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La Calle
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| Año V. / | |||||
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“Sobre el tonto del pueblo y el pueblo tonto” Crónica de una dictablanda. Años ha, por los pueblos de España, podían verse a unas personas llamadas “Tontos del lugar” de quien la literatura dice “el tonto de mi pueblo come todos los días y yo no”. Figura entrañable y patética a la vez, que habla, por un lado, de esa ignorancia servil y secular de nuestros pueblos, y, también, de su retraso. Que habla de la picaresca y la burla cruel y paradójicamente, de la entrañable acogida de los pueblos de todos los suyos incluido el tonto del lugar. Cada pueblo tenía, y algunos pueblos aún tienen, a su tonto particular. Pero miren ustedes que hoy en día, el Partido Popular ha extrapolado la figura de ese tonto del lugar a todos los habitantes del país: para ellos, todos somos tontos del haba y además nos hemos caído de un guindo. ¿Por qué digo tal cosa? Pues seguidamente paso a explicarlo. Desde 1978, en mi opinión, este país ha vivido dos intentos de golpe de estado, y digo bien dos. El uno abierto y archiconocido: el del 23 de febrero de 1981, perpetrado por los militares y las fuerzas de ultraderecha. El segundo, solapado y encubierto, disfrazado de pseudodemocracia, ha sido el de la segunda legislatura del P.P. En esa segunda legislatura, el P.P. obtuvo mayoría absoluta en las urnas, cómo todos sabemos; y crecido con ello, prescindió del enano de Pujol –que así llamaban al presidente de la Generalitat de Catalunya por aquel entonces-, prescindió así mismo del PNV y de todos los que habían sido sus aliados del arco parlamentario en la legislatura anterior, y se decidió a desconocer la Constitución del 78 que otorgaba la soberanía al pueblo, a desconocer los derechos y libertades de ese pueblo, a considerar a todo ese pueblo español menor de edad y tonto de baba –o bobo de solemnidad, cómo a ellos les gusta decir-; y a dar golpes de rodillo de mayoría absoluta a diestro y siniestro. Tomaron por asalto la televisión pública e instalaron en ella a su mejor trovador: José Luis Urdaci; para que ocultara todos los datos posibles y nos cantara todas las falsedades y mentiras con las que el P.P. tuviera a bien distraernos y acunarnos; y así, nos falsearon los resultados de huelgas varias, incluso de una huelga general tras el decretazo de 2002 con el que asestaron a la clase trabajadora la peor de las puñaladas traperas. Nos quisieron lavar el cerebro con las mentiras del Jakolet y del Prestige, y nos quisieron hacer creer que ETA era la responsable del atentado del 11 de Marzo en Madrid. Pensaron que nos adormecían con aquello del “España va bien”; y dejaron a la canción infantil “vamos a contar mentiras” a la altura del betún. Esa segunda legislatura del P.P. hizo caer el telón del fingido partido de centro derecha que decían ser, y dejo ver la verdad de ese partido que en su primera legislatura había estado entre bambalinas: la más voraz ultra derecha nacional católica española y fascista salió a la luz sin decoros ni tapujos, descarnada y brutal al más puro estilo franquista, mostrándonos una dictadura pseudo-parlamentaria y antidemocrática, muy cercana a la de su adorado dictador: el triste general Franco; dirigida esta vez, por el dictadorcillo Aznar y los suyos. Nada le importó a este pelele y falso Charles Chaplin ni la constitución, ni la soberanía del pueblo, ni los valores éticos de la democracia, ni los derechos de los españoles, ni las libertades, ni la voz del pueblo expresada en las calles, ni nada que no fuera otra cosa que el poder ejercido con arbitrariedad y abuso, con falsedad y mentiras y con deshonestidad. Fraga quedo reducido a una anécdota con aquella desafortunada frase de “la calle es mía” en tiempos de Franco; el pobre Fraga se conformaba con una calle, mientras sus sucesores, los señores del partido popular, esto es Aznar y su equipo, hacían de la ley, del país, de la soberanía del pueblo y de la constitución del 78, un despojo y, al igual que aquel rey Luis francés, se afirmaban en aquello de que el estado eran ellos. Ellos eran la ley, el estado, la soberanía y España. Ellos eran Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como. Bueno, eso se creían. Sí, eso se creyeron y a juzgar por sus conductas actuales, eso se siguen creyendo aún hoy… “Qué si este ministro no nos conviene”… “Que ahora hago un referendum”… “Que perdimos las elecciones por culpa del Sr. Rubalcaba”… “Que si el gobierno del PSOE no tiene un programa”… “Que si España se rompe”… “Qué si España es cómo los Balcanes”… “Que si somos constitucionalistas y democráticos” –esto último es lo más patético que les he escuchado decir-. Pero miren ustedes, puede ser que los españoles seamos un atajo de estúpidos ignorantes y tontos del haba, pero hay algo que los españoles hemos aprendido a discernir muy bien: la diferencia entre un dictador y un gobernante electo. La diferencia entre una dictadura y una democracia. Los españoles tuvimos bastante –la mayoría de los españoles- con aquellos cuarenta años de dictadura franquista y decidimos que no tendríamos ninguna otra dictadura ni dictablanda. Puede que alguien intente “vendernos las motos” durante algún tiempo y nos engañe, pero ya saben que no se puede engañar a todos durante todo el tiempo, y menos, socavando nuestras libertades y derechos; metiéndonos en guerras; tratando de hacernos comulgar con ruedas de molino y mintiendo como bellacos. No, no dudo de que haya tontos, ignorantes, crédulos, gentes de buena fe y poca capacidad de reflexión y de análisis de la realidad y de los hechos esparcidos por nuestra geografía; gente así la hay, claro que la hay, igual que hay gente que es afín a las ideas franquistas y fascistas del Partido Popular; y también habrá gente que piense que el terrorismo, islámico o de otro rasgo, pero en el caso que me ocupa, el islámico, no puede destruir la legitimidad de ningún gobierno legalmente elegido, por muy mal que lo haya hecho éste, y le votara por ello haciendo la vista gorda a esa dictadura que el P.P. quiso imponernos… ¿Cómo sino podrían explicarse esos casi diez millones de votos que sacaron en las últimas elecciones generales? Pero el sentido común de un pueblo mayor de edad y maduro que ha soportado durante cuarenta años el terrorismo de estado de un dictador cruel y megalomaníaco, estuvo a la altura y nos quitamos de encima esa dictadura soterrada, vil y traidora disfrazada de democracia, que nos quisieron imponer. Lástima que no nos hayamos quitado de encima aún los delirios de esa lacra tortuosa y estúltica de la cúpula del Partido Popular, que aún siguen berreando y pataleando cómo niños, incapaces de aceptar la decisión de la soberanía del pueblo español expresada en las urnas; y sino, vean el video de la FAES sobre el 11 M y las declaraciones con las que todos ellos castigan e insultan nuestra inteligencia cada día. Vean cómo siguen manipulando a las víctimas y se siguen negando a condenar la dictadura de su prócer, el maldito general Franco, y a reconocer a las víctimas de esa dictadura. Vean cómo siguen manipulando y falseando la historia y negándose a que recuperemos nuestra dignidad con un verdadero reconocimiento de la memoria histórica. Vean cómo siguen ultrajando las posibilidades de paz y de reconciliación y cómo se siguen aferrando a sus ideas de una España una y grande –lo de libre es que no se lo creen ni ellos-, en la que sólo tienen cabida los españoles que sean católicos, franquistas, de la FET y de las JONS; porque todos los demás, afortunadamente la gran mayoría con otras ideas y otras identidades, según ellos, no son españoles; y si pudieran, nos expulsarían a todos como hicieran en el siglo XV sus antecedentes con los españoles musulmanes y judíos que vivían armónicamente en este país. Pues bien, señores: puede que siga habiendo “tontos del lugar” por los pueblos de España, pero no se confundan: España no es el lugar de los pueblos tontos. Nunca lo olviden. LQS Hannah. Abril 2006 |