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Estimados compañeros bolivarianos
Desde España seguimos con mucho interés el proceso revolucionario que se está produciendo en Venezuela, desde un Estado capitalista pero con un gobierno que quiere conducir al pueblo al socialismo. Es sumamente importante como desde la realidad concreta de un país que a pesar de su riqueza las desigualdades económicas y sociales tan agudas, dieron lugar al atraso cultural y educativo, el proceso revolucionario se está abordando consecuentemente a través de las misiones. Ayer desde Internet tuve ocasión de ver y oír la entrevista que VTV hacía a Heinz Dieterich con motivo de su publicación El Socialismo del Siglo XXI, y la verdad es que ante las preguntas del entrevistador de cómo desde las experiencias históricas del socialismo y de la realidad de Venezuela se podían dar pasos que conducentes al socialismo, ya que Dieterich no consideraba que la experiencia liberal burguesa y progresista de Bolívar y de Cristo, en un mundo tan complejo y desarrollado fueran de suficiente base para un sistema socialista que tiene que construirse sobre una base científica. La verdad es que si bien se apuntó la necesidad participativa del pueblo, no se establecieron formulas que permitiesen esa participación desde los lugares naturales donde el ser productivo y social siempre puede realizarla, es decir desde los centros de producción y servicios, controlando a su nivel, desde sus empresas el proceso productivo, sintiéndose participativo desde lo más natural que es el trabajo cuando este en vez de ser enajenado capitalista se convierte en creativo y solidario socialista. Por lo que conocemos de las misiones creemos que se están sentando esas bases participativas, sobre todo tras las experiencias en las empresas nacionalizadas donde los trabajadores han podido elegir a los gerentes de las ramas de producción, y se espera incluso avanzar para elegir a los directores de empresa. A lo sumo Dieterich nos dijo que anualmente mediante plebiscitos el pueblo se podría manifestar. Ello nos llenó de preocupación que se ha visto acrecentada cuando esta mañana en Rebelión http://www.rebelion.org/noticia.php?id=18445 (de la que soy colaborador) me encuentro con esta declaración: "En Venezuela no habrá comunismo" dice categórico el nuevo Ministro de Defensa venezolano, almirante Orlando Maniglia, recientemente nombrado por el Presidente Hugo Chávez. "La constitución es muy clara, dice que somos un país democrático, con libertad de expresión, con derecho a la propiedad, muchas cosas que en el modelo comunista no existen." Es de lamentar que haya tan tremenda confusión en personas de ese nivel de compromiso revolucionario. Es de interpretar que cuando se niega el comunismo, se hace como rechazo a la experiencia del llamado Socialismo Real, pero en ningún caso justifica rechazar un proceso de desarrollo socialista que necesariamente tiene que culminar en el comunismo, cuando el desarrollo productivo y moral del nuevo ser humano permite esa igualdad total que solo es posible en el comunismo. El Sr. Maniglia se confunde en su defensa genérica de la propiedad, confunde la propiedad de los bienes de uso personal, con los sociales productivos. El socialismo y el comunismo lo que niegan es la propiedad privada de los medios de producción, (que incluso consecuentemente Dieterich niega sea socialista el cooperativismo) ya que desde esa propiedad privada se sientan las bases para la desigualdad económica, social, cultural y participativa en un proceso productivo que es esencialmente social desde su raíz, desde el trabajador del país africano que arranca de la tierra materias primas, hasta la manipulación más compleja que pueda realizar el trabajador del país más desarrollado tecnológicamente. La propiedad privada capitalista, no puede convivir con la propiedad social colectiva del socialismo. Que Venezuela se encuentre en la actual contradicción de un Estado capitalista con un gobierno que quiere contribuir a construir el socialismo, no quiere decir que ambos sistemas puedan convivir eternamente, en algún momento se tendrá que producir la revolución y nacionalizar todos los medios de producción. Los trabajadores poder participar permanentemente en la política administrando directamente los medios sin capitalistas. Es triste que algo tan complejo y difícil de comprender, dada la tradición milenaria sobre la función histórica del Estado en que se asienta la explotación del hombre por el hombre, descubierta por Marx, Engels y Lenin, (sobre todo por este último desarrollada en su obra El Estado y la Revolución) no haya sido comprendida por destacados personajes que se consideran marxistas, y por supuesto por personas que no lo son. De haberse comprendido el propio Dieterich habría desarrollado esa idea de participación directa y permanente por el conjunto del pueblo al momento actual, llámese misión, comuna, consejo o soviet, que los clásicos del marxismo supieron ver tras la experiencia de la Comuna de París o el Soviet de 1905 en Rusia. Una democracia directa que desde abajo se desarrolla hacia arriba. Tal vez aquel Vaticano de la ortodoxia marxista que se llamó PCUS, hizo creer a muchos marxistas que aquel país era soviético, cuando de soviético solo tenía el nombre, ya que la constitución leninista soviética que nunca llegó a implantarse en aquel inmenso territorio, finalmente a iniciativa de Stalin fue abolida el 11 de junio de 1936. El poder, la democracia directa no lo ejercía el pueblo, no había una democracia soviética desde los centros de producción, los directores de fábrica no eran elegidos, ni el proceso productivo eran controlados por los propios trabajadores, el partido era el que tenía el poder, y ya se sabe todo poder que no es ejercido y controlado directamente por los interesados, con el tiempo por muy buena voluntad que les animase en su origen, degenera en burocratismo y corrupción. Lenin lo dijo muy claramente, las principales características del Estado capitalismo son el ejercito permanente y el burocratismo. Fue cuestión de tiempo que aquel falso socialismo terminara retornando consecuentemente a la burocracia capitalista. Los antiguos aparatichis con su flamante ex-CGB, hoy de presidente de la Rusia democrática, convertidos en eficaces burgueses con mucha propiedad privada de los medios de producción. Salud Malime |
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La Calle
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| Año V. / | |||||