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La Calle
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| Año V. / | |||||
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Deprisa, Deprisa ... El tiempo pasa y cuando té refleja el espejo, te golpea el olvido. De repente me he dado cuenta que me he convertido en la madre de mi madre. Paseaba por la feria del libro, disfrutaba del sol abrasador y saciaba mi sed en las terrazas del bien vivir madrileño. Las escenas a mí alrededor se repetían una tras otra un hombre entrado en años intentaba colocar su libro en el stand de La Librería de Mujeres, alegando un capitulo que hablaba sobre la igualdad de géneros, muchas hablaban por teléfonos móviles llenos de gestos que se perdían en el aire ante las miradas de los demás paseantes, otras intentaban cerrar negocios de ultima hora, algún escritor despistado seguía a su representante allá donde lo llevara. Dada la hora inusual del asunto los demás revolvíamos la mirada y los libros de caseta a caseta como en el juego de la oca. Me sentí feliz a pesar del calor, participaba en las secuencias del primer mundo y todo iba deprisa, deprisa. Al otro lado del mostrador una mujer enfadada dijo que se iba, rápido a casa, a escuchar la noticia en la Asamblea de Madrid, el PSOE había perdido la presidencia porque dos de sus concejales no estaban en la votación. De camino al hogar me entere, que los huidos se paseaban en coche por Madrid en el momento de la votación, porque estaban en desacuerdo con el pacto que su partido había hecho con IU y querían que su programa electoral se llevara a cabo en soledad, sin pactar con la izquierda mas radical. Casi sin pensar, deprisa, deprisa, me vino a la mente la imagen de pinocho y su nariz cotizando en Bolsa representándose a si mismo. Al quite, Esperanza Aguirre, se sorprendió de lo inusitado de tal ausencia, el hada madrina, decía ser la primera vez que esto sucediera en la Asamblea, escuche los aplausos desaforados del PP en la radio. Desvié la vista al salpicadero de mi coche donde dos libros hacían equilibrios por no caerse. La agenda hegemónica, La guerra continua, de José Maria Tortosa y Como se reparte la tarta, Políticas USA al final del milenio, de Noam Chomsk y todo sucedía deprisa, deprisa... Yo ya era la madre de mi madre y mi ordenador solo me
dejaba teclear en el idioma ingles. |