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Año IV. /

La tortura en su historia entre los beatificados papales

Traducción de la revista catolica: http://ncrcafe.org/node/1373

“Torture in his history taints Spanish martyr's beatification”
En la que se narra como uno de los beatificados por el Vaticano, fue un torturador…

Declarar a una persona santa, en la teología católica, nunca ha significado que él o ella haya vivido una vida perfecta, un punto que se aplica con especial fuerza a los mártires. Incluso los grandes pecadores, cree la Iglesia, se pueden redimir al derramar su sangre por la fe.

En principio, por tanto, el descubrimiento de que el mártir tiene algunos trapos sucios no contribuye a debilitar el valor de su sacrificio. Pero en la práctica puede levantar algunas preguntas difíciles –si no sobre la santidad de su muerte, sobre la sabiduría de aplaudir públicamente sus vidas. Ese parece ser el caso de uno de los 498 mártires de la Guerra Civil Española propuestos para ser beatificados en Roma el 28 de octubre. El fraile agustino Gabino Olaso Zabala, uno de 98 curas y seminaristas agustinos ejecutados por las fuerzas republicanas de 1936 a 1939.

En síntesis, el cargo es que durante un periodo de su vida, cuando era un misionero joven en las Filipinas, Olaso fue culpable de tortura .

Según el testimonio escrito de la víctima, Olaso participó en 1896 en la tortura de un cura filipino llamado Fray Mariano Dacany , sospechado de simpatizar con los revolucionarios antiespañoles. El propio testimonio de Dacanay plantea que Olaso y un puñado de otros agustinos fomentaron a los guardias que llevaban a cabo la tortura, y que en una ocasión el propio Olaso pateó a Dacanay en la cabeza, suficientemente fuerte como dejar al sufriente cura semiconsciente.

Generalmente, los historiadores consideran creíble el testimonio de Dacanay. El fraile agustino Fernando Rojo, el que desde Roma propone el caso de Olaso y de otros mártires agustinos, le dijo a NCR (Registro Nacional Católico) el 10 de octubre que él no ve “ninguna razón para dudar la certeza histórica de los hechos” contenidos en el testimonio de Dacanay.

Seamos claros, la conducta de Olaso hay que entenderla en el contexto de su tiempo, pues la última parte de 1890 en Filipinas fue una época violenta. Dos años después, Olaso y otros misioneros fueron encarcelados por rebeldes nacionalistas y golpeados severamente, no por haber torturado a Dacanay, sino simplemente porque eso era lo que los revolucionarios por lo general les hacían a los curas españoles. Rojo dice que los filipinos evidentemente no consideraban a Olaso como a un villano importante, ya que lo liberaron dieciocho meses después.

Más aún, cualquier conclusión a la que uno llegue respecto de Olaso, no tiene ninguna consecuencia en el testimonio de los otros 497 mártires españoles que serán beatificados al final de este mes, asesinados por resistirse a rechazar la fe cuatro décadas después en la otra mitad del mundo.

No obstante, la revelación de que alguien listo para ser beatificado por el Papa Benedicto XVI estuviera dispuesto a torturar puede ser preocupante – en primer lugar para los filipinos, para quienes la rebelión de 1896 marca un momento clave en el nacimiento de su nación; y más ampliamente para aquellos interesados en los debates contemporáneos morales y legales respecto de la tortura, especialmente en el contexto de “guerra contra el terrorismo.” A pesar de la doctrina católica oficial contra la tortura, algunos se pueden preguntar si la Iglesia está enviando un mensaje confuso al beatificar a alguien que aparentemente se valió de la tortura .

Como poco, la historia de Olaso puede servir como importante recordatorio de que, bajo las circunstancias apropiadas, incluso la gente de mucha fe y de valentía personal es capaz, sin embargo, de cualquier cosa.

* * *

En las Filipinas del siglo XIX, la protesta contra España solía tener filos anticlericales, ya que muchos misioneros trabajaban con las fuerzas coloniales. Algunos críticos contemporáneos han acuñado el término “frailecracia” para describir el sistema en el que los misioneros agustinos, franciscanos y dominicos se encargaban de la educación y la salud, del censo y de los expedientes, mientras supervisaban la selección de la policía local y los diputados, mantenían una moral pública y reportaban supuestos actos de sedición a las autoridades regionales.

Cuando las energías revolucionarias empezaron a bullir, según el historiador jesuita Fray John Schumacher en su libro de 1981, El clero revolucionario, la reacción entre los españoles, incluyendo a los misioneros, fue una de “furia e histeria, ventilando su cólera sobre cualquier elemento prominente filipino considerado poco amistoso, y listo a creer los cargos más extravagantes.”

En este contexto, varios curas filipinos considerados potencialmente desleales fueron arrestados a finales de agosto de 1896, acusados de ser masones y de ser parte de una conspiración para masacrar a los españoles.

Decanay, a quien dejaron en libertad un año después, escribió un testimonio de lo que le pasó mientras estuvo arrestado. Parte de éste fueron publicadas en el libro de 1982, Rasgaduras en la cortina del pergamino.

Dacanay escribió que, el 29 de octubre de 1896, lo visitó un superior agustino del seminario que le aconsejó confesar sus crímenes. Cuando se resistió, llegaron uno guardias civiles que lo obligaron a una postura física conocida como “pie de bambú,” la cual Decanay describió como “un castigo bárbaro, inapropiado incluso para animales.”

A la víctima se le obligaba sentarse con la planta de los pies en el suelo y la rodillas en alto. Un bambú grueso se la pasaba por debajo de ambas rodillas, y después se les amarraban de frente las muñecas con una soga, con ambos brazos debajo del bambú. En esta posición, la víctima no es sino una pelota, ya que si intenta moverse seguro que rueda por el piso. … En esta posición torcida y dolorosa, [los guardias] me pegaron muchos golpes en los hombros con un bambú grueso que llamaban “bruto,” toda vez que respondía negativamente, dejándome horriblemente hinchado y lleno de moretones.

Decanay describió después el papel de los agustinos durante esta tortura, incluyendo a Olaso.

Presentes durante este angustioso y horrendo espectáculo estaban el Proveedor y siete superiores del seminario, quienes, en vez de simpatizar con mi sufrimiento y cruel tortura, por el contrario contemplaron mi martirio con visibles gestos de placer. Ellos incluso llegaron hasta fomentar a los guardias para que fueran más crueles –el padre Gabino Olaso, entre otros. … Cuando me desplomé ante tanto golpe y fatiga, rodando por el piso, añadieron a mi sufrimiento con patadas fuertes como si fuera una pelota de fútbol. Cuando caí, me pegué un golpe en la cabeza con una columna, que me dejó herido. En otras ocasión caí cerca del Padre Gabino, quien iba y venía pacientemente por el cuarto, y me propinó una patadón en la cabeza que me aturdió.”

Decanay dijo que la tortura se repitió del 2 al 4 de noviembre, otra vez en presencia de los agustinos, y que en total recibió alrededor de 300 golpes mientras se encontraba en la posición “bambú.” El reportó también que los agustinos, incluyendo a Olaso, entraron en repetidas veces a la celda de los curas detenidos para demandar que confesaran la autoría de varios crímenes, hurgándoles los cuerpos en búsqueda de cicatrices de “promesas de sangre” contraídas en rituales secretos con los rebeldes filipinos.

Una vez fue liberado, el testimonio de Decanay salió en la prensa filipina. Un poco después, fue reintegrado al sacerdocio por el arzobispo Bernardino Nozaleda y Vall de Manila, un dominico español y después arzobispo de Valencia – un paso improbable, según Schumacher, si hubiera habido alguna duda sobre la verdad en el reporte de Decanay, u otra evidencia creíble de que él fuera masón o miembro de un grupo armado.

* * *

Dos años después, según los filipinos se acercaban a la victoria, muchos de los españoles que se quedaron en el país, incluidos muchos misioneros, fueron arrestados. En 1898, Olaso y un puñado de agustinos fueron apresados por un comandante rebelde llamado Simión Villa…

… Olaso pasó el próximo año y medio encarcelado por los rebeldes… hasta que fue dejado en libertad y pudo regresar a Manila. Para esa época, los Estados Unidos habían derrotado a España en la Guerra Hispanoamericana y, como parte del tratado de paz, consideraba Filipinas como parte de su territorio, lo cual inició otra ronda de violencia revolucionaria. El país no conseguirá su independencia hasta 1946.

Desde Manila, Olaso regresó a España, donde continuó enseñando y donde mantuvo varios puestos de liderato con los agustinos hasta 1936…

Traducido para LQSomos por Francisco Cabanillas. Octubre de 2007
Otros artículos del autor


Sobre la Beatificaciones:

+ Ante la beatificación de los religiosos españoles en el Vaticano
http://www.loquesomos.org/lacalle/memoria/Beatificacion.htm

+ Buen provecho te hagan los “santillos”
http://www.loquesomos.org/lacalle/losotrosyyo/Buenprovecho.htm

+ Sobre las próximas beatificaciones del Vaticano…
http://www.loquesomos.org/lacalle/losotrosyyo/Sobrelasproximabeatificaciones.htm