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La Calle
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| Año V. / | |||||
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La delgada línea negra Hoy la muerte se apaga con el interruptor del televisor, los cuerpos se cuentan si son rentables para los dueños del mundo, si no, se olvidan o se camuflan en las sombras que deja el color rosa del rojo desteñido con que se pinta esta vida en líneas. Participar en el cruce de líneas se convierte en un dolor agudo incorpóreo que te ata al delgado hilo roto. Ahora sí, después no. Y se encierra en un secreto de invisibilidad eterno del que solo queda la memoria. Él, se fue a morir y yo no me di cuenta, me saludo en el videoclub y se despidió con dos besos. Intente dejarle un mensaje al oído para vernos próximamente y asintió con una sonrisa. Después, este joven rebelde y okupador, se canso de si mismo y de los restos que le dejaban, se metió incrédulo un golpe de heroína. No era su estilo pero le supero el placer del olvido. Lo encontré cuando salía de acompañar a mi Quijotagitana del área de urgencias del hospital. Ella, intenta dejarme el legado de "sobras" que debía trasmitir a sus hijos, según fueran saliendo de la cárcel, si por alguna razón ya no estaba en vida. Venia impregnada del olor "excluido" que iba dejando en cada movimiento y que hacia retirarse con mal gesto a todos aquellos que nos encontrábamos en los pasillos y salas de espera. A ella, la deje tumbada y desaliñada en un banco de la plaza del Ayuntamiento, con el calor del sol como única fuente de curación. Mirar de frente a la muerte no tendría que sorprender en esta vida con fin. Pero hoy la vida se reduce a la bolsa y la justificación se encuentra en la guerra. Lo demás, carece de interés contable, rezuma humanidad por los cuatro costados. Demasiado Ser Humano para negociar en el Olimpo de
los que se creen dioses. |