Análisis político del pensamiento de José Martí

Lícito es analizar las irradiaciones del pensamiento revolucionario de José Martí fuera de su contexto espacio-temporal, pues, por su prolífica amplitud alcanza nuestro presente. De hecho, la anticipación de los que luego sería el épico triunfo del Movimiento 26 de Julio con Fidel Castro, se revive cuando cuenta "Llegué, con el General Máximo Gómez y cuatro más, en un bote en que llevé el remo de proa bajo el temporal, a una pedrera desconocida de nuestras playas; cargué, catorce días, a pie por espinas y alturas, mi morral y mi rifle; -alzamos gente a nuestro paso; -siento en la benevolencia de las almas la raíz de este cariño mío a la pena del hombre y a la justicia de remediarla; los campos son nuestros sin disputa, a tal punto, que en un mes sólo he podido oír un fuego; y a las puertas de las ciudades, o ganamos una victoria, o pasamos revista, ante entusiasmo parecido al fuego religioso, a tres mil armas; seguimos camino, al centro de la Isla, a deponer yo, ante la Revolución que he hecho alzar, la autoridad que la emigración me dio, y se acató adentro, y debe renovar conforme a su estado nuevo, una asamblea de delegados del pueblo cubano visible, de los revolucionarios en armas"

Lícito es defender su palabra, analizándola despacio, con cautela, para evitar que se derrame y se desperdicie una sola vocal, una sola conjunción, una sola sílaba, y se produzca así un derroche de la preciosa riqueza que encierran sus escritos. Qué mejor, entonces, que revivir, su palabra para recordar su sabiduría, su revolucionario vivir cuando dice "Para salvar a la patria de crímenes se ha madurado el alma pura de esta revolución: no para cometerlos"

Lícito es proclamar la nobleza y el entrañable amor por su patria "Para Cuba que sufre, la primera palabra. De altar se ha de tomar a Cuba, para ofrendarle nuestra vida, y no de pedestal, para levantarnos sobre ella" , la dignidad de su pensamiento y de sus actos, su verdadera demostración de heroico renunciamiento y grandeza de corazón, transitados a través de ideales que lo acercan a los bíblicos profetas que anunciaron el tiempo por venir, como él, lúcidamente, profetizara; aquello que hoy, a todas luces -y lamentablemente- es nuestra realidad: una América Latina desunida y expoliada, aun suicidándose a manos de Gigantes con botas de Siete Leguas, como cuando dice Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas: -y "mi honda es la de David. Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber -puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarl vo-de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América" y aquello de que "vitalmente interesados en impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los imperialistas de allá y los españoles, el camino que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia". . .

Parafraseando a Joan Manuel Serrat podemos decir que las Utopías son irrenunciables, y tras la utopía guió Martí a sus hermanos, como un soldado de la palabra y de la acción.

Martí advirtió claramente a sus contemporáneos que ninguna sociedad avanza en lo propio sino se desprende de los tiranos y deja de imitarlos: "Como que tomamos sobre lo ajeno la medida de nuestras alas. Los tiempos por venir, no verán pues, los nuestros, puesto que se ajustan mansamente a aquellos en que nos amoldamos. "Sin cejar en la búsqueda de la reivindicación del ser humano". Yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre... Para verdades trabajamos, y no para sueños. Para libertar a los cubanos trabajamos, y no para acorralarlos".

Otra característica del pensamiento martiano es la búsqueda de lo propiamente americano, tanto en lo cultural como en lo político, reafirmado cuando dice que "no habrá literatura Hispano Americana, hasta que no haya Hispano América".

Coherente con ello, desde su lucha patriótica comenzada en 1895, haciendo un llamamiento a "lo que quede de aldea en América" proponiendo aquello de que "trincheras de ideas valen mas que trincheras de piedra... No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final a un escuadrón de acorazados". Y extendiendo, ecuménicamente, lo que esperaba para Cuba a la Patria Americana, denota el claro objetivo: la grandeza Americana. Así, escribió aquello de: "No se es visto a distancia, desde lejos, sino a condición de ser montaña" De allí que su lucha giró en la consecución de que Cuba -Su Cuba y Su América- fueran montañas, aun a riesgo de muchos de los que luchaban junto a él no llegaran a verla libre.

Despreció todo tipo de ruindades y privilegios, y exaltó la lucha patriótica, afirmando que: "ni se ha adulado, suponiendo que la virtud es sólo de los pobres y de los ricos nunca; ni se ha ofrecido sin derecho, en nombre de una república a quien nadie puede llevar moldes o frenos, el beneficio del país para una casta de cubanos, ricos soberbios o pobres codiciosos, sino la defensa ardiente hasta la hora de morir, del derecho igual de todos los cubanos de su tierra" .

Y vivir y morir de pie, con dignidad: "sacar del cadalso en que está al honor de Cuba, y del destierro en que en su propio pueblo viven, a los cubanos -- en vez de morder las manos de los libertadores, y besar las manos de los déspotas a quienes aborrecen".

Tan clara visión del horizonte "difícil, cuando el observador está en el centro del problema- fue posible y hasta le fue permitido anticipar lo que, fatalmente, ha sido la suerte de América Latina: la sujeción económica a los Estados Unidos, la pauperización paulatina de la sociedad hasta límites increíbles, el deterioro creciente de las condiciones de vida, de salud, de trabajo, de acceso al estudio. Todo lo profetizó. Desde aquella desgraciada Enmienda Platt "En que sujetó a Cuba a los designios del vecino poderoso y sus destino manifiesto: "cuanto se generalizó el debate se advirtió que la resistencia de muchos convencionales se había cuarteado y que el pesimismo había hecho presa en muchos de aquellos patriotas, que aun siendo opuestos a la Enmienda, juzgaban que de no aprobarse, la inauguración de la República corría peligro."

Ese pesimismo coincidía con el de las clases adineradas, más atentas a la seguridad de sus capitales que a la soberanía de la futura República, secundadas, además, por una pléyade de condes, duques y marqueses, de la época de la colonia que, con muy pocas excepciones, habían combatido la independencia, y vaticinaban el fracaso de la República, que seguramente desaparecería en manos del coloso del norte.

Pero también invitó no sólo formalmente sino con su ejemplo a sus hermanos a imitarlo y defender al ser humano "y el amor armado en el decoro del hombre y la viril fiereza de quien no se tiene por varón mientras haya en la tierra una criatura mermada o humillada"

Cuando se conformó el Partido Revolucionario Cubano propuso a Francisco María González su propósito de unir las fuerzas revolucionarias de Cuba "en los momentos en que el país se madura para la revolución, y está en peligro de que se pongan a su cabeza, por la ventaja del lugar, los elementos coloniales que no alientan con el espíritu verdadero ... Y es de deber y conveniencia pública tomar nota del hecho, fausto para el porvenir, de verse unidos hoy en el trabajo patriótico aquellos factores que por una razón u otra se habían mirado antes con sequedad o con desvío" encendiendo el fuego de las voluntades dispuestas a seguirlo, de los cubanos de un color y de otro, de los emigrados revolucionarios, de los portorriqueños... de los pobres de la tierra... para "poner mano, en la medida de mi capacidad, a la ordenación de las energías, aisladas hoy, que necesitamos para la victoria, y por el grave temor de que caigan sobre la guerra los mismos intereses y los mismos miedos que torcieron y defraudaron la guerra pasada. Del pueblo es la guerra, y hay que ordenarla de modo que no defraude al pueblo".

Pero no estaba en su espíritu la cruenta guerra, sino por una justa causa: "La guerra no es, en el concepto sereno de los que aún hoy la representan, y de la revolución pública y responsable que los eligió el insano triunfo de un partido cubano sobre otro, o la humillación siquiera de un grupo equivocado de cubanos; sino la demostración solemne de la voluntad de un país harto probado en la guerra anterior para lanzarse a la ligera en un conflicto sólo terminable por la victoria o el sepulcro, sin causas bastante profundas para sobreponerse a las cobardías humanas y a sus varios disfraces, y sin determinación tan respetable -por ir firmada por la muerte- que debe imponer silencio a aquellos cubanos menos venturosos que no se sienten poseídos de igual fe en las capacidades de su pueblo ni de valor igual con que emanciparlo de su servidumbre" .

En sus escritos hay mucho lugar para la esperanza, para lo cálido y afectuoso. Con sus opiniones ardientes, convencía y tomaba la delantera pues vence y convence el que está; al decir de Eladia Blázquez- y con este mismo entusiasmo murió de la única forma posible para un revolucionario; de la única manera que podría desearlo un hombre de su clase: combatiendo por la libertad.
Es notable, y hay que remarcarlo: el prolífico, el revolucionario Martí, jamás se queja, jamás retrocede. Su verdad, su palabra, ya no mueren. Qué ejemplo desbordante y digno de seguir, necesario como el faro para el barco en medio de la tormenta.

América Latina, escucha su palabra:
"no me entierren en lo oscuro
a morir como un traidor
yo soy bueno y, como bueno,
moriré de cara al SOL"

LQS. Mónica Oporto

 

 

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