendo con el monográfico de cómo está nuestro mundo en la actualidad, más allá de nuestras gafas, y con mi costumbre de dedicar sábados y domingos a lo que otras plumas escriben, les ofrezco una miscelánea, mía y de otros. Seguimos con el hambre: “(…) Está el hambre de los que no tienen nada y el hambre de los que nunca tienen suficiente; el hambre de los que quieren algo y el hambre de los que quieren siempre más: más carne, más petróleo, más automóviles, más teléfonos móviles, más imágenes, más juguetes y -también- una moralidad superior.(…)” Para leer el artículo entero, cliquen aquí Naciones Unidas, aprobó el 16 de noviembre de 1974 “La Declaración universal sobre la erradicación del hambre y la malnutrición” (cliquen aquí para leerla) Pero al igual que sucede con sus otras declaraciones de derechos y de erradicaciones, el hambre se expande y crece lo mismo que los derechos –todos- se conculcan y vulneran continuamente e inexplicablemente, son las naciones más poderosas (Por ejemplo EEUU) quienes más los pisotean… Hay una cosa que a mí se me escapa, verán, resulta que la Organización de Naciones Unidas, está compuesta por eso: por Naciones. Por muchas Naciones. Por casi todas las Naciones que hay en la actualidad en el Planeta. Exactamente por 192 Naciones… La asamblea que aprueba sus declaraciones, resoluciones, comunicados y demás, son esas mismas Naciones. E, inexplicablemente, son esas mismas Naciones, las que convierten en papel mojado –por incumplido- todos esos legajos y documentos. Esas mismas Naciones, son las que se marcan objetivos como los del milenio –que eran objetivos para ser cumplidos en el 2000, tales como “salud para todos” “erradicación del hambre”, “erradicación de la pobreza”, “erradicación de enfermedades”, “erradicación de la pena de muerte”, etc. Objetivos que, por incumplidos, en lo referente a enfermedades, hambre, pobreza y salud para todos, fueron postergados al 2004, luego al 2015, y ahora al 2050… No sé a ustedes, queridos lectores, que les parece esto; pero a mí me parece que algo –y es un “algo” demasiado “mucho”- falla en esa Organización. Pero hay algo que quizá explica esta paradoja de Perogrullo: Cinco de las Naciones fundadoras de la Organización de Naciones Unidas, que forman parte de manera permanente de su Consejo General –que es quién en realidad decide-, tienen derecho a veto. Cualquier cosa que por un motivo u otro no les encaje en sus planes, la vetan sin más. Sin rubor ni temblor. Esos cinco países son: EEUU, Rusia, China, Reino Unido y Francia. ¡He aquí la madre del cordero!. ¿Liberalizar productos agrarios y que los países empobrecidos tengan un libre comercio real? Pues nada de nada: veto de EEUU. ¿Pena de muerte? ¡Idem del lienzo!. Bueno, y si no son los EEUU, pues es otro de los cinco, así que ya pueden decir y proclamar los 189 restantes, ¡qué si quieres arroz Catalina!. ¿Y qué decir de lo que ocurre cuando se manda ayuda humanitaria a emergencias de hambre, de pobreza, etc.? Los sacos son sustraídos por, bueno, a saber por quienes… Dicen que por bandidos y mafias… Cuando yo estuve allí, no sólo eran “bandidos” y “mafias” quienes sustraían los sacos de medicinas y comida, aunque a juzgar por los hechos, hay ejércitos nacionales y estamentos gubernamentales que no se diferencian mucho de los bandidos ni de las mafias en sus actuaciones. Pero ¡esas naciones –incluidas aquellas en las que yo estaba- también formaban parte de Naciones Unidas!. Entonces, ¿a qué se juega en esa institución? ¿Es realmente útil –tal y como es- a los fines que persigue? “(…)El hambre cuesta millones de vidas y miles de millones de dólares, según el informe de la FAO sobre el hambre. El hambre crónica abruma a 852 millones de personas en todo el mundo. 8 de diciembre de 2004, Roma/Johannesburgo/Nueva York/Santiago/Estocolmo/Tokio -- Según el informe anual de la FAO sobre el hambre: El estado de la inseguridad alimentaría en el mundo (SOFI 2004), el hambre y la malnutrición producen un enorme sufrimiento a las personas, por su causa mueren más de cinco millones de niños al año, y tiene un costo para los países en desarrollo de miles de millones de dólares por la pérdida de productividad y de ingresos nacionales. "Cada año, más de 20 millones de lactantes nacen con insuficiencia de peso en el mundo en desarrollo", informa la FAO. Estos bebés corren más peligro de morir en la infancia, y aquellos que sobreviven a menudo padecen discapacidades físicas y mentales durante toda su vida. .(…)" (cliquen aquí para leerlo entero) Cómo pueden comprobar, este texto data de 2004. En 2007, la cosa no ha cambiado mucho: Hay más hambre en el mundo y se sigue “investigando con grandilocuencia y rigor”. Se habla mucho, se propone más, se aprueban resoluciones, se escriben libros y… ¿Qué se hace? Lamentablemente MUY POCO DE LO QUE EN REALIDAD DEBERÍA Y PODRÍA HACERSE. En realidad, de lo que se trata, lo que verdaderamente hay que hacer, lo dicen y promulgan organismos que forman parte de esa misma organización de Naciones, pero las Naciones siguen sin hacer ninguna otra cosa, salvo seguir “investigando y hablando de lo que hay qué hacer” y postergándolo con vetos que lo paralizan... "¿Libre comercio y libre mercado reales para los países empobrecidos? ¡Nooo, que va, perderíamos mucho dinero, nos sale más barato seguir gastando en AYUDA de emergencias puntuales y sobre todo, nos sale más barato dejar que se mueran…!” Bueno, no sé si realmente se dicen cosas así o no... Para mí, y a juzgar por los hechos, -aunque no lo expresen textual y explícitamente-, digo yo que es esto lo que deben pensar, decir y hacer. Cuba, contra todo pronóstico, ha vencido al hambre y así lo reconoce la FAO. Es curioso que un pequeño país que sufre en sus carnes ese injusto y genocida bloqueo económico decretado y mantenido por EEUU, haya podido lograrlo con sólo quererlo y con el esfuerzo de ese gran pueblo cubano que lleva en su sangre la revolución le guste o no al mundo llamado “libre”. Finalmente, les invito a leer dos artículos sobre el tema que nos ocupa, clicando aquí y aquí Más artículos de la autora |