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Fidel “Quijote” Como una gota fui de la marea Corría 1952 cuando Cuba, moribunda y maltratada por Fulgencio Batista, vio nacer un movimiento revolucionario que daría qué hablar en el mundo entero. Cuba, tierra con tradición de lucha, encontró al Quijote que la condujo por los caminos mas difíciles a la victoria. Tal vez se abrió la puerta tras el balazo que apagó la vida de Edu ardo Chibás, cuya bandera fue retomada por un, por entonces, joven abogado lleno de fervor por cambiar la suerte del suelo cubano; preocupado y también dolido por la situación atroz en que estaba sumido el pueblo de su país. Embargado de una mística militante y revolucionaria, que jamás se apaga en este Quijote cubano, gestó una revolución sin fin, una revolución de la revolución permanente que levantó al pueblo cubano, que levantó a América Latina, y al mundo le mostró la dolorosa situación cubana. Desde él y por él Cuba reconoce un antes y un después. Sigue luchando, siempre por la vida y por el hombre nuevo, y logra torcer el destino histórico del que cola de ratón termina mordiendo al león. Ese león que los tenía sujetos desde la mentida ayuda independentista que puso el cerrojo con la oprobiosa Enmienda Platt. Sigue luchando por el camino trazado por el Apóstol como un elegido que no bajó jamás los brazos, y empujó con toda su fuerza ese Granma de ideas que cruzó la isla de sur a norte, de oeste a este. Como un huracán. Como el huracán Antonio Maceo, como el huracán Máximo Gómez, como el huracán José Martí, arrasando con toda la corrupción gestada por esa perversa enmienda que condenó al pueblo a la miseria y el atraso. Luchando y creciendo; creciendo y renaciendo en cada batalla. Creciendo, como el gigante que enfrentó al poderoso vecino, el que ya conocía José Martí: “ Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde…. o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima.., Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras” (2) Derribó misiles y construyó escuelas. Alimentó guajiritos y castigó al explotador. Se plantó firme contra los que atentaban contra la grandeza de su tierra. Cultivó azúcar y combatió en la Sierra. Levantó a un país castigado y castigó a los que habían arruinado al país en el que la mayoría vivía de las escasas sobras, descalzos, comían tierra, esas mismas que no tenían tierras para trabajar, ese trabajo que nos da un sentido y un proyecto a nuestra existencia. De esos niños sin educación ni comida, desheredados dentro de la abundancia, olvidados, excluidos, últimos de los últimos, salió la fuerza que lo acompañó en la gesta revolucionaria. Entonces fue Comandante. Y ellos confiaron en él, lo siguieron hasta la victoria, siempre. Como hoy. No hubo Moncadas que lo arredraran. La Historia lo absolvió. Ha venido luchando contra las crueles agresiones imperialistas que van desde el kennedyano ahogo económico que provocó, por una parte, que la mayor parte del pueblo cerrara filas para defender la construcción revolucionaria, pero que, por otra parte, muchos decidieran el camino a las vanas promesas y espejismos de tierras de promisión que no fueron mas que tierras de perdición donde se repetirían las peripecias, frustraciones y carencias. “Bendiciones” del “mundo libre” pero lleno de diferencias y de exclusiones. Bandas de hampones de la CIA intentaron mil veces terminar con él que, incluso, les habló en un inglés acubanado. Afrontó los mas terribles atentados –que se continuaron con Posada Carriles a quien no cesa de denunciar- de índole terrorista, pero que no pudieron con él. Conviene saber: “ Desde finales de 1961 y durante 1962 la CIA organizó la Operación Mongoose , que tenía el objetivo de derrocar la Revolución Cubana , e incluía para lograrlo un plan que pretendía incapacitar a los trabajadores azucareros durante la zafra, mediante el empleo de medios químicos destinados a enfermarlos y mantenerlos alejados del trabajo afectando la producción de su principal industria. El 29 de mayo de 1964 globos de diversos tamaños fueron lanzados desde una gran altura, y se disolvieron al contacto con la tierra dejando una sustancia gelatinosa, similar a la utilizada en caldos de cultivos de bacterias. En 1971, el diario Newsday de Long Island, reveló que un virus procedente del Fort Gulik, en la zona del Canal de Panamá, había sido llevado por un barco pesquero a agentes que operaban contra Cuba. En el libro The Fish is Red, se ratificaba que agentes de la CIA habían introducido en Cuba por primera vez en 1972, el virus de la fiebre porcina como consecuencia del cual más de medio millón de cerdos fueron sacrificados para combatir la epidemia. Entre 1979 y 1981 se introdujeron cuatro destructivas plagas que afectaron seriamente a personas y cultivos vitales para la economía cubana: el dengue hemorrágico y la conjuntivitis hemorrágica, la roya de la caña de azúcar y el moho azul del tabaco. Sólo el dengue hemorrágico que contaminó a miles de personas dejó un saldo de 158 muertos, de ellos 101 niños. En sus primeras siete semanas afectó a 273 404 personas. En 1979 el diario The Washington Post informaba que la CIA tenía un programa contra la agricultura cubana y que desde 1962 los especialistas del pentágono fabricaban agentes biológicos para estos fines. En 1984 y ante un jurado norteamericano, Edu ardo Arocena, líder del grupo terrorista Omega-7, reconoció haber participado en una operación para introducir gérmenes como parte de la guerra biológica contra Cuba” (3) Hoy, este Quijote que ha enfrentado al imperialismo, le ha puesto el pecho a la muerte en tantas batallas, ha sabido construir con fuerza hercúlea una Nación de pie, está dando nuevamente el ejemplo de lo que pueden las ideas, el convencimiento en una causa, la inflexible e indoblegable pasión revolucionaria de la que no cejó un instante. Bien lo dijo Martí: “ Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”. Por tu salud Fidel! Supo la historia de un golpe, (1) Silvio Rodríguez: CASIOPEA (2) Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el Cielo, que van por el aire dormidos engullendo mundos. Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras. No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo. para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados. Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos. Los que se enseñan los puños, como hermanos celosos, que quieren los dos la misma tierra, o el de casa chica, que le tiene envidia al de casa mejor, han de encajar, de modo que sean una, las dos manos. Los que, al amparo de una tradición criminal, cercenaron, con el sable tinto en la sangre de sus mismas venas, la tierra del hermano vencido, del hermano castigado más allá de sus culpas, si no quieren que les llame el pueblo ladrones, devuélvanle sus tierras al hermano. Las deudas del honor no las cobra el honrado en dinero, a tanto por la bofetada. Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según la acaricie el capricho de la luz, o la tundan y talen las tempestades; ilos árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes. (3) http://www.cip.cu/webcip/libros/rev_cubana/historia/agresiones/rev-034.html (4) Silvio Rodríguez: Canción del Elegido |
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La Calle
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| Año V. / | |||||