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Bolivia. ¿Dialogo? ¿Con Quién?
Una reciente invitación a un diálogo imposible escrita con olor a hostias
pasó por mis narices sin provocar casi reacción alguna hasta que se toparon
con tres frases que transformaron mi saludable indiferencia en un disgusto
que pica como abeja en un glande.
La oportunidad de la nota, publicada el 24 de diciembre, me indicaba un
deseo tímido de expresar una opinión libre reprimido por la costumbre de
hilvanar sermones y una probable necesidad de dirigirse al respetable menos
por servirlo que por sacar la cara como hacen los viejos actores olvidados
por su público.
Una de estas frases invita a los potenciales interlocutores a actuar
obedeciendo una fórmula que parece jesuita, la de ser "humilde como paloma,
prudente como serpiente" durante tal coloquio. Desde los días del Paraíso
hasta los de Evo, sólo los curas más avispados ven a la serpiente como"prudente". Eso, a menos que se tratara de esos jesuitas que actúan en "El
Judío Errante" y andan con venenos y dagas bajo la falda, digo la sotana.
Una doble lectura de la tal frase me lleva a rogar a tirios y troyanos a
ignorarla siempre que entren en cualquier diálogo a menos que sean jesuitas,
y de los antiguos. Vale más ser sencillos, honestos y claros para dialogar,
creo. Como decía Aquel a quien este autor dice servir, más valen un "Si" o
un "No" fuertes y rotundos que las frases sibilinas de los malos abogados.
Esa mención de la serpiente, de la que todos sabemos quien es en verdad, no
me hubiera empujado a picar papel si no fuera porque, apenas me reponía de
ese pésimo consejo, di con el siguiente ejemplo de un mal español, malo dos
veces porque fue escrito por un español: "Hasta la Biblia habla de la santa
ira de Dios, y Cristo, en el Templo, sacó a chicotazos a los mercaderes que
lucraban de la devoción popular en el Templo".
Para hacerlo corto en lo posible, diré tan sólo que ese "Hasta la Biblia" es
un absurdo que trata de menospreciar lo que este autor más aprecia, atribuye
a Dios una ira que sólo Dios sabe si la sentía y añade al Cristo para
demostrar que, si Dios y Cristo pueden perder los estribos, también Evo
puede perder la paciencia (cuando lo que busca la nota es lo contrario).
Ya a estas alturas se ve que, lejos de buscar un diálogo, lo que esa nota
hace es poner las barbas de su autor y de muchos de sus amigos en remojo
hoy, cuando parece que la hora de arreglar cuentas ha llegado o está a la
vuelta de la esquina.
Por fin, pues, escribe el hombre una frase que, no dirigida a sus lectores,
parece una confesión de su subconsciente convulsionado. Dice: "Dime quién de
(¿?) paga y te diré qué dices o cómo lo dices. Dime quién es tu dueño y te
diré qué no dices." Lo que en español altiplánico se dice así: "Dime quien
te paga y te diré lo que dices o cómo lo dices. Dime quien es tu dueño y te
diré lo que no dices", frase que da en los nasos de los periodistas
bolivianos después de pegar en el pecho de su autor (aunque, la verdad,
parece plagiada de un tercero).
Frase con la que, por fin y después de 563 palabras, podremos referirnos al
autor y no a sus aciertos. Si mi estimado lector aún no sabe de quien se
trata, deberá buscar "Tejer Diálogos y Puentes", nota publicada si no ayer,
antes de ayer en la prensa nacional. (Eso de "tejer puentes" también me
pica, pero vaya, deben ser puentes de totora.)
Como todos, especialmente Branko y Costas, habrán notado, este estudioso
acaparó la atención nacional no hace medio año, cuando escribió algo, habló
mucho y no dijo nada nuevo sobre la coyuntura actual. Viniendo de un hombre
que ha dedicado varias décadas a estudiar a los nativos, aborígenes,
cobrizos, indios y etc. etc. y publicado una vasta obra conocida casi por
nadie, sorprendió a la pléyade de estudiosos locales con su "puede ser
negro, puede ser blanco, puede ser gris". Poco después usó la prensa para
repetir su mensaje y varios de esos expertos murmuraron, malvados ellos:"Si de tus estudios ese es el fruto", dejando la parte segunda de esta
condena a las intenciones de sus oyentes.
Para los legos como yo, y somos millones en este medio, sus obras son como
los milagros de San Gerardo: nadie los ha visto ni nada se sabe de ellos.
Tal vez por eso conviene, ahora que la hora de rendir cuentas se acerca, el
aplicarle la norma sugerida por él mismo para medirlo, así sea por
aproximación.
"Dime quien te paga y te diré lo que dices o cómo lo dices". En este caso,
quien pagó por esa vasta obra es la Iglesia Católica, y no necesariamente la
de Luis Espinal sino la otra, la de los dos papas fascistas y Opus Dei.
Antes de que las viejas salten gritando, "¡Pero si X es un santo!", quiero
decirles que ni Jesús mismo aceptó un diálogo con la serpiente, pues sabía
quien es en verdad esa serpiente, el Mal, así con mayúscula. Por lo demás,
ya que andamos de frases celebres, "dime con quien andas y te diré quien
eres". Anoto que al decir "la Iglesia Católica" soy generoso, pues en
realidad quien financió y financia a la Iglesia Católica boliviana es el
pueblo boliviano, pobre como es, y no el Vaticano, ricacho como es todavía.
Milagros del diezmo.
Así pues, vemos ya por qué X dijo tan poco hace meses y semanas y el cómo
dice X lo que dice en sus obras (obras de experto para expertos) o en sus
notas para el resto de los mortales, no necesariamente tan claras y
sencillas como sugería el Señor.
Su nota ignora también que Evo carece de interlocutores para un diálogo que
postergara para mañana sino para el siglo venidero la ira santa de los
oprimidos. Ahora que la "oposición" está con el agua al cogote, pide"minuto" para salvarle el resuello. Hace como esos obispos que olvidan los
siglos de explotación y racismo que practicara y practica la Iglesia para
insinuar, "Ahora que ustedes tienen el cuchillo, hablemos por favor. No
vayan a cortarse un dedo".
Esa "oposición" no es una oposición como la de París de Francia, póngase por
caso, en la que hasta los sinvergüenzas son respetables porque son en verdad
políticos. La "oposición" que sufre Evo es una banda de truhanes y pillos ya
casi legendarios que aprendieron sus artes de Banzer, Tuto, el MIR (partido
organizado con el único objetivo de robar sistemáticamente), Goni y los
demás pecadores que Dios, en su santa ira, nos permitirá poner en la picota
poco antes del diluvio. Si de algún diálogo se tratara, deberá ser sólo del
que debe cumplirse en una celda entre un juez y un acusado.
Como esto ya se alarga, resumamos: antes que cualquier diálogo con
delincuentes debe llegar la hora de la Justicia, así, con mayúscula, y más
en Bolivia, donde la Justicia brilla por su ausencia desde 1825. Justicia
primero, diálogo después, entre los inocentes.
Y para hablar de inocentes, anotemos por fin la última frase que cito a
nuestro experto y que dice, "Dime quién es tu dueño y te diré lo que no
dices." ¿Quién es el "dueño" de X? La respuesta es fácil. Basta ver lo que X
no dice.
No dice, por ejemplo, que vino hace décadas como antropólogo y no como cura
(aunque lo de cura le ayudó) a estudiar, como hacen sus colegas, a las
tribus y pueblos en extinción antes de que se extinguieran por ompleto. Esa
es la tarea de sus colegas en el mundo, y los ejemplos se dan por docenas.
No dice, por tanto, que el último de sus intereses era que sus estudios
fueran conocidos por sus estudiados. Después de todo, eran como los pigmeos
de Papua. Se los estudia, pero no se almuerza ni se comulga con ellos. De
allí la escasa distribución de sus obras y su mínimo interés por dejar obra
al vulgo local. Sólo los expertos conocen la obra de este experto. ¿Los
bolivianos? Como tantos otros prestigios, también el de X es hijo del rumor
y los amigos. La obra reposa en lejanas playas.
No dice, en fin que, para sus estudios, sus estudiados aparecían ya casi muertos. Se los describe, se anota admiración ante sus lenguas muertas y sus
perdidas civilizaciones, se describe sus extrañas costumbres, se habla de su
dieta, sus vestidos, sus costumbres sexuales, sus mitos, su religión, sus
absurdos y, sobre todo, sobre su decadencia y su próxima extinción. Extintos
como parecen ya, ¿para qué darles textos especializados o en vulgo sobre
ellos mismos?
¡La sorpresa que se habrá pegado este X el día en que Evo ganó las
elecciones! Debe haber sido como ver salir a un muerto de su tumba. A un
Lázaro de cobre. Pero, cómo, se habrá dicho, si lo único que les faltaba era
extinguirse como una vela. Después de todo, hace 500 años que estamos
tratando de extinguirlos.
Y así es como vemos que la misión del antropólogo y sus obras no tenían por
finalidad la de enriquecer las bibliotecas inexistentes de sus estudiados.
Era la de contribuir al mejor conocimiento de indios casi extintos entre
quienes ejercitan el poder desde siempre y desde lejos, Madrid y Washington,
en este caso. Era enriquecer las bibliotecas de los expertos que son
asesores de los poderosos y estudian a los oprimidos para oprimirlos mejor.
Esos si aprecian bien la labor antropológica del jesuita que resulta la cara
contraria de Espinal. Uno vino a morir por nosotros. El otro, a vernos
morir, a estudiarnos mientras moríamos y a contárselo todo a quienes buscan
matarnos. ¡A por ellos, Aznar, banqueros y empresarios!
Así se explica también lo poco que dice X, y no sólo lo que no dice. Nunca
se preparó para decir nada a sus estudiados. La idea era vivir entre ellos,
anotarlo todo sobre ellos, pero no ser de ellos. Sólo así se explica un
silencio tan denso tras décadas de estudios.
Y hoy, cuando propios y extraños se sorprenden ante tan reducida sabiduría,
ante tan magro producto de una vida, algo hay que hacer para salvar la cara.
Algo como proponer diálogos con ladrones y asesinos, pillos y mercenarios.
Algo como buscar la postergación de una Justicia que puede castigar hasta a
los antropólogos de sotana.
Ah, pero la obra está allá, en la Casa de Indias, y la Madre Iglesia y el
Imperio la agradecen. Es por ella y otras iguales que conocen mejor a sus
víctimas, los indios que, lejos de extinguirse, han conquistado el poder
político en el corazón de Latinoamérica y un lugar especial, gracias a Evo,
en el corazón generoso de las naciones del mundo.
LQSomos. Arturo von Vacano. Diciembre 2007
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