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Año V. /

País Valenciá. Sobrevivir encerrados y aislados en “castillos de lujo” o vivir en barrios abiertos y vivos

“Tener que desplazarse fuera de tu barrio, de tu entorno habitual para hacer compras, divertirte o encontrarte con tus amig@s, novi@s, conocidos y familiares es el síntoma evidente de que nuestras zonas residenciales son simples dormitorios colectivos, carentes de identidad, carentes de equipamientos y lugares de encuentro. Si uno pasea por los nuevas zonas residenciales, puede observar que carecen de alma, que no tienen puntos de referencia históricos, que nadie pasea por sus calles…”

Hoy en día se ha puesto de moda “vivir” en unos nuevos guetos, espacios cerrados a las calles de la ciudad, donde se construyen pequeños jardines y algunas dotaciones deportivas para uso y disfrute exclusivo de los privilegiados residentes. Las viviendas que se construyen en esas nuevas fortificaciones urbanas, bien dotadas de vigilancia y de medidas de seguridad, favorecen el aislamiento y la soledad, según han confirmado y demostrado las investigaciones y análisis de reconocidos sociólogos, psicólogos…

Las barrios dormitorios y las “casas ataúd” siguen siendo la moda entre la “clase media” que ha surgido del pelotazo urbanístico ibérico. Son zonas cerradas y bien alejadas de los barrios tradicionales, esos espacios urbanos que han sufrido un gran deterioro, dado que las instituciones locales y autonómicas se han dedicado a invertir el dinero de los ciudadanos, en la creación de innecesarios y absurdos proyectos turísticos, alejados de los espacios donde vivimos las personas, la gente de carne y hueso.

Es evidente que la vida y las personas, la vida diaria no interesan nada a los gestores y a nuestros representantes, pues la carencia de centros sociales, juveniles, lúdicos, bibliotecas, zonas deportivas públicas, jardines… sigue siendo una realidad incuestionable en la mayor parte de los barrios periféricos de Valencia. Es una verdad como un templo que construir un estadio deportivo privado no es crear calidad de vida y bienestar, no sirviendo para favorecer la socialización, combatir el aislamiento y la soledad, dado que no estimula ni impulsa la realización de deporte entre los habitantes de la zona. Todo lo contrario, la creación de espacios deportivos privados y turísticos (es una aberración y un insulto considerar cultural a la Ciudad de las Artes y las Ciencias como zona cultural), estimula el aislamiento, la depresión, la soledad en todos y cada uno de nosotros, dado que el ciudadano precisa tener cerca de su hogar los equipamientos públicos que precisa para su desarrollo integral como persona, como ciudadano.

Tener que desplazarse fuera de tu barrio, de tu entorno habitual para hacer compras, divertirte o encontrarte con tus amig@s, novi@s, conocidos y familiares es el síntoma evidente de que nuestras zonas residenciales son simples dormitorios colectivos, carentes de identidad, carentes de equipamientos y lugares de encuentro. Si uno pasea por los nuevas zonas residenciales, puede observar que carecen de alma, que no tienen puntos de referencia históricos. Casi nunca se ve a nadie pasear por esas nuevas calles. Son espacios muertos y planos, sin color, pues la gente sale corriendo a los guetos de la fiesta, el gran comercio… cuando toca divertirse, encontrarse, ligar, comprar…

Los barrios periféricos como Benicalap, Campanar, Orriols, Marxalenes,,, tienen dos caras, como el dios Jano: una es la de los guetos de lujo, creados a imagen y semejanza del agonizante y enfermo modelo norteamericano, que tan bien describen los escritores John Cheever, Carles Bukowski y Raymond Carver en sus relatos (vuelvan a ver la película “Vidas Cruzadas” y se verán retratados fielmente), donde el aislamiento, la incomunicación, la depresión, la violencia soterrada y la tristeza constante son lo que ofrece “vivir” encerrados en esos perfectos nuevos castillos de lujo. Muertos vivientes bien vestidos y mejor alimentados habitan esos nuevos guetos de lujo, “clase media” que son carne de psiquiatra, adictos a gurus, amigos incondicionales y desesperados de todo tipo de terapias y encuentros virtuales a través de Internet,  para así aliviar (que no curar) su profunda y creciente soledad y miseria emocional, intelectual…

La otra cara de los barrios periféricos es aquella que ofrece zonas profundamente degradadas, sucias, abandonadas, carentes de todo tipo de servicios, dotaciones y equipamientos públicos: centros sociales, juveniles, escuelas públicas, jardines, residencias para nuestros mayores…pero que tiene comercios, pequeñas tiendas y gente viva y totalmente despierta…

Los que han elegido vivir encerrados en sus “castillos de lujo” deben elegir a su terapeuta o bruja urgentemente, así como aceptar que para poder jugar, divertirse, ligar o charlar con alguna otra “persona”, deberán recorrer largas distancias o conectarse a Internet durante sus largas noches de soledad. El aburrimiento y la desesperación son los ingredientes que se cuecen en los nuevos “castillos de lujo”, en las residencias cerradas que se crean alrededor del Hotel Hilton, del Parque de Cabecera…

Los que hemos elegido vivir en los otros guetos, en los guetos degradados y olvidados por los que dicen ser nuestros representantes públicos, los que  hemos elegido vivir en zonas que todavía tienen sabor de barrio y donde la gente se mira a los ojos y te saluda, sabemos que no tenemos bibliotecas, piscinas, jardines, centros sociales… pero todavía no hemos vendido nuestra alma al diablo. Y Yo no pienso vender mi alma ni mi corazón a ese demonio, a ese dios arrogante y mentiroso, que algunos imbéciles y tarados, con traje y corbata, llaman “progreso” y que no te ofrece ninguna calidad ni sabe abrazarte de manera sincera e inesperada en los días de lluvia…

En las zonas abandonadas por la alcaldesa de Valencia y por Camps, tenemos La Ceramo y las Alquerías, aunque hoy sean simples ruinas, gracias a la evidente y probada falta de ética y moral que, demuestran diariamente, los políticos de nuestra ciudad de Valencia, de nuestro País Valenciano. Aunque no debemos olvidar que si tenemos políticos impresentables y zafios es por la sencilla razón de que todos nosotros somos cada día más imbéciles e irresponsables al aceptar y asumir que ellos nos gobiernen.

LQSomos. Antonio Marín Segovia. Septiembre de 2007
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