Huellas de la memoria
Apostillar la ‘Ley de la memoria'
El ‘Año de la memoria' que acaba de transcurrir ofrece la oportunidad de reflexionar sobre asuntos que han acaparado la atención general en el campo de la “memoria histórica”. Me refiero al paquete de medidas legales conocido como ‘Ley de la memoria' y a las llamadas fosas de la represión o “del silencio”. Ambas cuestiones parecen derivarse de frustraciones históricas que cabe situar en los inicios de la Guerra Civil y la dictadura.
La primera de estas frustraciones tiene que ver con la imposibilidad de criminalizar el régimen de Franco, de conseguir legalmente la anulación de sus juicios y procedimientos sumarísimos, realizados de acuerdo con el ilegitimo aparato “legal” fruto de una rebelión militar que llevó al paredón o a prisión a millares de antifranquistas. El tortuoso camino de la revisión del proceso que condenó al ex dirigente comunista Julián Grimau, fusilado en Carabanchel veinticuatro años después de acabada la guerra, ejemplifica el aparente maleficio. Con la puesta en marcha del proceso para desarrollar la ‘Ley de la memoria' el gobierno socialista cree haber resuelto este asunto. Pero, sin embargo, en sus términos actuales, esta ley no resuelve nada.
¿Quién puede esperar de una burocrática “Declaración de reparación y reconocimiento personal” la condena de ningún asesinato o la devolución de la dignidad perdida a manos de jueces, torturadores y carceleros franquistas? Los crímenes que siguen impunes son los del franquismo y los criminales sin depurar son Franco y sus secuaces militares, eclesiales y civiles… Esta ley es tan blanca que hace buena aquella estúpida sentencia: “todos fuimos culpables”… Papel mojado, en suma, que no satisface a nadie. Para este viaje… Para arrancar del silencio o del olvido a personas y familias asesinadas o sometidas a tortura, sufrientes del exilio y de la represión en general, cuando ha transcurrido más de medio siglo y el asunto ya es simplemente historia y memoria, no hacen falta leyes sino investigación, análisis y rigor históricos.
Legislar sobre un pasado lejano es vano, es como poner puertas al campo (aunque ciertos políticos y empresas del ladrillo estén haciendo todo por conseguirlo). La ‘Ley de la memoria', en el actual contexto, semeja una extensa disposición adicional del artículo primero, de la Ley de Amnistia de 1977; apostillas legales a una ley de punto final (aquella) que parecen el producto de una presión social mal digerida y un tanto
precipitada, más que el fruto meditado de una necesidad de urgente satisfacción. En cuanto a las fosas, recordar que no toda fosa común es o debe ser considerada una fosa de la represión franquista. Las que acogen a las verdaderas víctimas, suelen estar fuera de los cementerios en laderas, cunetas o descampados, y solo excepcionalmente se ubican dentro del recinto de los camposantos, y en este caso, porque los asesinos estuvieron en ese momento, ¡bellacos¡, orgullosos de su crimen. Hoy en que los planteamientos “inocentes” parecen fuera de lugar, donde todo es complejo, en asuntos como los tratados, toda precipitación parece desaconsejable. Recomendación que ya efectuara el sabio Descartes en su archifamoso y poco estudiado Discurso del método.
LQS. José Antonio Vidal Castaño. Enero de 2007
”El Punt del País Valenciá”
Franquismeimemoria@ono.com

Grimau en 1963 / Foto Archivo del PCE
El último muerto de la guerra
Juliám Grimau, dirigente comunista fue detenido, torturado, enjuiciado y condenado en virtud de leyes franquistas de 1939, por “delitos” políticos cometidos, según sus verdugos, en la Guerra Civil. Veinticuatro años después tuvo lugar la venganza que una vez más y sin que le temblara el pulso en “el enterado”, suscribió el asesino Franco. |