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Año V. /

Yo me confieso

Después de tantísimo años sabiéndose pero lacrados por los poderes inquisitoriales que la iglesia católica ha ejercido, por fin ha salido a la luz un algo de los chanchullos que tenían escondidos y los que aún quedar por ser destapados, sobre el delicado asunto de pederastia y todo lo relacionado con el sexo en general de los denominados representantes del Dios judío-cristiano, pero más conocidos por el de católicos romanos. Por supuesto, sin olvidar las otras ramas del propio cristianismo a pesar de que se pueden casar, pero que también están vetados a la opinión pública.

Aquí se pretende dar unos breves apuntes como respuestas, principalmente sobre la confesión por parte de uno de los sacerdotes que ha tenido la dignidad como hombre de salir del “armario confesional” y darlos a conocer al mundo indirectamente por medio de su Diario. Dice así:

Querido Diario, como tu bien sabes solamente me confieso contigo, no me es posible hacerlo ante los hipócritas de mis superiores. Puede ser hasta verdad que entre ellos se confiesen, es lo que dicen, por lo que acabaran contándose sus “hazañas” y “bacanales” incluyendo los habituales chistes verdes…. Es pues por lo que solamente me confío a ti.

Hoy he ido tejiendo el color de los ojos de ella, de aquella muchacha de talle fino que ayer mismo vino a visitarme. Estaba guapísima, mejor decir hermosísima… Después de haber terminado la misa, pues como he dicho ella vino solamente a verme y no a cumplir con ese sagrado precepto, a la salida discretamente me dijo:

- Quiero hacer el amor contigo, volveré mañana noche, después del rosario.

- Te estaré esperando ansiosamente -, respondí susurrando.

¡Mis superiores y compañeros son unos cabrones! De día andan de alzacuellos haciéndose la pelota a empezar por el obispo hacia abajo o hacia arriba en el escalafón. Por las noches u otros momentos vienen por ahí dando por donde se tercie… Esos padres, monseñores, eminencias con sus pomposos títulos sacados de va usted a saber por qué, me hacen reír. Si pudiera lo haría literalmente en sus caras para que dejaran de ser tan farsantes y mezquinos.

Conozco a muchos, pero me centraré en este que lo he tratado muy de cerca. Es padre biológico de un hijo de 18 años y una hija de 14 y se hace el santo delante de todo el mundo. Tiene la familia en una otra ciudad, no muy retirada y en la que ejerce su ministerio, él ya ha llegado a canónico de la catedral y promete ser cardenal y quien sabe papa, aunque esto último es más difícil. Por supuesto, casi todos los feligreses saben del asunto. El obispo de turno finge no saber nada, no conviene destapar la “olla” pues además del escándalo el purpurado tampoco es trigo limpio. Así pues la iglesia aparenta no ver ni oír nada; resulta más cómodo para ella. Nadie es santo. Ocurre que la fe en Dios es muy grande y el pueblo cada ve más tonto, aunque es mejor decir lleno de imbecilidad.

Entre el amor y la libertad, escojo siempre la libertad. Las mujeres que amé nunca fueron mías, a no ser por algunas noches. Entre el sacerdocio y el sexo, prefiero los dos.

Los cabellos largos se enrollaron en mis manos durante un beso prolongado. Nada importaba. Dejamos que nos mirasen quienes quisieren. Después en el pequeño apartamento de la estudiante, en aquella noche sin luna, nos amamos como lo habíamos hecho siempre.

Es inevitable. Creo ocurre como en los cuarteles de militares. Entre una infinidad de hombres siempre tiene que haber gays. Esto no tiene nada que ver ni en contra de los homosexuales los cuales tienen todo mi respeto; pero algunos buscan el sacerdocio para librarse de lo que es considerado “pecado” cuando es una ley natural. La castidad ahí funciona como forma de punición… Yo prefiero a las mujeres.

Ellas llegan a mí y todas son iguales en sus bondades y cariños. Vienen y van. Mi vida es un rodillo de mujeres. Solteras, casadas, divorciadas, vírgenes, prostitutas, viejas, con o sin hijos, bonitas e feillas.

Ella vino a mí estando en el confesionario, sí, aquellos totalmente cerrados y puso su mano en el muslo. ¿Necesidad…? ¿Será que es solo necesidad? ¿Y su marido…, sus hijos? No importa. No importa. El deseo ciega al hombre y a la mujer. Conversamos por unos momentos y a continuación fuimos directamente para el motel.

Ella es estupenda. Tiene buena conversa, es inteligente, le gusta los libros, el cine, teatro… Pero yo no puedo. Yo no puedo estar apasionado…, a la espera de que el telefoneo suene, de sentir aquella cosa que te lleva a la locura, el de querer tenerla cerca de mí. ¡Eso no! ¡Decididamente no! Es preferible cortar este “mal” desde la raíz. ¡Eso tampoco!

Yo me considero un rebelde y un santo. Amo a las mujeres y hago el amor con ellas. Amo a mi parroquia y rezo las misas y oficios religiosos con todos los feligreses, que pueden o no saber de mis amores, no me importa. En ese momento vivo para ellas y para ellos cuando estoy en el altar.

Querido diario, ya es madrugada de domingo para lunes y me encuentro estupendo, satisfecho. ¿Será que si no hubiese hecho el amor estaría tan bien y eufórico como lo estoy? ¡Creo que no!

Veamos otros apuntes, pero estos sacados de informaciones impresas que habitualmente estamos conociendo, aunque precisamente no salen nunca ni con frecuencia en los medios televisivos por lo que no existe debates cara al público como los que hacen el las constantes campañas políticas, por ejemplo.

Los curas y monjas no pueden casarse. Rigurosamente tienen prohibido el tener hijos y por lo tanto el de mantener relaciones sexuales como cualquier mortal. Al abrasar la vida religiosa hombres y mujeres asumen el compromiso del celibato y la castidad, insolubles en el estado sacerdotal desde el siglo IV. Pero, ¿será que esos votos de castidad son siempre respetados? Sabiendo lo que algunos medios audiovisuales nos vienen ofreciendo, pues la respuesta es un NO contundente. Aún decir que de esas informaciones, solo sabemos una mínima parte de lo mucho que hay escondido. Veamos dos ejemplos sin entrar en grandes detalles.

Hace cuestión de no mucho tiempo salió a la opinión pública, al ser cogido in fraganti un cura haciendo el amor en los asientos traseros de un coche en el Callao, Perú. Mucho se especula, al llevarse en total secreto los deseos y tentaciones de los corderos de Dios sobre lo que ocurre en las celdas de monasterio y conventos cuando cae la noche.

Raramente los hechos son encarados con las miradas de quienes viven el dilema entre el celibato impuesto injustamente y los propios sentimientos humanos. Fue lo que hizo una monja intrépida y temida por lo sectores del clero del estado de Maranhão (Brasil). La ya ex monja franciscana de 42 años resolvió mostrarle al mundo que, al contrario de los ángeles, los religiosos tienen sexo. Lanzó un libro en el que ella cuanta sus romances con otra monja, entonces ésta superiora de un convento de la ciudad de Belo Horizonte, estado de Minas Gerais (Brasil). Si no hubiera sido por el peculiar romance “escandaloso” entre dos religiosas, la obra apenas sería más una historia de amor entre dos mujeres.

Según informaciones, los derechos de autor del libro ya fueron comprados para hacer una obra de teatro. “Mi intención no era chocar contra la poderosa institución religiosa, apenas contar mi propia historia”, confiesa la ex monja. Otro motivo por el cual ella resolvió escribir el libro fue a consecuencia de haberle sido diagnosticado un cáncer de mama y otro de útero, hoy ya están controlados.

LQSomos. Zerimar Ilosit. Junio de 2007