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La Calle
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| Año V. / | |||||
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Fútbol, guerra civil y “victoria” (I) Cuando ha sonado el pitido inicial de un nuevo mundial de fútbol, el juego más espectacular y multitudinario que vieran los siglos; con la miel azulgrana todavía en el paladar de culès y degustadores de o jogo bonito , parece buen momento para repasar algunos aspectos de la historia y la memoria de esta humana pasión, en la encrucijada de la guerra civil e inicios de la “victoria” franquista. La guerra arrasó las competiciones regulares, destruyó los equipos, convirtió los estadios en centros de detención, enfrentó a directivos, empleados y técnicos; muchos jugadores sustituyeron el estético manejo del cuero y el lucimiento de sus colores deportivos por el frío contacto de la culata de un fúsil y la dramática opción entre los equipos rojos o azules . El fútbol salió perdiendo. Su magia no escapó a las leyes bélicas, ni se sustrajo a las influencias y manejos políticos de los vencedores. En junio de 1936 los seguidores del Madrid (lejos del prepotente “Real” que apadrinara Franco) celebraron en Mestalla, la victoria frente a un Barcelona que venía siendo mes que un club desde los años veinte. Los, Zamora, Quincoces, Lecué, Regueiro… levantaron, frente a los Nogués, Balmanya, Raich, Escolà… la Copa del Presidente de la República. Durante la contienda, el fútbol se redujo, en ambas zonas, a eventos políticos y propagandísticos urdidos por estados mayores y autoridades, que, entre los “nacionales” eran, naturalmente, militares. Es de recordar en el Madrid asediado de 1937, el partido jugado en homenaje a la 21ª Brigada Mixta con jugadores, madrinas, preparador físico y entrenadores saludando a la grada de Chamartín con el puño en alto sobre la sien derecha. Los jugadores-milicianos a tiempo total, eran, tan solo, futbolistas de ocasión. Escenas similares se vivieron en la España de Franco con el saludo fascista, brazo en alto y mano extendida. ¿Sólo eso? Sabemos, que los soldaditos de a pie, lo hemos escuchado por boca de nuestros mayores o leído en algunas novelas y relatos paraban, de cuando en cuando, la guerra, y además de intercambiar papel y tabaco de picadura para liarse unos pitillos, hacían partidillos con una pelota rellena de trapos y periódicos viejos. Patadas a la bola, a las canillas del enemigo. ¿Sucedáneo, tal vez, de los odios ancestrales y las pasionales vendettas ? o simple divertimento. Al parecer, un paréntesis entre tanta brutalidad, la desencadenada, claro, desde julio de 1936 donde la furia exterminadora no reconoció durante meses regla ni límite deportivo alguno. Viejas cuentas fueron saldadas con sangre. Los directivos del Barça pagaron cara, según Carles Santacana, su obsesión por formar parte de un “programa civil i nacional català” . Josep Sunyol, presidente del club y diputado d'Esquerra Republicana, fue fusilado sin formación de causa al ser interceptado en agosto del 36 en el frente del Guadarrama. Las plantillas de los más importantes equipos fueron diezmadas y buena parte de los mejores ases del balón se exiliaron a América poco antes de estallar la “victoria” franquista. José Antonio Vidal Castaño |