Bolivia: ¿Espinal en La Razón?
Milagro del Jesuita Malo
Pocos pecados merecen el quinto infierno tanto como la traición cometida
contra un amigo. Mayor pecado es, aún, cuando la traición se comete
aprovechando que ese amigo está muerto. Mayor aún será si ese muerto es un
mártir asesinado porque defendió y amó a este pueblo, que no era suyo pero
adoptó como suyo, un mártir al que sus asesinos sometieron a nueve horas de
tortura y tormento antes de destrozarlo.
Y aún mayor pecado será el usar a ese muerto y sus ideas para servir a
quienes lo consideraron siempre su enemigo. Pecado imperdonable será
entonces, pecado que provoca el repudio y el asco en la conciencia de toda
persona decente, sean cuales sean sus ideas políticas. ¿Porque, qué peor
crimen se puede cometer contra un muerto que la violación de su memoria y el
abuso de sus principios para servir justamente aquello que el muerto repudió siempre?
Ese pecado se cometió al concluir el 2007 en las páginas de La Razón bajo el
título de "Año Nuevo, País Nuevo", un brulote sin más finalidad que la de
usar y abusar del nombre de Luis Espinal.
La nota demuestra la desesperación de la oligarquía que agoniza y los
extremos de inmoralidad a que pueden llegar esa oligarquía y sus sirvientes.
El que entre esos sirvientes asome el mal jesuita al que acababa yo de
criticar por otro pecado no es más que un accidente. Aquel fue un error;
este es un crimen.
"Año Nuevo, País Nuevo" comienza citando la vanidad de su autor, antropólogo
e infantil, cuando viaja a algún poblado del Altiplano para pasar las
navidades recientes, según él, como la pasaron los tres personajes que son
causa de todas las navidades que el mundo ha visto.
Es decir, quiso dejar las comodidades a las que está acostumbrado gracias a
su Iglesia, que mima y trata bien a sus curas de prestigio cierto o
falsificado, y darse el lujo de sentirse "realmente" pobre durante tres días
antes de retornar a su lecho cómodo y caliente y su chocolate matinal.
Es en medio de esa pobreza altiplánica a la que visita como turista que el
cura bellaco menciona una nota escrita por Luis Espinal y le roba todos los
párrafos que cree necesitar para intentar decir lo que siempre dice cuando
coge la pluma: poco o nada.
Naturalmente indecente, no se le pasa por la cabeza el deber elemental de
todo reportero que se respete. Por ello evita anotar la fecha y las
circunstancias en que Espinal escribió. Olvida demostrar que Espinal
escribió en verdad esos párrafos y dice, tan sólo, "Me quedo con esa su
columna para Última Hora", antes de descuartizarla a su gusto y
conveniencia.
Es necesario detenerse un segundo para medir esta bellaquería. Si Espinal
escribió esa nota para Ultima Hora, lo más probable es que lo hizo bajo la
dictadura de Banzer. Si la dedicó a "fósiles" y "lo nuevo", sus razones no
pudieron ser las mismas entonces de lo que serían hoy. Las circunstancias
dan diferente sentido a las mismas palabras publicadas en diferentes épocas.
Escribir bajo una dictadura asesina no es lo mismo que hacerlo durante una
etapa democrática, por imperfecta que fuera.
Pero, y aquí viene lo esencial: ¿por qué abusar de Espinal, si el autor de"Año Nuevo, País Nuevo" es un científico, un intelectual de nota, uno de los
pocos "sabios" de nuestro medio? ¿Por qué no decir lo mismo usando sus
propias palabras, si se es autor de varios tomos gordos y abundantes? ¿Por
qué destrozar los párrafos del amigo muerto hace décadas para ilustrar una
idea que fue tal vez peligrosa bajo la dictadura pero es hoy inane y
sencilla, "los fósiles o los nuevos", bajo los vientos que corren?
Sólo hay una respuesta: la idea repelente de colocar a Espinal, el mártir
odiado por la prensa "grande" de Bolivia, bajo el ala de La Razón, heredera
digna y esforzada de esa prensa.
Es ese milagro, hacer aparecer el nombre de Luis Espinal en La Razón, y usar
el nombre, sus ideas, a ese hombre mismo y lo que ese mártir representa,
para "inscribirlo" entre sus enemigos políticos, entre los que le atacaron y
convirtieron su lucha en martirio, los que hoy mismo lo atacan al atacar a
aquellos por los que Espinal murió.
Tal el pecado cometido por el religioso "intelectual" de marras dado a
pespuntear notas sin pies ni cabeza desde que dejó tontos a tirios y
troyanos al decir poco o nada sobre la realidad nacional y nuestros
problemas étnicos después de haberlos estudiado durante décadas.
Es un pecado que dice tanto sobre la calidad moral y ética del autor de "Año
Nuevo, País Nuevo", que nada se puede añadir. Si tal nota hubiera sido
publicada en un país civilizado, su autor sería forzado a huir a las
Filipinas en el próximo avión. Después de todo, hasta las indecencias
infernales deberían conocer un límite. En el reino de la impunidad, sin
embargo, ha pasado desapercibida casi, y quienes hacen vacíos homenajes a"Lucho" con bombos y platillos, dada su densa ignorancia, ni se han dado por
enterados de este insulto vil que intenta disponer su memoria al servicio de
sus enemigos. ¿Qué esperanzas quedan a quienes no saben ni honrar siquiera la memoria de
sus mártires?
LQSomos. Arturo von Vacano. Enero de 2007
Más artículos del autor
|