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Empleo, flexiseguridad y políticas económicas
La economía dominante ha elevado a la categoría de ley la teoría según la cual la disminución de los salarios y la flexibilización del mercado de trabajo conforman la solución mágica que permite hacer retroceder el desempleo:
Se empieza insistiendo en que el desempleo es el principal problema económico de un país, e incluso se consigue que así sea considerado por la opinión pública.
Luego, se acusa al movimiento sindical (que justamente tiene entre sus misiones la de arrancar mejoras salariales y derecho laboral) de ser el responsable único del sufrimiento de los desocupados.
Para dar consistencia a esta última aseveración, se comparan las tasas de paro de unos países con las de los otros y se asocian las más elevadas con los sistemas laborales donde es más difícil despedir, donde los sindicatos son más potentes y donde las indemnizaciones de despido son las más generosas.
El supuesto modo danés de flexiseguridad.
Pero reducir el análisis económico a la evolución y comparación de las tasas de paro, es una temeridad: Existen procedimientos sofisticados para modificarla, sin influir para nada sobre la actividad económica. Es conocido que en varios países se han incluido variaciones en los sistemas de contabilización de los parados, gracia a las cuales, de repente las tasas de paro han cambiado.
Junto a la manipulación estadística, han prosperado otros procedimientos más eficientes para variar la tasa de paro, sin afectar casi en nada al resto de los indicadores económicos. El caso, seguramente más ilustrativo, lo tenemos en Dinamarca, que consiguió en poco tiempo dividir por dos su tasa de paro. Pero este éxito no provino de un mayor dinamismo del empleo. La llave del misterio se encuentra en las jubilaciones anticipadas y las enfermedades de larga duración, que apartaron de la población activa aproximadamente al 20% de los daneses entre 15 y 64 años. Esto fue factible gracia a su potente y generoso sistema de protección social.
El contra ejemplo español.
España se ha comportado como el contra ejemplo. A pesar de las diferentes reformas precarizadoras de los últimos 20 años, la OCDE continúa situándola dentro del bloque de países con un mercado de trabajo rígido. Pero ahora, prácticamente nadie pone en discusión que la economía Española ha actuado en la última década como una máquina generadora de ocupación. Sin embargo, el paro continúa estando presente y con fuerza.
España inició el siglo XXI con más de dos millones de parados. A lo largo de este siglo la población activa ha crecido de forma considerable incorporando a más de cuatro millones y medio de personas. El paro, en cambio, sólo se ha reducido en unas quinientas mil y actualmente todavía se contabiliza a un millón ochocientos mil desempleados.
Es necesario añadir, que el recurso a las jubilaciones anticipadas, del que tanto presume el modelo danés, también ha sido utilizado a fondo en España. Y es curioso ver como los mismos que se llenan la boca de flexiseguridad sugieren a la vez y de manera insistente medidas para frenar este tipo de jubilaciones.
Resulta evidente, por lo tanto, que a la habla de ocupación, se hace imprescindible contemplar otros indicadores económicas, además de la tasa de paro. En el caso de España, en concreto, el crecimiento de la ocupación, se encuentra muy relacionado con el incremento del PIB, y tiene, poco que ver, en cambio, con las modificaciones que ha sufrido el mercado laboral.
De hecho, la relación PIB-ocupación, no sólo es fuerte en España. Actualmente también lo viene siendo en la mayor parte de países e incluso de una manera más acentuada de como lo era hace unas décadas. Por el contrario, la relación reforma laboral-ocupación, en todas partes se evidencia absurda.
Paro, ocupación, políticas económicas y reivindicación labora.
Volviendo al problema del paro, he de añadir, que cada día estoy más convencido de la validez de la teoría de Marx sobre el ejercido de reserva. El capital es el primer interesado en la existencia de un número importante de parado y emplea esto para perjudicar la situación laboral de los activos.
He hablado, hace un momento, de la relación entre ocupación y PIB. Pero debemos preguntarnos si esta relación es infinita. Yo personalmente creo que no. A medio plazo, la productividad de los ocupantes aumenta en la misma proporción que lo hace el PIB. Por lo tanto debemos empezar a pensar cómo traducimos los incrementos de productividad en mejoras salariales modificando el reparto actual de los ingresos, y sobre todo, en reducciones horarias que nos permitan disfrutar de más tiempo libre
LQSomos. Antoni Puig Solé. Diciembre de 2007
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