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La Calle
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| Año V. / | |||||
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Acerca de las elecciones francesas El resultado de las elecciones presidenciales francesas del pasado 6 de mayo, con la amplia victoria del conservador Nicolás Sarkozy sobre la socialista Segolène Royal, ofrece pocas dudas sobre las preferencias de los votantes para pilotar los destinos de la V República Francesa en los próximos cinco años. Nada de lo que afecte a la Galia y a sus habitantes me es ajeno ya que permanecí largo tiempo -como tantos otros mortales-atrapado por la imagen de la dulce Francia patria de las libertades y de la razón; de la justicia social, el equilibrio y el refinamiento; de la tolerancia sexual y las vanguardias culturales… que se materializaba a los acordes de la Marsellesa y el ondear de la escarapela tricolor, símbolos de la tradición revolucionaria de 1789. Y que decir de la admiración por los Balzac, Stendhal, Proust, Sartre o Camus; de la fascinación por la mística de mayo del 68; por las propuestas estéticas y visuales de la nouvelle vague … Una visión mítica de un país y de una cultura que, tras la hecatombe militar y moral de la Segunda Guerra Mundial, comenzó a ser otra cosa que nos resistíamos a admitir; una Francia en la órbita del envejecimiento y la decadencia que aquejó a la Europa de la posguerra mundial y de la guerra fría. Una situación que se agravó por la crisis de los 70, con la tensión añadida entre el afán de singularizarse -muy francés- y la servidumbre debida a las nuevas tecnologías en la era de la globalización bajo la égida del imperio americano, y el pago de la factura migratoria, común a las ex potencias coloniales. En este contexto, el triunfo de Sarko acrecienta a mi juicio la sensación de debilidad del discurso político de la izquierda y en particular de la socialdemocracia; la falta de atractivo de sus propuestas electorales; la incapacidad, esperemos que pasajera, de reflexión sobre sus propias tradiciones democráticas y sus valores. Una izquierda atrapada por la necesidad de vencer y el exceso de pragmatismo. El cambio -una palabra extremadamente desvalorizada- anunciado por Monsieur le President no es más que la puesta al día de la maquinaria represiva del estado; la vuelta a las tradiciones de la peor cara del gaullismo sin Degaulle, el cultivo de un nacionalismo neocon y ultra liberal teñido de racismo y xenofobia como demostró hace dos años, al enfrentarse a la rebelión de los suburbios en las ciudades. No pretendo predecir el futuro, pero si invitar a la reflexión a mis paisanos con la miranda puesta -salvando las categorías que les separan- en las elecciones municipales y autonómicas del 27 M., en la era valenciana de las mafias del ladrillo. Sarkozy, pese a la inteligente puesta en escena de su discurso presidencialista, representa, el rostro puro del capitalismo “salvaje”, lo que en el País Valencià, aunque desde categoría regional preferente , representan Rita Barbera y Francisco Camps. La ascensión de Sarko , todo un animal político poseído de nitzcheana “voluntad de poder”, es el gran síntoma revelador de los temores de la sociedad francesa ante el emigrante y la pobreza. La vieja farsa, como llamara Benavente al teatro, y la política no deja de ser teatro, rueda ya tras los Pirineos. Lo que suceda allí nos importa. LQSomos. José Antonio Vidal Castaño. Mayo de 2007 Sarko y la escoria
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