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La Calle
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| Año V. / | |||||
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No hay evidencias naturales y cientificas de Dios Mientras existan religiones en el planeta tendremos que continuar demostrando la ineficacia e imaginaria “existencia” de un Dios o de muchos otros, según el concepto de cada una de ellas. Es pues que no hay evidencias naturales ni científicas, ahora ni nunca, indicando que pueda existir un personaje de esas características. No caben dudas, eso lo sabemos todos los libres pensadores y ateos y principalmente el clero de cada una de ellas, también algunos de sus creyentes, pero si alguna ves lo reconocen, cosa que no creemos, entonces se les derrumbaría todo el tinglado por lo que no sería bueno para el gran negocio que supone y representa “Dios” para todos ellos. Veamos algunos ejemplos sin tener que estrujarnos el cerebro para pensar ya que están tan claros que no entendemos porque no se dan cuenta los creyentes, en el clero sí lo entendemos. Nunca Dios ha dado o dejado cualquier evidencia de su posible existencia. Ninguno de los supuestos “milagros” del personaje de Jesús dejó cualquier evidencia física o histórica de su paso por la Tierra. Dios nunca habló con los hombres del pasado y mucho menos con los actuales y modernos, pues resulta que lo que “testifica” la Biblia y Evangelios no prueban nada físico y testimonialmente. Por ejemplo, ¿por qué él o su hijo no aparece en todas o en algunas cadenas de TV nacional o al mismo tiempo internacional, dando un mensaje racional de Paz y concordia claro para todos los hombres, principalmente para que lo entiendan aquellos que nos llevan a las guerras y ruinas? Eso sí, sin trucos por parte de las emisoras y gobiernos interesados en hacer fraudes como acostumbran hacerlos. La supuesta resurrección de Jesús nuca se ha “repetido” ante otras personas, pues como se ha dicho, los evangelios no son creíbles, y si lo “hizo” que lo repita… Las narraciones del insistente Viejo Testamento achacadas al Dios Jehová son contradictoras ante las leyes Naturas y Científicas, por lo que obviamente es un trabajo chapucero hecho por hombres primitivos, fanáticos y hasta semianalfabetos. Cuando se analizan las infinidades de oraciones y súplicas hechas desde que se inventó la religión cristiana, estadísticamente no se han encontrado ninguna evidencia de que ese Dios la haya atendido, lo que dicen de ellas son supersticiones de la ciega fe. Las gigantescas atrocidades del pasado, las recientes como las interminables guerras, cientos de holocaustos, sida y un sin parar de calamidades hechas por el hombre, (sin olvidar las propias naturales), ocurrieron y ocurren sin ninguna supuesta intervención o impedimento por parte de ese pretencioso Dios. Es bien notorio, la conclusión es obvia, debemos concordar que no hay ninguna evidencia, basada en las experiencias humanas, de que Dios pueda existir de una manera u otra. Si llegamos a pensar sobre eso como personas racionales que somos, ésta falta de evidencias son sorprendentes. Insistimos, no hay ni un poco, ni un mínimo de evidencias basadas en las experiencias humanas, después de tantos milenios, de que el “Dios”, hoy el del cristianismo, al igual que otros de cualesquiera religión del pasado y presente, hayan podido existir. Además, sabemos que: Si tuviésemos pruebas científicas de la existencia de un determinado Dios, los estudios relacionados con él entonces se basarían y se hablaría sobre “la ciencia de Dios” al contrario de “la fe en Dios”, que aún es ciega. Si tuviésemos pruebas científicas de la existencia de un determinado Dios, los estudios sobre él serían un empeño científico, por supuesto, y no un tratado de fe y teología. Si tuviésemos pruebas científicas de la existencia de un determinado Dios, todas las personas religiosas y el propio clero en general, estarían creyendo en el Dios que fue probado científicamente que existe y no el revés, en donde hay miles de dioses y religiones, cada una diciendo que la de ella es “el verdadero dios” por lo que no habiendo un acuerdo se vienen haciendo las perpetuas guerras, de una manera u otra. El motivo de esas faltas de evidencias es fácil de ser comprendida por cualquier persona imparcial y observadora. La razón primordial por la cual no existen evidencias, basadas en las experiencias sobre el Dios cristiano y los demás determinados dioses, es simplemente porque no existen, no han existido jamás. Intentamos entender las disculpas, pero no las compartimos. Veámosla. Las disculpas más comunes sobre la evidencia científica son aquellas de que nos dicen que “Dios precisa permanecer escondido”. El clero cristiano y en general las demás religiones, tientan probar la “existencia de sus dioses” diciendo algo como que: “La sola existencia del universo es suficiente para probar la existencia de Dio”. “Alguien, algún ser superior tuvo que crear el universo”. “La ciencia en sí y en relación con la religión, no ha podido explicar la auténtica creación del universo…, sí, sí, pero las teorías dadas hasta ahora no nos son satisfacen, por lo tanto, Dios ha sido su único creador”. La manera de entender como surgieron estas “disculpas teológicas” son rebatidas volviendo atrás en la historia. Antiguamente y en el transcurso de los siglos y mucho antes de la existencia de la ciencia propiamente dicha, la clase dominante, ya que presumiblemente esa ha existido desde las cavernas, conjuntamente con el ignorante pueblo que se iba formando, ellos explicarían muchas cosas que no entendían achacándoselas a los “dioses…”. Los había, aún en cierta manera hoy los hay, dioses para el sol, la lluvia, rayos, fertilidad, nacimientos, muertes, etc. Es pues que el tan cacareado libro de la Biblia y muchos otros, funcionaron y funcionan de esa manera. El sacerdocio en general explican muchas cosas que sus propios autores no entendieron, de ahí el atribuirlos a los “dioses”. Veamos unas cortas líneas del Génesis: “Y dice Dios: Esta es la señal de pacto que firmo entre yo y vosotros y todo ser viviente que estén con vosotros, por generaciones perpetuas”. “Mi arco lo he puesto en las nubes, y él será por señal de haber un pacto entre mí y la tierra”. Esta es la explicación bíblica en relación al arco-iris; una más de las miles de incoherencias de que está lleno el absurdo libro. De todos es sabido que el arco-iris son unos efectos prismáticos de las gotas de lluvia. Además, de la misma manera el citado Génesis explica el porqué los partos humanos son tan dolorosos para las mujeres; intenta explicar, sin conseguirlo, el por qué hay tantas lenguas diferentes en el mundo; y así todo en el “sagrado libro de los libros”. De esa misma manera y durante cientos de siglos hicieron que los pueblos creyeran en el origen y formación del milagro de la vida y que éste fuese un “hecho” atribuido a Dios. Desde luego, ya hace mucho tiempo también que nosotros sabemos que el supuesto Dios no ha tenido nada que ver y hacer en los origines de la vida a empezar por los inventados Adán y Eva. Sin embargo, las religiones y todo el aparato clerical insisten una y otra ves en atribuir, imponer la creación del universo y la vida a ese determinado e invisible Dios en el occidente judío-cristiano. La conclusión lógica de los hechos y como es notorio, la Ciencia no tiene aún una explicación contundente y completa de los orígenes del Universo y la Vida. Las que por ahora existen, hoy por hoy son válidas, pero no se han estancados en que ellas tengan y sean la última palabra, por lo que en cualquier momento entonces nos puedan dar a conocer ya una auténtica descubierta certera. Hasta entonces sabemos que la Naturaleza evolucionó en el Universo, y por supuesto, no lo hizo un ser absurdo e imaginario. LQS – Zerimar Ilosit – Enero de 2007 |