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Argentina: que no sea tarde ¡Ay!, de estos días terribles ¿Quién no entiende aún que un Estado que crea organizaciones que, en paralelo con la estructura estatal, se dedican con su anuencia a investigar, perseguir, secuestrar, torturar y matar a los ciudadanos, es por ende, un Estado terrorista, ya que es el Estado –y sólo este- quien ejerce el monopolio de la fuerza y poder sobre las fuerzas de “seguridad”? ¿Y quién que un Estado que no cuida a su población se ha desentendido de su función primordial: “el bien común”?. El Estado que infundió el miedo y el terror con su brazo armado paramilitar y parapolicial, el Estado que gobernó de facto por las fuerzas militares a partir del 24 de marzo de 1976, ese fue un Estado terrorista. Cuando el presente gobierno emprendió su reivindicación de los Derechos Humanos, en busca de la Justicia que, ahora sí, pudiera (en los tiempos y con los procesos propios de un Estado de Derecho) obrar en consecuencia, todos los que creemos en la vida democrática, aprobamos y acompañamos el camino de la Verdad. Muchos, por las buenas causas pusieron el pecho, aunque en ello (sabían) que les podía ir la vida. Lo hicieron pues sintieron la vocación de servir. Fueron compañeros brindaron su testimonio del horror. Pero lo brindaron en pos de la Vida, no sólo de ellos sino de todos, de los que sí y de los que no. De los tibios y de los calientes. Porque nadie queda exento ni protegido con el “por algo será”. Mañana podrían venir por ellos, y ya sería tarde… Desde las instituciones, a mas de una década de vida democrática, se suponía un crecimiento, y que el acompañamiento, el arrojo ciudadano, debía contar con el respaldo, la contención, la protección. Pero que, además, había corrido suficiente tiempo como para completar el desmantelamiento de todo el aparato represivo. Sin embargo no era así. JORGE JULIO LOPEZ Hombre, hombre y amigo, Jorge Julio López por dos años y medio fue un desaparecido. Estuvo prisionero en un circuito clandestino de detención en la ciudad de La Plata de tiempos de la dictadura y de la policía comandada por Ramón Camps y Miguel Etchecolatz. A López le quedó el pecho marcado con los rastros de la picana y por eso ofreció mostrarle sus heridas a los jueces como prueba. Él, junto a tantos otros, lograron así reconstruir con lo que tenían –pedazos de nombres, fragmentos de lugares, terrores y heridas- ese nido de impunidad de la policía bonaerense. “Callate la boca y no digas nada”, le dijeron cuando lo soltaron dos años y medio después, luego de haber soportado cuatro centros clandestinos de detención –el Pozo de Arana, la Unidad de Cuatrerismo, la Comisaría 5 de La Plata y la Comisaría 8, también de esa ciudad- hasta que lo “legalizaron” poniéndolo a disposición del Poder Ejecutivo Nacional en una cárcel, de donde salió finalmente el 25 de junio de 1979. Adriana Calvo, en cambio, sostiene ante lavaca : “A Julio López lo secuestró la Policía Bonaerense. Y que siga desaparecido es una respuesta a la condena por genocidio contra Etchecolatz”. (2) LUIS ANGEL GEREZ La desaparición de Gerez se constituyó en un nuevo golpe contra quienes ponían la vida por el futuro de los demás. Afortunadamente quedó en advertencia, una clara y jodida advertencia, que se interpreta, a miles de kilómetros de donde ha ocurrido con esta claridad. “sigue siendo un claro aviso de los criminales de siempre: ¡No os paséis! NOSOTROS CONTROLAMOS LOS HILOS DE LA VIDA Y LA MUERTE. ¡A por ellos! En 2007 ¡a por ellos !”.
En cuanto a la democracia sustancial alude al estado de derecho en el cual las iniciativas sociales, la participación de la comunidad en su propio desarrollo y destino, y a la conformación de un espacio plural de colaboración entre sectores y tendencias, son una construcción diaria. ¿En qué estadio de la democracia queremos (debemos) estar? Tenemos el deber ineludible de elegir esta última. Pero, cabe reflexionar sobre la necesidad de peticionar la inclusión de un nuevo derecho: el derecho a ser protegido, para todos, pero en particular para los que tienen testimonios para aportar, dentro de la dimensión de la prevención. Por su parte, también se debe exigir la responsabilidad de proteger la vida mas allá de la anuencia o no del testigo, pues primero está la vida. Mientras tanto, ante el avance de los grupos violentos, resabios de un ayer negro y reprobable, siniestro y espectral, ¿Qué vamos a esperar? ¿ que nos vengan a buscar a nuestras casas? No, respuesta sin pérdida de tiempo, sin vacilaciones. Hay que apoyar esta Democracia de todos –mas allá del disenso político- para que sea mejor, para crecer y llegar a la verdadera y esencial DEMOCRACIA ADULTA. No se puede seguir perdiendo tiempo. En la calle. “Con tu puedo y con mi quiero…” Aun no escucho a los principales referentes de todos los partidos políticos “de oposición”, acompañando uno de los puntos en común en los que no puede haber controversias ni mezquindades. Y eso es parte del crecimiento en Democracia. Porque no quiero volver a leer en las paredes, ni en pancartas, ni escucharlo recitado, ni escrito en el cielo, ni verlo en fotografías, o repetido por los niños, o por las embarazadas, ni que se haga futuro, o por las calles, o en los diarios, ni siquiera pensarlo: Ahora me llevan a mí, pero ya es tarde. Algo hay que hacer y no es quedarse quieto. Una vez nos paralizó el miedo, el terror. Ahora que tenemos claro que no queremos que vuelva el terror, también sabemos cuál es la única forma de evitar que se vuelva a instalar. Juntos y en la calle. “porque esperando a solas poco se alcanza, LQS. Mónica Oporto. Enero de 2007 (1) En estos días :Silvio Rodríguez |
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La Calle
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| Año V. / | |||||