Chile, adiós asesino

Yo pisaré las calles nuevamente
de lo que fue Santiago ensangrentada,
y en una hermosa plaza liberada
me detendré a llorar por los ausentes.

Yo vendré del desierto calcinante
y saldré de los bosques y los lagos,
y evocaré en un cerro de Santiago
a mis hermanos que murieron antes.

Yo unido al que hizo mucho y poco
al que quiere la patria liberada
dispararé las primeras balas
más temprano que tarde, sin reposo.

Retornarán los libros, las canciones
que quemaron las manos asesinas.
Renacerá mi pueblo de su ruina
y pagarán su culpa los traidores.

Un niño jugará en una alameda
y cantará con sus amigos nuevos,
y ese canto será el canto del suelo
a una vida segada en La Moneda.

Yo pisaré las calles nuevamente
de lo que fue Santiago ensangrentada,
y en una hermosa plaza liberada
me detendré a llorar por los ausentes.

(1974)

Romper el silencio con la muerte de un sátrapa

Hace unos minutos he colgado el teléfono, ahora escucho música de allá, los Jaivas me traen melodías con aires de ausencia. La voz de un compañero y amigo me dice que anoche (10 de diciembre, día internacional de los derechos humanos) murió el innombrable. Murió de muerte natural para vergüenza de la escuálida democracia que fue incapaz de juzgarle por sus numerosos y prologados crímenes.

Es hora de romper mi silencio. Me ha ocurrido que luego de hacer un largo viaje por tierras del Quebec, me he puesto a recorrer miles de páginas escritas, para cerciorarme de estar vivo y también para buscar nuevas respuestas a las viejas preguntas.

Sucede que he terminado con el alma al borde del abismo, se acumulan problemas no resueltos, se mueven los hilos del poder para mantenerse en el poder y como un rayo de esperanza se levantan las voces de los pueblos con las propuestas de cambio. Las noticias a diario me dicen que es la hora de América latina y que esta hora ha de ser definitiva: o cambiamos las reglas del juego juntos o sucumbimos todos.

No soy de los que se alegran con victorias piñuflas, que los dolores y injusticias no se apagan con victorias de un día sino con transformaciones profundas, las imprescindibles para hacer de verdad humana la vida, para desarrollar las potencialidades de todos y construir un destino de hermanos.

Este silencio que ahora rompo me ha permitido reiterarme en mis convicciones. Ha sido un silencio de observación, de acumulación, de trabajo y de certezas. Quizá la primera de ellas sea coincidir con lo que una vez dijera el Che: hay que disparar hacia adelante, pero de vez en cuando hay que hacerlo hacia los lados.

El imperio es una cosa gelatinosa, una institución que mancha todo lo que toca y toca sin que se note de inmediato. La pregunta es ¿hasta qué punto quienes luchamos por los cambios estamos corroídos por la ideología del imperio? La respuesta más que palabras debe ser escrita en hechos siempre nuevos.

Acaba de morir el más cruel, el más sanguinario, el más ladrón, el más traidor, el más astuto para no enfrentar la justicia, también ha muerto nuestra mayor vergüenza, su muerte nos deja el alma desnuda. Allí están los que le rendirán honores a quien honor no tuvo; allí están los que han de mirar para otro lado sin atreverse a mirar de frente las verdades que la larga vida de este sátrapa nos enseña con nuestra sangre; allí están quienes se sentirán burlados por la muerte del que nunca enfrentó la justicia; allí está la justicia de Chile, que ayer lo apoyó, que en general lo apoya todavía, salvo las honrosas excepciones; allí están los criminales de uniformes intactos en su traición, intactos en su deshonor, intactos en su poder paralelo y sobretodo allí estamos los pocos o los muchos que no vacilaremos en ir a su tumba para escupirla y en ese gesto nos pagaremos un muerto, un torturado, un preso desaparecido, un fusilado, una compañera violada, un exiliado, un relegado, un preso, un exonerado.

Hoy es la hora de que la verdad toda salga a flote y también es la hora de saber quienes somos quienes, que la muerte de este canalla nos sirva para decir este soy yo, y en este gesto, reconocernos con el hermano, reconocernos en el dolor y unirnos para consolidar el cambio, los cambios que Chile necesita.

Es la hora de decir basta de corrupción, basta de entregar el país al imperio, basta de injusticia, basta de postergar soluciones y sobretodo basta de creer en quienes administran el modelo. Es hora de juntar nuestra fuerza y hacer camino nuevo.

Tito Alvarado. Diciembre 2006

www.proyectoculturalsur.org/titoalvarado

Proyecto de obituario para un ex dictador

http://www.argenpres.info/nota.asp?num=037546

OBITUARIO CON HURRAS

Vamos a festejarlo
vengan todos
los inocentes
los damnificados
los que gritan de noche
los que sueñan de dia
los que sufren el cuerpo
los que alojan fantasmas
los que pisan descalzos
los que blasfeman y arden

los pobres congelados
los que quieren a alguien
los que nunca se olvidan
vamos a festejarlo
vengan todos
el crápula se ha muerto
se acabó el alma negra
el ládron
el cochino
se acabó para siempre
hurra
que vengan todos
vamos a festejarlo
a no decir
la muerte
siempre lo borra todo
todo lo purifica
cualquier día
la muerte
no borra nada
quedan
siempre las cicatrices
hurra
murió el cretino
vamos a festejarlo
a no llorar de vicio
que lloren sus iguales
y se traguen sus lágrimas
se acabó el monstruo prócer
se acabó para siempre
vamos a festejarlo
a no ponermos tibios
a no creer que éste
es un muerto cualquiera
vamos a festejarlo
a no volvernos flojos
a no olvidar que éste
es un muerto de mierda

Mario Benedetti

LOS ENEMIGOS

Ellos aquí trajeron los fusiles repletos
de pólvora, ellos mandaron el acerbo exterminio,
ellos aquí encontraron un pueblo que cantaba,
un pueblo por deber y por amor reunido,
y la delgada niña cayó con su bandera,
y el joven sonriente rodó a su lado herido,
y el estupor del pueblo vio caer a los muertos
con furia y con dolor.

Entonces, en el sitio
Donde cayeron asesinados,
Bajaron las banderas a empaparse de sangre
Para alzarse de nuevo frente a los asesinos.
Por estos muertos, nuestros muertos
Pido castigo.

Para los que de sangre salpicaron la patria,
Pido castigo.
Para el verdugo que mandó esta muerte,
Pido castigo,
Para el traidor que ascendió sobre el crimen
Pido castigo.

Para el que dio la orden de agonía,
Pido castigo.
Para los que defendieron este crimen,
Pido castigo.

No quiero que me den la mano
Empapada con nuestra sangre.
Pido castigo.

No los quiero de embajadores,
Tampoco en su casa tranquilos,
Los quiero ver juzgados,
En esta plaza, en este sitio.
Quiero castigo.

Pablo Neruda.

 

 

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