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La Calle
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| Año V. / | |||||
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Eutanasia. Morir sin penalidades Este es un tema muy delicado y escabroso pero que hay que tratar. Sin embargo, y cada vez que surgen unos debates e intenciones por parte de colectivos los cuales buscan su necesaria legalización, surgen las controvertidas polémicas del sector denominado "defensores de la vida". Igualmente ocurre con el otro, los llamados religiosos con sus evangelios de que prefieren el suplicio y sufrimiento pues todo es "para mayor gloria de Dios", que el morir dignamente como Hombres y al final del ciclo de la vida. Pero resulta que si para ellos y seguidores así lo prefieren, tienen el total respeto y comprensión; lo que no es de razón y humanismo el que todos tengamos que padecer esas penalidades e injusticias sin ser creyentes de ninguna religión; recordemos que el imponer esos conceptos es pertenecer al pasado, ya no estamos en las oscuridades de siglos inquisitoriales de la edad media y otras épocas recientes. Así pues con estos reiterativos
planteamientos es un deber, y se debería de insis-tir una o muchas
veces más, ya que el morirse es un hecho Natural y no divino
co-mo en su momento nos hicieron creer en aquellos tétricos años
del pasado. Posteriormente supimos que los "llamados
herejes" que subieron a los horrendos
patíbulos de las hogueras no eran moribundos ni estaban desahuciados
como enfermos terminales. Porfiadamente queremos que nos dejen de sermones
evangélicos que con el engañoso calificativo de salvadores
y buenas doctrinas, pues así el Dios de Dioses lo quiere, éstas
reiteradas tiranías equivalen a interminables represiones. Él tener que vivir en una constante agonía es todo lo contrario a la propia fuerza interna y sustancial del ser orgánico; por lo tanto, termina siendo una sucesiva ad-versidad, un eterno tormento, calvario, peor que aquel que posiblemente ocurrió en la llamada Vía Dolorosa y nos enseñaron que concluyó en el Gólgota... Como es sabido por todos, la eutanasia no consta como uno de los sacramentos de la religión que predomina en el país, aunque sí otros que nos implantaron en aquellos ya lejanos días de nuestra más tierna infancia, sin olvidar que fue según el dogma de la fe por ser éstos considerados como efectos espirituales y que Dios obra en las almas de los auténticos creyentes, pero aquí se olvidan de aquellos otros que no lo son. Nos enseñaron, y así lo llegamos a pensar, que la "eutanasia divina", ¡El único que la puede practicar es el mismo Dios...! De ésta manera ¡sí llegaríamos a los prometidos y etéreos reinos celestiales...! Sin embargo, y visto desde ese punto de virtud, la fe, aquella que te mueve a dar culto a un Dios, el enfermo terminal, que permanece continuamente en la Tie-rra y postrado en una cama está conociendo el auténtico infierno, ese mismo con que tanto esmero reiterativo nos amenazaron e inculcaron sino éramos unos bue-nos católicos. Para los desahuciados sus cosmos son unos lechos hospitalarios y entre otros compañeros, o en sus casas dependiendo de los también sufridos familiares, todos ellos son esclavos, o mejor dicho, crucificados al estar enchufados a una máquina para poder así "vivir". Ya nos les quedan fuerzas, el presente es tener un cuerpo andrajoso que para nada les sirven, son el festín de las larvas e insectos aún en la denominada "vida". Señores de cuello alto, con o sin sotanas, no hagan de facultativos recetando esperanzas, proponiendo rosarios, misas, comuniones y promesas con engaños de que las recompensas celestiales se acercan. Lo que tenéis que dar son soluciones legales para dar el sueño de libertad, la de los justos, el derecho de poder acabar con el sufrimiento de tantos años a aquellos que así lo deseen y soliciten. Sabemos que para vosotros esto lo consideráis como la sin razón, en cambio para el enfermo terminal es acabar con la eterna agonía. Ellos llegan a pensar que a pesar del cari-ño que los familiares les otorgan, son unos estorbos que generan penalidades a sabiendas de que jamás se levantaran de la cama, del auténtico lecho de muerte... Pero, ¿por qué tacháis de asesinas a aquellas leyes que les pueden salvar del dolor, la agonía y por fin darles la paz que tanto desean y que ésta será entonces verdaderamente eterna? Mucho peor e inhumano es dejar morir a aquellas personas que por los habituales caprichos políticos mueren de hambre, frío, enfermedades contagiosas y desamparadas, o entonces en los continuos enfrentamientos belicosos, los que denominan o denominaban "designios de Dios...". Se vienen insistiendo des-de hace mucho tiempo en los parlamentos llamados democráticos así como en infi-nidades de medios informativos y asociativos, por lo tanto, sí verdaderamente queréis sus salvaciones, pues salgan de sus vidas, ellos hacen mucho que salieron del redil de la religión y de la cotidiana vida que rigen los destinos del mundo. Reco-nózcanlo, vuestras constantes insistencias y presencias les afligen más penalidades y dolores. Marchaos con vuestros quiméricos paraísos celestiales y la aquí obstina-da defensa del quinto mandamiento, los enfermos terminales no creyentes no acep-tan religiones por lo que tampoco comulgan con ruedas de molinos ni se arrodillan ante la engañosa y supuesta presencia de un Dios poderoso que hace constante-mente el papel de "Lázaro" incompleto al no considerar a los desahuciados ni vivos ni muertos... En estos términos nos manifestamos sobre la defensa de los auténticos derechos Humanos, no estamos pidiendo privilegios, solamente queremos que las leyes sean justas y determinantes para pode apoyarnos en ellas. De igual manera que existe otras muchas, las cuales algunos ciudadanos jamás llegan a acogerse por el simple hecho de que no las necesitan durante toda su vida. Es evidente, por lo tanto la relacionada con la eutanasia sí la pueden necesitar al final de la vida. Igualmente también ocurre en conexión con él vínculo del aborto y anticonceptivos, éstos debe-rían ser más concisos sus legalizaciones, de esta manera estarían todas las leyes al servicio del pueblo. Por supuesto, para aquellos que sin prejuicios, acosos ni perse-cuciones libremente se puedan acoger, de esta manera las entidades religiosas y similares no podrían intervenir, puede que entre sus seguidores, pero ahí está el criterio y libertad de cada persona. |