La Calle |
| Año V. / | |||||
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Huellas de la memoria El tinglado de la antigua farsa Quise, para tomar aliento, alejarme del mundanal ruido de aniversarios y conmemoraciones en este año republicano ; posponer por unas horas, aquella lejana historia; dejar en reposo la vieja memoria. Nada mejor, me dije, que cambiar de aires y visitar los pueblos dormidos de la llanura manchega, aquellos por los que transitó Don Quijote, pasados ya los fastos del cuarto centenario de su literaria existencia. Sobrevine así a un mundo de palpitante silencio, donde florece la pasión de las amapolas junto al laberinto de las autovías. Ocres, grises y amarillos conviven en un paisaje vigilado por gigantes, ora los viejos molinos de Criptana, ora los extraños menhires eólicos, de no se sabe que cerro. Pueblos blancos y marrones, cal y azulete en las fachadas; maciza sillería en iglesias, escudos y palacios. Cita ineludible de cualquier itinerario cervantino es Almagro, mudo y bellísimo testigo de lo pasado. Y allí, en el número 18 de su insólita Plaza Mayor, semioculto entre columnas, el Corral de Comedias , un lugar de referencia mundial para el teatro de siempre, el “tinglado de la antigua farsa” como le llamara Benavente. Ahorro al lector la descripción del Corral. Es necesario verlo, tocarlo, escuchar lo que en él se dijo y se dice, sentirlo por dentro. Su aspecto actual poco difiere del que se edificara por iniciativa del presbítero Leonardo de Oviedo a partir de 1628, si exceptuamos el suelo y la superficie total -reducida hoy a la mitad- amén del precio de las entradas y el destino de las ganancias. En el siglo XVIII la prohibición de los corrales acabó con el de Almagro, que reapareció a mediados del XIX transformado en Posada. Unas obras, en 1950, descubrieron una baraja del XVIII pintada a mano. El alcalde Calero y el gobernador de la época, estimulados por la política de apertura y recuperación de tradiciones culturales del ministro Joaquín Ruiz-Gimenez “el alevín más importante de la familia católica dentro del régimen” (Javier Tusell) decidieron remover Roma con Santiago para rehabilitar el Corral, que recuperó así su vieja capacidad de aliviar el cansancio de los caminantes y embobar a los modernos peregrinos. Y no ha parado. Al desinformado visitante primerizo puede causarle cierta sorpresa descubrir en una placa de cerámica, junto a la puerta de entrada, el negro aguilucho de Patmos franquista con el yugo y las flechas bajo sus garras. El otrora escudo nacional y el de Almagro acotan un texto con letras mayúsculas: “Este Corral de Comedias fue declarado Monumento Histórico Artístico por Decreto Ministerio de Educación Nacional 4 de Marzo 1.955”. El rótulo carece de artículos determinados y puntos, pero se suponen, como las intenciones del ministro capaz de reconocer, por decreto, el sempiterno derecho de Talía a recuperar su sitio. Era una foto obligada contra todo propósito de adormecer el recuerdo. El PUNT. Edición, País Valencià. Traducción del autor. José Antonio Vidal Castaño |