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La Calle
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| Año V. / | |||||
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Alas, Dioses y días de pasión Reducir el mundo a cruzadas donde la vida esta en el Allá de los dioses, nos dirige a convertirnos en mártires que abandonan lo terrenal, con alas de figurantes, en escenarios escogidos por "mentes prodigiosas". Nacer, crecer y desarrollarse, sobre el desigual terreno creado, se vuelve insoportable sin la pasión de un cristo dispuesto a darlo todo por un paraíso prometido. Los que nos tienen nada no pierden nada y los que tienen poco, poco tienen que perder. Si hay luces que alumbran "el poseer" aunque sea en el otro mundo, es fácil convertirse en "apóstol" de tierra, para subir hasta el cielo en una explosión reivindicativa de lo que pudo ser y no fue, a la orden de "un padre" que hace efectivo el sacrificio. En esta guerra de dioses: donde primero fueron los elementos y después elaborados símbolos que comparten ciudades santas, santuarios, sectas, mecas y portales, se esconde el reparto de la riqueza y lo vulnerable de la pobreza que nada tiene que ver con lo que no se ve y no se toca. Seguir repartiendo el mundo y seguir diciendo "si
no estas conmigo estas contra mi" puede ser una preventiva amenaza
que elimina "el posible hecho" de la convivencia en igualdad
de condiciones. La ironía se repite: dioses y hombres parecen condenados a entenderse porque buscados en los confines de la historia, patas abajo, patas arriba, son lo mismo. El uno imagina al otro y la dualidad es uno. Podemos seguir levantando muros, invocar conjuros, fragmentando la bola o sentarnos "desposeídos" a darle otra vuelta a la rosca para cambiar el sentido. ¿Utopía? ¿No se fue Julio Verne 20.000 leguas de viaje en submarino? Creer en la especie humana, surgida en un proceso imparable de vida donde los genomas apenas se diferencian de los roedores o los insectos, puede convertirse en un proceso testimonial de masas donde la "soledad más absoluta" y "el miedo más infinito" nos lleve a la reencarnación en moscas y ratones de cloacas. Turón Valle |