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Año V. /

Viviendo deprisa

Parpadeas y te das cuenta que ya nadie habla del Katrina sino del Rita, parece no existir Nueva Orleáns, por supuesto Irak ya sólo existe de pasada en los telediarios con alguna que otra ráfaga informativa de otras guerras, las autonómicas y cuando apenas empezamos a llorar con Chenoa porque ha perdido a Bisbal va y se casa Farruquito, las charlas de café en el trabajo me estresan porque nunca estoy a la moda, a la de hoy, a la de ahora; y como resulta que he parpadeado mucho últimamente y me he dejado arrastrar por la pereza posestival, lo que pensé el mes pasado ya es historia, nunca me han interesado las tendencias yo igual opino aunque sea a destiempo ¡qué demodé!

A veces me sumerjo en un mutismo ciego y sordo, si es que tal cosa es posible, producto probablemente de los mecanismos de defensa con los que enmascaramos la cruel realidad para poder soportarla, un descanso para el alma al que nunca me acuerdo de dar vacaciones, un impasse. En agosto, cuando toda España se movía de un lugar a otro como hormigas a las que rompen su hilera prodigiosa, yo, por ir contracorriente, volví a abrir mis ojos, puse a trabajar mis martillos, mis yunques y mis estribos y al alma a desperezarse.

Nos despertamos con nuevas caras y cruces formando un todo al que acostumbramos a generalizar por poner un nombre o por simplificar lo complejo.

Dos noticias fueron portadas del mismo periódico: "El caso Roquetas", supuestamente un teniente de la guardia civil del puesto de Roquetas de Mar en Almería se ensaña con un detenido y, eufemísticamente, concluye, usando elementos de tortura antirreglamentarios (porque hay elementos de tortura que son reglamentarios, no olvidemos) y a la vista de otros nueve agentes, uno de ellos mujer, aunque no entiendo muy bien esta puntualización de la prensa. Hay poca defensa para este teniente después de leer detalles sobre la autopsia del desdichado, sin embargo la abogacía, que cree en casualidades, se queda sólo con el final del examen y nos encontramos con un pobre hombre que sufre una parada cardiaca en el cuartelillo, lástima que ninguno de los nueve se haya acordado del cursillo de primeros auxilios para salvar esta vida... Estaba casi dispuesta a caer en lo fácil, el topicazo, tricornio y bigote de aquella España aunque hoy con porras eléctricas, esas generalizaciones que tanto odio y en las que sin embargo también caigo, cuando una foto en el mismo periódico llama mi atención: un miembro de la cruz roja saca de una lancha neumática a un bebé con intenciones de llorar al que echa los brazos un guardia civil con una tierna sonrisa, una imagen llena de tragedia y esperanza de la que me llevo una nueva lección, cada persona es un mundo, tendemos a agruparnos por afinidades pero eso no nos iguala.

No pretendo aquí ni nunca juzgar a nadie, simplemente poner el acento una vez más en la necedad de meter en un mismo saco a distintas personas que probablemente sólo comparten profesión o religión o raza o nacionalidad, lástima que cada día en los medios de comunicación habituales nos marquen a fuego sin que nos demos cuenta todos los estereotipos habidos y por haber, no sé si puedo luchar contra esto, de cualquier manera, y a pesar de mis últimos días de pesimismo y silencio "no decir nada es el primer paso para no ser nadie".

Aixaferra