La Calle |
| Año V. / | |||||
|
¿Qué hacer con el Valle de los Caídos? Lo primero y principal es explicar bien lo qué es y representa. Veamos. Por ser la ostentosa tumba del Caudillo y la de José Antonio Primo de Rivera; por sus dimensiones arquitectónicas y significación política, el Valle de los Caídos es, sin duda, el monumento público más representativo de la memoria franquista. El dictador escogió el emplazamiento de Cuelgamuros en la sierra de Guadarrama, pero, es dudoso que alumbrase la idea de utilizar los presos “rojos”, que llenaban cárceles y campos de concentración, como mano de obra gratuita para su fúnebre empresa. La decisión brotó de manera “natural” de la doctrina del padre jesuita Pérez del Pulgar, miembro del Patronato para la Redención de Penas por el Trabajo y cerebro del insólito sistema penitenciario que de él emanó: “el mejor exponente del espíritu en que se inspiró la Cruzada”. Su objetivo era tratar de “arrancar de los presos y de sus familiares el veneno de las ideas de odio y antipatria” para devolverles a la sociedad sin poner en peligro “la victoria alcanzada a costa de tanto sacrificio”.
En fin... ¿Qué hacer, pues, con el emblemático monumento? En primer lugar, explicarlo bien y explicarlo in situ con placas y paneles informativos, publicaciones escritas, foros de debate, producciones audiovisuales; con una exposición permanente que recoja su historia y las memorias que en él se concitan. Transformar, en un proceso complicado, el actual Mausoleo fascista en un Memorial Democrático . Y ello, implicará debatir y resolver el traslado de los restos de Franco y José Antonio a sus panteones familiares, así como el uso adecuado para la faraónica Basílica “menor” amparada por las inmensas esculturas de Juan de Ávalos, un socialista exiliado en Portugal y requerido para su realización en 1950. LQSomos. José Antonio Vidal Castaño. Octubre de 2007 Una memoria silenciada |