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La Calle
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| Año V. / | |||||
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Ser madre No hay nada mejor que la relación de afecto y cariño entre la madre y el hijo. Según la medicina psicológica, esta integración es fundamental para el desenvolvimiento del niñ@, en los que pueden añadirse aspectos positivos y negativos dentro de los primeros meses de su evolución. Para ella, es necesario que haya un equilibrio en ésta relación, posibilitando que el bebe reciba amor y seguridad para así poder crecer y seguir el ciclo de la vida. Como es bien sabido, el ser humano es incapaz de ser independiente posterior al nacimiento, muy diferente de los otros congéneres que no evolucionaron equitativamente, debido a la prorroga de su fase embrionaria en periodos posterior al parto. Entonces, además de los 9 meses intrauterinos, vive aún cerca de 1 año dependiendo única y exclusivamente de la madre. De esta manera el niñ@ vive el inconciente de la madre al estar conectado a ella físicamente y psicológicamente. Finalizada esta fase, el hijo inicia su proceso de separación conjuntamente con la formación y el fortalecimiento de su propio ego. Por eso los primeros meses de vida son muy importantes en esa relación efectiva entre madre e hijo. En ese periodo la figura materna pasa todos sus sentimientos a través de actitudes y efectos al hijo, que inconscientemente capta todas las enseñanzas y empieza a crearse la forma de su propia personalidad. Según los psicólogos, la formación del vínculo efectivo entre madre e hijo, el contacto corporal es el confort inmediato proporcionado por él, este es más importante que la propia alimentación. Para él, la formación del vínculo entre ellos es fundamental para el desenvolvimiento de una personalidad bien estructurada, más segura de sí y saludable. La comida es para el cuerpo como el cariño, el confort e el amor que están para la formación de su buen ego. Los especialistas dan un ejemplo importante. En aquellos ámbitos humanos donde los niñ@s son obligados a vivir en instituciones como orfanatos de menores delincuentes, casas cunas, etc., no tienen a alguien especial con quien establecer vínculos efectivos y emocionales. Ya Freud observó que en la mayoría de esas instituciones lo que predomina es la acción negativa. Ahí imperan reglas, obligaciones diarias, disciplinas rígidas. Estas terminan por despertar en los niñ@s más odio que amor y un profundo desespero para acoger los deseos de posibles vínculos positivos que recordarían lo que podría ser una buena relación madre e hijo. El bebé vive su formación en los primeros meses dentro de un estado de participación exclusiva, es decir, en una identificación inconsciente con la madre. Los niñ@s viven y experimentan el cuerpo de su madre como siendo ellos mismos y su mundo. No hay conciencia capaz de juicio, percepción y controle de su propio cuerpo. Entre tanto, a pesar de eso, son posibles los acontecimientos de experiencias. Ellas son vivencias a través de la unión entre madre e hijo, ya que el niñ@ está indiferenciado tanto del cuerpo como del intelecto de la madre. Por otro lado, el mundo del adulto está caracterizado por la tensión y los conflictos. Esto son necesarios en esta relación inicial al haber una base sólida edificada con confianza y seguridad, por que así el ego del niñ@ pueda encontrar el camino del desenvolvimiento saludable. La ausencia de la figura materna podría provocar una pérdida de contacto con el mundo y la deficiencia en la formación de su propio ser. La pérdida de la madre representa mucho más de lo que pudiera ser una fuente de alimentos. Para un recién nacido, hasta mismo cuando continúa estando bien alimentado, equivale algo así como si perdiera la propia vida. La permanencia de una madre amorosa que da alimentación insuficiente, no es de forma alguna tan desastrosa en comparación con aquella otra poco afectuosa que ofrece alimentos en abundancia. La madre ideal es aquella que alimenta, protege, da seguraza y permite un vínculo afectivo. Esta figura maternal posibilita al hijo un desenvolvimiento saludable, capacitándolo a enfrentar el mundo valientemente y con seguridad. Tanto los buenos desvíos como los malos podrán causar efectos perniciosos. La manera de cómo la madre lidia con los aspectos de la maternidad, por ejemplo, dispensando atención en demasía o negándola, ausentarse, mismo que involuntariamente podrán traer problemas en la formación de la personalidad del niñ@. Ese vínculo, entonces, puede ser constructivo y destructivo para el desenvolvimiento del hijo. La situación psicológica de la madre es muy importante para el desarrollo del hijo. Según especialistas en la materia el hijo inconscientemente “lee” el inconciente de la madre, de la misma manera que normalmente la madre ejerce una función reguladora al reaccionar inconscientemente la conducta inconsciente del hijo. La calidad del amor en la interacción establecerá las relaciones del individuo con el mundo interno y externo, cuando la criatura se desconecte de la madre. En cambio, el amor en exceso y posesivo refuerza y genera dependencia, inseguridad e incapacidad de enfrentarse, con las frustraciones que la vida le tenga reservada. Cuando la madre inunda al hijo con excesos de amor, haciendo todo por él, protegiéndolo contra las mismas frustraciones, acaban por volverse y ser unos grandes obstáculos en la vida del hijo. Las razones para este comportamiento de madre son varios y no núcleo de esta dudosa acción concentrándose con conflictos mal resueltos, con problemas con el marido, y como ejemplo, no amarlo o no ser amada por él; el marido puede ser más viejo; él acostumbra a estar ausente, etc. La madre, en una de esas condiciones no tiene como darle salida a su amor que transborda y que ve al hijo como una única solución. Lo llena de mimos por lo que corre el riesgo de que el niñ@ quede preso de la madre y no lo deje crecer. Existen madres cuyas genuinas capacidades de amar no son desenvueltas, atrofiadas o envenenadas y que, como compensación de su irrealización se arroja sobre sus hijos no para darle exceso de amor, mas sí para rellenar su propio vacío. Otros factores, no memos importantes, influencian la calidad de la relación inicial entre madre e hijo. Por ejemplo, el hijo fue deseado o no, si el sexo era el esperado o no, si la madre constata complejos de inferioridad en relación con su propio sexo, etc. Según los estudios sobre el tema, no hay nada más bonito que el amor entre madre e hijo, es obvio, él no nace de una hora para otra, es construido a lo largo de la interacción. Muchos aseguran que la mujer, cuando queda embarazada ya adquiere el amor materno, pero eso no es verdad. El embarazo genera sentimientos positivos y negativos. Es lógico que la madre tenga bastante amor por el hijo que espera, pero además de eso, adquiere inseguridad y miedo. Cuando el hijo nace, es que a partir de ahí el amor es realmente construido. El amor que ya existía va a continuar en esas madres que estuvieron emocionalmente equilibradas y todo aquello que pareció negativo será superado o no (insistimos, dependiendo de cada madre), y dentro de esa relación se establece el vínculo materno. LQSomos. Zerimar Ilosit. Mayo de 2007 |