|
La Calle
|
| Año V. / | |||||
|
La Indigencia en los Servicios Sociales El mundo gira y las bombas y los malentendidos se suceden: España se dispone a salir de Iraq a la vez que el imperio insinúa que medie en el conflicto de Oriente Medio, Extremo Oriente recoge a sus muertos en otra apocalipsis de trenes, la India dosifica las elecciones más multitudinarias, África se olvida de si misma recordando otros muros recortando desiertos, América latina se debate en la independencia del cordón umbilical que la usa, Europa recuerda la revolución donde los tanques disparaban claveles, las demás islas siguen curso a su historia y "el emperador bobo" se piensa, en dos días, si invade otro trocito de tierra más. En esta semana dos profesionales "colaboradores" que abordan el sufrimiento y la enfermedad como algo cotidiano, me han despedido con ánimos a la vez que verbalizan: "no envidio tu trabajo". Mientras salía, viendo la sala de espera llena de personas que en unos minutos tendrían que resumir sus dolencias pensé que yo tampoco el suyo. Y uno de los que dice ser mi jefe, después de avisarme que pase todos los registros de control de permanencia en el centro, podría ser victima de un expediente, me mete en el saco de los locos y me acusa de querer cambiar el mundo desde la base cosa que ve imposible a no ser que me meta a política. Con este panorama tan redondo, contar lo que pasa a tu lado en el "estado de bienestar" en el que estamos inmersos puede sumergirnos en un estado de tristeza que nos impida actuar al recordar a tus muertos en un 25 de abril, o pensar que carezca de importancia seguir negando tres veces más la traición a los más cercanos. El preámbulo es largo para hablar de la
indigencia, personas que viven en la calle o infraviviendas. Digamos
que no existen o están detrás de un muro porque a las
instituciones les resulta complicado y ¿caro? abordar la multiproblematica
que presentan. Y a los demás nos resulta incomodo por no decir
insoportable vislumbrar su imagen por lo que tiene de transferencia
a todas nuestras indigencias El resultado es como el de "la pelota vasca" mano contra pared, pasando de municipio en municipio con ayuda de transporte y comida por un día o dos hasta pasar la vida, de calle en puerta, en un complejo laberinto de vías muertas. Los que deciden asentarse en un lugar se convierten en un gran escollo para las Concejalias de Servicios Sociales, mayormente en manos de los "últimos de las listas huecas" del partido que les ha sacado de su indigencia gracias a la venta de si mismos que han ido negociando a lo largo de su ignorancia. Solo entienden la imagen municipal del anuncio "Todo controlado" "No tenemos indigentes" con la utilización de la propaganda como único aprendizaje condicionado a su "preventiva" existencia política, comprometida en desmantelar los únicos servicios públicos que pueden atender a los más desfavorecidos, a los que excluimos de esta imagen borrosa que nos han regalado. Convirtiendo a los Servicios Sociales, en Consejos,
Patronatos o cualquier otra sociedad que les permita ceder problemática
social a las empresas privadas, basadas en el empleo precario y en una
rentabilidad económica imposible a corto plazo porque solo existe
una rentabilidad social a largo plazo. Así las cosas, los técnicos de los
Servicios Sociales se encuentran con la indigencia de la voluntariedad
que termina en si mismos, o con salvarse de su propia indigencia, tejida
en un enmarañado engaño de metodología productiva
similar a una fabrica de manipulación en cadena, donde la eficacia
personal y de equipo se pierde en el propio equilibrio de pies sin cabeza.
¡Zapatero mírate tus zapatos! Turón Valle |