|
La Calle
|
| Año V. / | |||||
|
Fútbol, guerra civil y “victoria” (II) El fútbol no se ha situado nunca al margen o por encima de lo que acontece en la sociedad. El campo de juego es además de recinto simbólico (“teatro de los sueños”) espacio publicitario y de agitación política; los clubes sedes empresariales y de tráfico de influencias. El deporte de masas, y el football asociación lo es por definición, no ha sido nunca factor regulador de la pasión doméstica o de la agitación social, sino uno de sus exponentes y síntomas más evidentes. Si el fútbol es “un espejo de los problemas de nuestro tiempo” como afirma Alfred Wahl, debe ser un espejo deformante, aunque atractivo para ciertas multitudes; a veces un quitapenas, otras, un sentimiento perverso que se oculta en el anonimato; odiado por una mayoría de mujeres, amado por muchos escritores: Camus, Kapuscinski, Quiroga, Galeano, Osvaldo Soriano, Delibes, Roa Bastos, Sampedro, Neruda, Cela, Alberti, Joan Brossa, Nabokov, Miguel Hernández, Vázquez Montalbán o Javier Marias, entre otros, le han dedicado alguna página, excepto Borges, brillante excepción que confirma la regla. Pero volvamos a su pasado para entenderlo en su presente. El fútbol era en la Italia fascista de Mussolini un factor de fuerte afirmación nacionalista, como lo fue en la España de Franco, como lo sigue siendo en “ la España plural”. Una Italia ganadora del Mundial de 1928 (sin participación británica) y obligada a parecer una nación más compacta que nunca, hizo valer algo más que su calidad deportiva y volvió a conquistar la Copa Jules Rimet en 1938. Era el tercer año de nuestra guerra civil y las bombas lanzadas desde aviones italianos y alemanes seguían castigando ciudades y pueblos de la España republicana. El 16 de marzo una explosión destruyó la sede social del Futbol Club Barcelona en Consell de Cent. Con las competiciones naturalmente suspendidas, equipos catalanes y valencianos llegaron a disputar una “liga mediterránea”. El 1 de abril de 1939 se oficializaba la “victoria” de Franco y los campos de fútbol, Mestalla entre ellos, serían habilitados como campos de concentración. El fútbol y los toros serían a partir de 1940 las mejores bazas del franquismo para adormecer la voluntad de los vencidos. La Liga se reanudará en 1940. La Copa se llamará hasta 1975 del Generalísimo. El Real Madrid se convertirá en el equipo “nacional” por excelencia, protegido del gobierno y embajador de sus relaciones comerciales con el Este. El régimen modificó el escudo (perdida de dos barras de la senyera) y el nombre del Barça que pasó a llamarse –por poco tiempo- “Club de Fútbol Barcelona” para castigar su carácter poco español –había sido fundado por un suizo- o demasiado catalanista o ambas cosas a la vez. El Valencia Club de Fútbol, reanudó sus actividades y con ellas la vuelta a la “normalidad” del campo de Mestalla. En 1941, el club merengue disputó y ganó su primera final de posguerra frente al Español de Barcelona. Los jugadores saludaron, brazo en alto, como estaba mandao , al Caudillo. El fútbol y la política escenificaron así su mutua dependencia. José Antonio Vidal Castaño |