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Año V. /

Sumergirse en los abismos

De entre todos los fanatismos que existen en el Planeta, y son muchos, el religioso tal vez sea el más sombrío, peligroso y destructivo. Estos tipos de comportamientos, caracterizados por las recalcitrantes convicciones obsesivas de que todos los aspectos de la vida deben ser subordinados incondicionalmente a unas únicas y determinadas "verdades divinas".

Esto puede ser motivado por las más diversas pasiones, como en los casos de la política, militarismo, capitalismo y como no, hasta en los deportes. Sin embargo, es precisamente asidua en las religiones ya que ellas se nutren de esos primordiales componentes del fanatismo en sus formas más puras, dañinas y destructivas tanto en los casos individuales como colectivos.

Todo adoctrinamiento con sus teorías abstractas en contra de la realidad de la vida y la materia, asimilan como verdades divinas e incuestionables sus mitos, los mismos que alimentan los fieros fanatismos. El adoctrinamiento de naturaleza laica, como las ideologías políticas, son capaces de producir terror y destrucción en grados superiores a lo que pudieran hacer hoy aquellas de naturaleza religiosa. Como en la mayoría de los países establecen la separación entre el estado y la religión, sin olvidar que en algunos de ellos es una falacia, es decir, constan en sus constituciones pero no en la práctica, sin olvidar lo que viene ocurriendo con el Islam. Por lo tanto, el fanatismo político puede movilizar recursos para la destrucción en masas, como lo hizo el nazismo hace algunos años, otros muchos imperios en el pasado y a lo largo de la historia universal, y aún en la actualidad como se viene viendo todos los días y aún en nombre de la denominada democracia, se constatan constantemente en los medios audiovisuales.

Si por un lado el fanatismo político posee mayor capacidad física destructiva por medio de las mortíferas armas de fuego, los apasionados de la religión son también mucho más poderosos en relación con destruir individual y colectivamente a los pueblos que fielmente les creen y siguen ciegamente.

No son casos aislados ver a políticos mudarse de posicionamientos, (los clásicos tránsfugas, o cambio de chaquetas...), cuando los vientos de la historia mudan de dirección. Posterior a la derrota nazi los convictos decían estar "sorprendidos" con los campos de exterminios que ellos mismos ayudaron a construir. Políticos de partidos socialistas y comunistas se convirtieron en empresarios millonarios, o hasta en mafiosos cuando lo vieron oportuno, posiblemente influenciado por el "paraíso de los dólares norteamericanos". Es obvio que el fanatismo político está fuertemente asociado al oportunismo, el mismo que no es nada nuevo en los anales de los sistemas que han regidos el mundo desde que los hombres dejaron las cavernas, cosa que posiblemente todo pudo comenzar allí.

En la actualidad, pues no en todos los países ocurre lo mismo al respecto, el fanatismo religioso se podría considerar en algunos aspectos algo así como "sincero", pero eso en el fundo es una quimera. Según sus dogmas ellos no están interesados en recompensas relacionadas con ésta vida y el mundo. Sin embargo, conviene hacer hincapié que sino fuera por las grandiosas e inmensas fortunas que llegan a manejar, innumerables inmuebles, terrenos, cargos políticos y administrativos, etc., que las religiones tienen acumuladas alrededor del mundo, ellas no podrían sobrevivir de limosnas... Recordemos el "diezmo según la costumbre" y las riquezas atesoradas en catedrales, iglesias, conventos, sinagogas, tabernáculos, etc., todo aportado con el sudor, sangre y engaños de sus fieles adeptos. Sus constantes desprendimientos de las realidades son de que ningún factor son capaces de imponer restricciones o límites a los actos motivados por la propia convicción fanática y sus consecuencias.

El lema primordial de ellos es el dedicarse a lo que llaman o consideran como la "alma", o mejor decir ego, el fanático nada mas puede hacer, además de destruir y destruirse, pues una ves que todos los elementos de su personalidad, esos que lo definían como un individuo único, son éstos pulverizados y remodelados por la forma doctrinal definida en el dogma religioso en cuestión. Preprogramado en todos sus principios y valores, el sujeto fanático religioso solamente amará lo que su religión le dicte que debe ser amado o odiado, él lo llevará hasta las últimas consecuencias. Todo lo contrario en relación con el político fanático; el religioso lo hará en la más absoluta sinceridad, sin fingimientos o segundas intenciones.

Los sacerdotes, pastores y religiosos en general leyesen lo expuesto mas arriba, podrían argumentar que si ellos fuesen fanáticos dentro de sus respectivas y determinadas creencias, entonces si mandasen a amar a todos los seres y no odiasen a ningunos, obviamente ningún mal podría resultar de éste fanatismo.

Eso resulta ser erróneo. Peligroso y totalmente absurdo, ningún acto constructivo puede venir de una persona o grupo fanático simplemente porque los valores constructivos fueron destruidos dentro de ellos, o sea, sus propios egos. Los únicos valores que les quedan a los colectivos fanáticos son aquellos especificados por sus dogmas. Así para ellos el amar a alguien consiste en conseguir llevarlos para dentro de su grupo, convertirlos por la fuera si es menester; nada nuevo, lo han hecho en el pasado y lo continúan haciendo en el presente, puede que algo menos macabro según la secta en cuestión.

Al término de la andadura, aprendizaje final y completo como fanático, él (ellos) rompen sus últimos vínculos con las realidades, inclusive los familiares y amigos. Si las realidades son contrarias a sus dogmas, entonces esas realidades son sus enemigos y deben ser combatidas. Lo mismo ocurre y deben ser combatidos aquellos sujetos que sustentan que las realidades y no el dogma representan las verdades.

Llegado a estos aspectos, el fanático abandona el último valor que competía con sus valores dogmáticos: el respeto por la vida, sea las de otras personas como la propia. Si la realidad se ha convertido en un enemigo a ser combatido, cabe la posibilidad de hasta llegar al asesinato, individual o colectivo; ha habido casos, como por ejemplo el terrorismo de que tanto se habla. Ese "peligro" puede ser considerado como una visión divina a ser cumplida y la propia muerte un martirio, o igualmente pudiera ser también una gracia a ser conquistada. El santoral católico está lleno de esos "mártires".

Lo que conlleva a que cada ser humano sea especial es el factor de ser un individuo único. En cada mente existe una luz muy específica, con brillo muy particular que no puede ser reproducida en ningún otro. Aquel que cae en lo fanático atenta contra ese brillo de la propia individualidad, él apaga su propia luz y se sumerge en el total oscurantismo definido por la fe de los dogmas en que ha caído.

LQS.Zerimar Ilosit. Febrero 2006