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Año IV /
El delirio bursátil

La movida bursátil del pasado lunes (21-1-2008) pone al descubierto que cuando los actores económicos dudan o no saben con exactitud como van las cosas, se asustan y se precipitan.

Una situación de estas magnitudes sería impensable si los agentes que actúan en los mercados financieros adoptaran individualmente sus decisiones teniendo en cuenta el valor futuro de las empresas a partir de las informaciones que estas les facilitan.

Pero si hacemos caso a la prensa económica y a los medios de comunicación, las decisiones de los inversores acostumbran a basarse en indicadores de carácter externo y estos en lugar de comportarse de manera individual y aislada, se influyen mutuamente. Por esta razón los mercados bursátiles se analizan como si fueran personas dotadas de sentimientos y de voluntad que expresan «inquietud», «optimismo» o «pánico».

El primero gran indicador externo se encuentra en Wall Streer. Como que el lunes 21 de enero era un día festivo en EE.UU., este indicador era inaccesible. Faltaba una información que algunos consideran básica. Mucha gente, inquieta por otras causas, se desesperó.

El segundo indicador se localiza en el propio mercado bursátil. Este mercado actúa como una mano visible y la gente se deja seducir por las cifras, sobre todo, cuando se supera un récord o se desciendo por debajo de un mínimo.

El tercero indicador proviene de la conducta de los bancos centrales. Si la reserva Federal de los EE.UU. decide disminuir los tipos de interés como acababa de hacer, algunos inversores se tranquilizan porque ven que se actúa y porque consideran que será más fácil acceder al crédito para invertir o consumir. Pero si la bajada es muy fuerte hay quien sospecha que la situación es peor de lo que se nos dice.

Otro indicador se encuentra detrás del comportamiento de los grandes inversores. A falta de otros referentes, se los observa e imita.

Todo esto parece desproporcionado o sin sentido y de hecho lo es. En el fondo demuestra que una parte considerable de los poseedores de las acciones, no tienen ni remota idea de la evolución de las empresas de las que teóricamente son propietarios. Por esta razón buscan información en otros lugares.

Además, con la aparición y expansión de los denominados productos derivados la situación aún se ha enmarañado más. Ahora hay mucha gente que ya no sabe donde ni en qué está invertido su dinero. Todo se encuentra en manos de bancos y otros intermediarios financieros.

Y aquí aparece uno de los principales problemas de la crisis actual. La quiebra de los créditos (los suprimes) que las instituciones financieras habían concertado en masa para estafar a las familias pobres y que luego repartieron por todo el planeta a través de productos derivados infectados, ha comportado una pérdida de confianza en muchos valores de los cuales nadie conoce la verdadera composición y ha provocando una reacción en cadena.

La conducta de los mismos bancos y entidades financieras, tampoco tranquiliza al personal: los bancos se muestran reticentes a prestarse dinero entre ellos por miedo a no recuperarlo. Esta fue la causa inicial de la crisis de liquidez que sólo se atenúa con la inyección de dinero desde los bancos centrales. La pregunta que algunos ahora ya se formulan es la siguiente: ¿Si unos bancos desconfían de los otros, porqué razón nosotros debemos confiar en ellos y dejar en sus manos nuestro dinero?
Esta situación pinta mal: el crecimiento económico aflojará y el empleo lo va a anotar. Y la ocasión se aprovechará para pedir nuevos sacrificios a las clases trabajadoras.

Por esto es muy importante tener claro que la verdadera causa de todo esto no procede de los incrementos salariales. Ha sido el mayor peso de las rentas del capital y el endeudamiento de las familias trabajadoras lo que ha permitido a los poderosos utilizar una parte de los beneficios obtenidos para buscar dinero fácil a través de inversiones no productivas. Es en esta orgía, y no en las rentas del trabajo, donde hay que poner orden.

De momento, ni las entidades financieras, ni los grandes empresarios, ni la derecha, ni el actual gobierno del PSOE, plantean combatir la desregulación neoliberal actual que es donde se encuentra el origen de todo esto. Hacen justamente lo contrario: Proponen la intervención estatal para dispersar el humo de las pérdidas bancarias y para que los carroñeros de las finanzas puedan continuar campando a sus anchas.

LQSomos. Antoni Puig Solé. Enero de 2008
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