La Calle |
| Año V. / | |||||
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La memoria dividida Extracto de la ponencia presentada, en las VI Jornadas El Maquis en Santa Cruz de Moya. 1 de octubre de 2005. Lo que más sorprende de esta polémica absurda, convenientemente planificada y alimentada por personas que no son guerrilleros es el poco respeto al presente y al pasado. Los detractores de La Gavilla Verde incumplen un precepto que todos los que nos ocupamos de la memoria histórica debemos cuanto menos respetar. Hablamos de historia y debemos acogernos a los métodos que utiliza la ciencia histórica para sustentar nuestras consideraciones sobre el pasado. El primer objetivo de los que han sembrado el enfrentamiento, ha sido blindar sus difamaciones para convertirlas, por reiteración, en verdades incuestionables. Las argumentaciones son de carácter moralista y de una certeza, que va más allá de certeza humana. Verosimilitud sería el concepto que mejor definiría la situación que vivimos, hacer aparecer lo que no existe, como una tremenda verdad. No se ha atendido a la verdad histórica sobre la proclamación del Día del Guerrillero Español, sobre la construcción del Monumento y el papel desempeñado por el Ayuntamiento de Santa Cruz de Moya en estos largos años. El segundo objetivo: se quería vincular a diversos ámbitos de la recuperación de la memoria reclamando que la memoria, "es la memoria de los nuestros" y no puede pertenecer a los movimientos sociales que dan vida a una tierra que se nos muere. La memoria guerrillera pertenecería a los que se reclaman sus herederos políticos y no a otros sectores sociales o territoriales unidos a aquel tiempo por el cordón umbilical de la historia. La memoria antifranquista no pertenecería a los pueblos de España, según esta doctrina. Han tomado el camino del "nosotros solos" o "nosotros somos los auténticos" y el 23-O realizarán un homenaje sin contar con el pueblo. Este era el último objetivo, una vez obtenido un número de apoyos suficientes entre la exigua y maltratada comunidad de guerrilleros, convocar su propio homenaje. Han querido desdibujar nuestro firme paso en pos de la memoria rural, de toda la memoria rural, incluida la antifranquista, a la que más énfasis hemos dado. Nadie debería torpedear un trabajo intenso, generoso y transparente realizado en uno de los territorios más duros de la península y por una asociación compuesta por trabajadores. La realidad es que una serie de guerrilleros han dado apoyo a la estrategia diseñada por los dirigentes de esas asociaciones, que no son guerrilleros. Estos dirigentes no guerrilleros no defienden el protagonismo de los guerrilleros, sino el suyo propio. Entre nuestros socios, contamos con los hijos, los nietos, los hermanos, los sobrinos, los amigos que fueron despedazados por la dictadura y sus supervivientes. Pero se ceban en que practicamos el desarrollo rural y sostenible, y vuelven a demostrar que su mayor fuerza es la ignorancia, pues no dominan conceptos tan precisos: Desarrollo de una zona muerta, rural, por la defensa de los valores de la cultura rural agonizante, y sostenible, porque cualquier actuación deberá tener en cuenta la globalidad del territorio para no diezmarlo. MANOLETE, FRANCISCO, MATÍAS, ARTURO, SIMÓN, FRASQUITO y GENARO, nacieron en nuestro pueblo y formaron parte de la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón. También ignoran los efectos colaterales que cualquier guerra deja entre la población civil. Entonces, debemos pensar que se despoblaron los rentos por el efecto de la emigración y los guardias civiles que vigilaban el éxodo fueron enviados en ¿misión humanitaria? para llevar las maletas de las más de doscientas personas que fueron desplazadas forzosamente para evitar su colaboración con la guerrilla en nuestro término. Los muertos por tiros de fuga, los muertos en combate, los torturados y encarcelados que nacieron en Santa Cruz de Moya, su sangre, sus gritos de dolor en las estancias que la represión utilizó, no les valen. Vendrán de la ciudad a explicarnos que los guerrilleros y sus puntos de apoyo murieron en un acto político, porque como somos unos pueblerinos absurdos e históricamente analfabetos, no comprendemos que lo que vimos, lo que oímos y lo que vivimos, fue consecuencia de la guerra desatada contra la II República. Se identifica a la población rural con los peores sentimientos. Así lo oportuno se convierte en oportunista y el respeto por los que cayeron, es calificado de baja intensidad política. Hay una visión racista en todo este tema, es la de no querer reconocer que los del pueblo, los del monte, en definitiva, podemos tener respeto por las cosas que les pasaron a nuestros mayores. Nuestra misión, "para estas personas", es la de amarillear la memoria. Y no importa que ayudemos a las familias de los desaparecidos y los represaliados, que llevemos seis convocatorias de jornadas de estudio en colaboración con la Universidad de Castilla-La Mancha y realicemos marchas educativas sobre la guerrilla y convoquemos certámenes literarios sobre la II República, la Guerra Civil y la Resistencia, en memoria de Dulce Chacón. Los pueblerinos absurdos queremos hacer de esto un negocio, un Benidorm en la Serranía, un Hotel Maquis donde serviríamos platos típicos de la guerrilla y venderíamos postalitas y souvenires tricolormente pintados. No pueden comprender que el monumento está aquí por nuestro empeño, porque en Santa Cruz de Moya está el verdadero espíritu de la guerrilla antifranquista, el campesinado que pagó con sangre su adhesión a los guerrilleros, los serranos que se integraron en la guerrilla y el territorio que hizo posible su existencia. Esta orquestación desafina al no tener en cuenta a los guerrilleros que dan apoyo a la decisión del Ayuntamiento. La pidieron durante años ante la subida de personal que quiere cambiar el verdadero significado del monumento, aquel que unía a las organizaciones de exguerrilleros, a las instituciones democráticas y al pueblo llano. Aquellos muertos a los que se elevó el monumento, son los nuestros, por ser de todos, pero nunca serán de cualquier ente urbano que venga a edificar en nuestra memoria la división, por más coloridas que sean sus banderas. Nosotros organizamos las jornadas porque el acto agonizaba, aquí venían apenas doscientas personas. El crecimiento de la asistencia ha sido obra de muchos colectivos, pero nadie puede disimular que ha sido el trabajo realizado por La Gavilla Verde el principal motor y aliento. Han radicalizado las posturas por personal de pequeños espacios ideológicos que en vez de tejer, en vez de unir, han solicitado a un ayuntamiento democrático y gobernado por la izquierda, depositario del monumento por decisión de los guerrilleros, desde el día de su inauguración, que no organice lo que lleva años organizando y que revoque un acuerdo en pleno que obliga a que el acto siga realizándose en el futuro. No han querido negociar, no han querido aceptarnos ante una mesa más que para cargarnos de trabajo y mandarnos callar. No somos nada y nada de lo que podamos decir tiene valor. Los contrarios a nuestra organización afirman, que queremos cambiar lo que hemos hecho siempre igual, procurar que el acto de homenaje salga de la mejor manera posible y evitar las exclusiones. En este monte, caben todos, repite nuestro denostado alcalde, pero empujan a los guerrilleros contra la gente que más les ayudó en su tiempo y en toda su historia y su historia también es la nuestra. Han realizado una contra convocatoria firmada por trece personas a las que respetamos. Se dicen cosas que me parecen demasiado artificiosas, un tanto increíbles, ya no son edades para acometer tanta tarea, deberíamos preocuparnos por su salud, porque vivieran plácidamente sus años y se les reconociera con justicia su entrega y acabar con la letanía, entre todos. Afirman que se ha cambiado el día del homenaje, no admiten que lo han roto y no son conscientes que solo se han quedado con un retal, esto no da para mucho. Si esto diera dinero, les aseguro que con los años que llevamos, puede que formáramos parte de la clase media, pero seguimos con el tractorcillo, con los desvelos de una cooperativa y subidos a un andamio de ilusiones que nunca llegan. Será el homenaje contra el pueblo de Santa Cruz de Moya en su propio término, en el propio lugar que cedió para que se ubicara y fomentara el encuentro de todos los que querían honrar a los guerrilleros antifranquistas. Habrá que recordar a todos, que el motivo del monumento es: en la memoria de los guerrilleros españoles muertos en la lucha por la paz, la libertad y la democracia al lado de todos los PUEBLOS del mundo. Y le dan la espalda al más cercano, el que se prestó a ser su santuario en los cuarenta, en los cincuenta, en los ochenta, en los noventa y en el cambio de siglo. El homenaje a la gesta guerrillera, tiene lugar cada primer domingo de octubre, en Santa Cruz de Moya. Pedro Peinado Gil Puede consultarse el texto íntegro en www.lagavillaverde.org |