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Año V. /

Enséñame a vivir

Por Roberto Tereziano

De tiempo en tiempo, pues este artículo ya lo escribí en 1988, y está tan actual como entonces, siento que soy asaltado por extrañas emociones no estando en condiciones con el comportamiento de los seres humanos de nuestros días. Por eso acabo siendo dominado por dudas e indecisiones. Me pregunto hasta si debería estar pasando para el papel y para las personas tales inexplicables comportamientos.

Al final, ¿escribirlos para qué? Es posible que no existan gentes para leerlo, es decir, gentes y leer son también palabras gastadas que no hacen parte del día a día de las personas. Personas…, amistades…, confianza…, lealtades…, cuantas palabras en desusos.

¡Curioso! Estoy extrañado que tú estés soportando mí monólogo, pues es muy difícil en nuestros días encontrar personas dispuestas a leernos, para escucharnos, y cuando eso ocurre quedamos sorprendidos y complejos, queremos hablar de todos los asuntos de una sola vez.

Bien…, yo hablaba de mis emociones y de mi comportamiento, si bien que eso no se trata de cosas usuales en nuestros días, pues nuestras costumbres ahora, es hablar de los defectos y de la vida de otras personas, para ocultar nuestros propios fallos.

Pero, volviendo a mi mundo de dudas llego a preguntarme si estoy en mí raciocinio normal, si mi manera de actuar es perfecta, o si me paré en el tiempo y en el espacio…, o, quien sabe, no soy debidamente inteligente para comportarme como persona de nuestros días.

Vivimos hoy, si es que existe vida en la actual forma de ocupar el espacio en el planeta, demasiadamente preocupados con las formas de ganar más y más dineros, de comprarnos el mejor coche o de conseguir el más importante cargo en la empresa, que frecuentemente nos olvidamos de las pequeñas cosas, detalles sin la mayor importancia como las buenas amistades, las sonrisas sinceras, el verdadero apretón de mano.

No sabemos más pararnos para mirar la belleza inconfundible de una flor, o para escuchar el canto harmonioso de un pájaro.

Además, tampoco las flores, mariposas y los pájaros no existan, o talvez las personas no los noten. ¿Quién sabe? El colorido del campo y la suavidad del mundo dieron lugar a las apoteósicas estructuras de concretos monocromáticos.

Todo ha pasado a ser frío…, sólido…, mecánico…, electrónico…, artificial.

Los tiempos han mudado. La violencia y las guerras pasaron a ser más importantes que las buenas acciones. En medio de todo eso aún cuelga, como espadas de Damocles, sobre nuestras cabezas las amenazas de una guerra nuclear en la que exterminaría a todas las especies, o un accidente atómico que nos marcaría para el resto de la vida con un cáncer incurable.

Pero aún existe una tal bomba de neutrones que esa sí que eliminaría a toda la humanidad y demás seres vivos de una sola vez, eso si es que para entonces lo estamos.

Ni siquiera las estrellas son las mismas o irradian con el mismo brillo de antes, pues resulta que hasta en el espacio resplandeciente, los hombres “inteligentes” con sus máquinas de fabricar el exterminio, consiguieron colocar puntos de amenazas y terror.

Lo que menos entiendo es que, ahora, ni los líderes de la denominada “súper potencia” y otras no tanto, saben lo que hacer con tales arsenales, cuyos dineros gastados en la fabricación y manutención, daría para acabar con el hambre en el mundo y para siempre.

Actualmente, provocan falsas guerras contra fantasmas inexistentes, para así poder probarlas o destruir parte del tal o cual armamento que podrían acabar con el planeta decenas de veces.

En medio de todo eso, muchas veces me siento extraño y alienígena, porque aún me paro para ofrecer una sonrisa amiga, a sabiendas que causará extrañeza en los demás.

Sin embargo, aún siento una singular y antiguada moción en ofrecer flores, en escuchar quienquiera hablarme o hablarle a quien quiera escuchar, mismo que eso pueda calificarme de tonto o anticuado. Otras veces me siento asaltado por una extraña y vergonzosa emoción llamada amor, pero tengo miedo de que alguien lo pueda saber.

De todas las maneras siento que existe en mí un poco de otro ser, de otra vida, aquella vida que nació en el desabrochar de una flor, en la caricia suave del viento o en el amor sincero de un niñ@. Siento algunas veces, en algunos instantes, de que tomo extrañas formas y comportamientos humanos, por lo que me causan rarezas y miedos

Por eso te pido, enséñame a vivir el hoy y no el ayer…, pues es muy difícil ser un extraño en medio de tantas gentes. Gentes…

Enséñame a ser moderno, frío e insensible a las cosas que no merecen respeto, o que no me interesan, pues resulta que es muy difícil el tener que esconderme para poder llorar.

Es muy extraño el sonreír ¿Sonreír para qué? ¿Para seres de piedras animadas?

En fin, es vergonzoso sentir amor, esa emoción tan desgastada y absurda.

Enséñame a vivir esa vida sólida, esa vida de piedra.

¡ENSÉÑAME A VIVIR…!


LQS – Traducción de Zerimar Ilosit – Octubre de 2006.