| Familias trabajadoras: Explotadas y endeudadas Un punto de coincidencia entre marxistas y keynesianos, es que el nivel de desigualdad de los ingresos entre clases sociales, repercute en el consumo y la inversión: Los trabajadores necesariamente gastan casi todos sus ingresos al consumir. Los capitalistas, en cambio, consumen únicamente un pequeño porcentaje de sus ingresos mientras que el porcentaje mayoritario lo dedican a la inversión. Cuando aumentan las desigualdades de una manera desfavorable para las clases trabajadoras, el consumo se restringe y es justamente entonces cuando los capitalistas tienen más posibilidades de invertir.
Pero esta aseveración, aparentemente, durante los últimos años, ha sido desmentida: La disminución del peso de los salarios en la renta nacional, no ha impedido que el ciclo de expansión económica haya estado propulsado prioritariamente por el consumo.
La explicación de esta anomalía, es evidente. Una gran parte de la expansión económica se ha comprado con los salarios cobrados gracias al incremento de la población activa y la otra con la deuda de los consumidores.
Todo esto indica que esta expansión económica ha descansado de nuevo sobre las espaldas de las clases trabajadoras. Ahora, para que la unidad familiar se pueda sostener, son imprescindibles en la mayoría de los casos dos salarios, y este hecho significa entregar a las empresas 16 horas diarias de trabajo, puesto que con 8 es insuficiente. Además, estas mismas familias son las que se han debido endeudar.
Si aceptamos la óptica keynesiana, la expansión económica de los últimos años, incluye otra anomalía: En los ciclos anteriores, al aumentar la demanda, la contratación de trabajo también aumentaba llegándose incluso a una situación de pleno empleo. Esto colocaba en una posición más favorable a los sindicatos y se traducía en importantes incremento de salarios. Pero ahora sólo ha funcionado una parte de la ecuación. Se ha producido, ciertamente un importante incremento de la población activa; pero esto no ha impedido que los salarios se hayan estancado y haya retrocedido su peso en el conjunto de la renta nacional.
La explicación de esta segunda “anomalía” resulta tan evidente como la primera. En este caso, ha de tenerse en cuenta que el capital ha podido maniobrar cómodamente gracias a tres fenómenos. El primero han sido las reservas de mano de obra femenina que se han ido incorporando paulatinamente en el mercado de trabajo. El segundo, la posibilidad prácticamente ilimitada de recurrir a mano de obra inmigrada. Y la tercera, el chantaje de las deslocalizaciones que ha condicionado de una manera especial a los trabajadores mejor organizados.
No disponemos de datos que nos lleven a concluir que la actual acumulación desmesurada y sin precedentes de deudas ocasionará próximamente una crisis económica, aunque esta es una hipótesis a contemplar. Pero no cabe duda de que esto hará que la próxima recesión sea mucho peor y que su efecto sobre las familias trabajadoras sean más calamitosos.
LQSomos. Antoni Puig Solé. Diciembre de 2007
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