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La Calle
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| Año V. / | |||||
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Un germen que asusta Todos hemos llorado alguna vez viendo una película. A veces, con la vana intención de que padres, parejas o hermanos no se dieran cuenta de nuestra emoción y empezaran una burla que no dejaba de ser su propia defensa hacia ese mismo sentimiento, nos tragábamos las lágrimas y hacíamos un esfuerzo sobrehumano en imaginar cámaras, focos y decorados para concienciarnos de la ficción que representaba lejos de la realidad que nos provocaba pucheros. A veces estas defensas contra las lágrimas no eran suficientes, especialmente cuando se derrumbaba el argumento de la ficción, sencillamente porque se estaba representando una realidad, pasada o presente. Este es el caso de la serie de televisión Holocausto y de películas como la lista de Schindler, el pianista o la decisión de Sophie, que si habéis tenido la oportunidad de ver sabéis que aunque desde ópticas diferentes, comparten el mismo tema: el genocidio nazi. En estos días que se han cumplido "sólo" 60 años de la liberación de Auschwitz, hemos visto imágenes escalofriantes que no han surgido del buen hacer de cineastas como Spielberg, Polansky o J. Pakula, sino de documentos reales con cadáveres amontonados como basura, cadáveres vivientes, frío, hambre y agotamiento en el mejor de los casos, caminar hacia una muerte segura por tus propios pies y conducidos por tu peor miedo en el peor, la negación del ser, el exterminio. Los barracones ahora vacíos, las tétricas chimeneas que en su día debieron desprender un olor a muerte inimaginable, y los niños, los que han quedado como memoria viva y los que no crecieron jamás, han dejado un poso de tristeza en el ambiente de este enero. Supongo que a todos, esta rememoración, ha provocado algún tipo de sentimiento, a mí me resulta increíble que se hubieran dado las circunstancias necesarias y suficientes para generar tanta muerte pero al mismo tiempo, uno de esos pensamientos que te hacen sacudir la cabeza, se instaló como una molesta moscarda que te zumba en el oído. Hay personas que seguramente han llorado como yo viendo la lista de Schindler, pero en ocasiones esas mismas personas hacen un alarde de su sapiencia científica y estadística y concluyen: "todos los moros son unos asesinos", "todos los vascos son de la ETA", "los catalanes parlan catalá para fastidiar", "todos los gitanos son ladrones"... la última de estas frases la escuché ayer, muy interesante por razones antropológicas: "a ver si echamos a tanto moro de aquí que nos están invadiendo". Dicen que la historia es cíclica y hay un germen peligroso en algunos corazones, esperemos que este germen, que esta amenaza latente, no prenda y haga que episodios como el del genocidio tengan la más mínima y remota posibilidad de repetirse, a quien dijo esta frase, que tan dispuesto está a las cruzadas, me hubiera gustado pararle los pies con la palabra, quizás algún día le presente a mi amiga Himmo, muy mora ella, a ver si realmente le invade el alma como me la conquistó a mí desde el día que la conocí. Aixaferra |